Ha pasado lo que ya se temía desde hace tiempo. El esqueleto escuálido que quedaba del Vaporcito de El Puerto ha colapsado. Su estructura se ha desmoronado a principios de esta semana. El emblema de esta ciudad ha quedado reducido a un montón de trozos de madera. “Es una pena”, dice Jose María García Flores, presidente de la Asociación Amigos del Vapor, actual propietaria del barco.
El portuense mira los restos del Adriano III una mañana de lluvia y viento marcada por el temporal que ha terminado de derrumbar a este icono. Como él, una mujer se acerca a las vallas de seguridad para hacerle una foto a la embarcación hecha añicos. Este martes, son muchos los portuenses y visitantes que lamentan el estado en el que ha quedado este “barquito pinturero” que recorrió la Bahía entre 1955 y 2011.
Recuerdos a bordo que hoy afloran entre quienes tuvieron la suerte de subir en él o escuchar su mítica bocina. El Vaporcito agonizaba en el paseo fluvial rehabilitado desde hace más de dos años y no es la primera vez que sufre daños por inclemencias meteorológicas.

La Delegación Territorial de Cultura de la Junta, el Ayuntamiento de El Puerto, la Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz (APBC) y la asociación propietaria tratan desde entonces de darle una solución que no ha llegado a tiempo.
Cabe recordar que el Adriano III es un Bien de Interés Cultural (BIC) de propiedad privada que se encuentra ubicado en suelo de la Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz. En un primer momento, la asociación propuso restaurar el barco y convertirlo en museo. Buenas intenciones que no llegaron a ninguna parte por falta de medios.
La última reunión sobre su futuro tuvo lugar en septiembre de 2025. “El objetivo era tomar medidas y que se autorizase que se descataloque como BIC, poder desmontarlo y llevarlo a alguna nave”, comenta Jose María. El trámite estaba iniciado, pero todo quedó ahí.
“Con el temporal, ha llegado a un deterioro tremendo. Podemos dar gracias a Dios que no ha habido ninguna catástrofe, porque si hubiese caído en perpendicular podría haber caído sobre alguien”, dice señalándolo.

El portuense, muy vinculado al Carnaval, explica a lavozdelsur.es que la asociación planteó sacar alguna partida económica para realizar una réplica y colocarla en el lugar donde ahora descansan sus restos.
“Estamos vendiendo que vivimos de la industria del turismo, pues esto sería un atractivo más. Igual que ven la plaza de Toros de El Puerto, pues ver la réplica del vaporcito de la copla de Paco Alba”, dice.
El presidente comparte que la asociación está dispuesta a ceder el barco a quien sea y que tanto solo buscan un final digno. “Nosotros nos hicimos con la propiedad del barco porque el propietario no le daba salida, estaba en standby. No podía volver a navegar, no era viable, pero queríamos que se recordara como tantas ciudades tienen sus barcos como el barco de chanquete o La gabarra de Bilbao”, sostiene.
De momento, está en contacto con las partes implicadas para conocer los pasos a seguir para poder descatalogarlo cuanto antes y retirarlo. En más de una ocasión, la asociación ha aclarado que no cuenta con los medios económicos suficientes para su retirada, pese a las iniciativas que ha llevado a cabo en estos últimos años para recaudar fondos. “Con lo que ha sido el mar para nosotros, que nosotros no podamos tener este barco emblemático. Guardar nuestra cultura…”, dice sin quitar la mirada al vapor.
El Ayuntamiento dice que no puede intervenir
Tras conocer los daños fulminantes del temporal, el Ayuntamiento de El Puerto ha emitido un comunicando lamentando “profundamente” cómo se encuentra. Ha querido recordar que “el Consistorio no ostenta competencias directas de intervención sobre el bien ni sobre su emplazamiento”.

Asegura que desde hace mucho tiempo, viene instando de manera reiterada a todas las partes implicadas a consensuar una solución definitiva que permitiera trasladar, proteger y dignificar los restos del barco.
“Es justo reconocer el esfuerzo realizado en su momento por la asociación propietaria para tratar de recuperar el barco. Sin embargo, diversos factores ajenos a la voluntad de la propiedad —como la pandemia, el estado estructural de la embarcación y la falta de respuesta suficiente a las iniciativas impulsadas— dificultaron alcanzar el objetivo final de su restauración”, detalla.
El Ayuntamiento insiste en que ha colaborado en todo momento dentro del marco legal de sus competencias y continuará haciéndolo. “No podemos actuar directamente sobre bienes privados ni intervenir sin autorización expresa de las administraciones y entidades titulares competentes”, señalan.
Una actuación de emergencia
La Delegación territorial de Cultura de la Junta de Andalucía ha trasladado a este medio que lleva tiempo reclamando a la propiedad que actúe ante la situación de peligro.

Actualmente, existe una colaboración institucional entre esta delegación y la APBC. “Se ha caído y se tiene que actuar de emergencia”, explica esta delegación, que añade que, en colaboración con la APBC, trasladarán los restos a una nave municipal para que los restos queden resguardados.
La APBC lleva “años” trabajando en el traslado
En un comunicado, la Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz ha asegurado que lleva "años" trabajando con todas las partes implicadas.
Según explica, se dan dos condicionantes que han impedido "una solución definitiva hasta la fecha". Por un lado, ser un BIC con "unos legítimos propietarios", que según la Ley 14/2007 de 26 de noviembre del Patrimonio Histórico de Andalucía, "tienen el deber de conservarlos, mantenerlos y custodiarlos, de manera que se garantice la salvaguarda de sus valores".
"No es competencia de la Autoridad Portuaria su traslado ni cuenta con el respaldo legal para hacerlo, dada la existencia de legítimos propietarios", manifiesta.
La APBC requerirá a los legítimos propietarios de la embarcación que lleve a cabo dicho traslado. “En caso de que no lo asuman, podrá actuar de manera subsidiaria y proceder a dicho desplazamiento con la supervisión técnica de la Junta de Andalucía, en aras a la colaboración institucional”, indica.
Mientras tanto, una amarga sensación queda al pasar por delante de este barco tan querido por portuenses y visitantes. Falta de interés, falta de atención, complicaciones burocráticas... Se desconoce. Pero más allá de las culpas, esta es una historia que remueve a las familias que alguna vez pisaron esa madera destrozada.



