El Congreso de los Diputados ha acogido este lunes una jornada de exposición y debate sobre la recuperación de tres históricos humedales, en concreto, Antela, La Nava y La Janda, tres enclaves que fueron desecados en el siglo XX con fines agrarios.
Más de seis décadas después, el diagnóstico es que aquella decisión se considera un “grave error histórico”. Los participantes defendieron que devolver estos espacios a su dinámica natural no solo beneficiaría al medio ambiente, sino que también podría generar empleo, riqueza y fijación de población, además de mejorar la biodiversidad. Durante la jornada, celebrada en Madrid, se puso de manifiesto que las tres lagunas comparten una misma historia. Antonio Aguilera, de la Fundación Savia, explicó que en los casos de Antela (Ourense) y La Nava (Palencia) “el modelo de explotación agraria no ha funcionado para nada”.
En Antela, la laguna está completamente desecada y destinada a cultivo. En La Nava, sin embargo, ya se han recuperado 500 hectáreas naturalizadas de las aproximadamente 4.500 originales, una cifra que continúa creciendo. Y en el caso de La Janda, en Cádiz, este espacio ha evidenciado recientemente su potencial natural tras inundarse hace unas semanas, llegando a comportarse como un auténtico “mar interior”. Sin embargo, esa recuperación fue efímera: el sistema de drenaje instalado hace décadas provoca que el agua se evacúe rápidamente. “Es donde se visualiza que todos los drenajes, los tubos que tienen puestos, pues rápidamente se pierden”, destacando cómo la infraestructura actual impide que el humedal recupere su equilibrio natural.

Aguilera también ha explicado que llevar el caso de La Janda al Congreso ha supuesto un paso clave: “Se visibiliza, se traslada el problema como que es colectivo”, alejándolo de una cuestión local para situarlo en el ámbito estatal, donde existen competencias para impulsar cambios legales y responder también a las exigencias europeas de restauración de humedales.
Durante el encuentro, se puso de manifiesto que el modelo agrario que justificó la desecación no ha cumplido las expectativas. “No es un progreso colectivo”, ha advertido Aguilera, quien apunta que la riqueza se concentra en pocos actores mientras persisten problemas como la despoblación o el envejecimiento en los territorios afectados. Además, se planteó la posibilidad de avanzar hacia la personalidad jurídica de estas lagunas, siguiendo el precedente del Mar Menor, una vía que podría marcar un antes y un después en su protección.
Desde Cádiz, más de una veintena de personas y varias organizaciones acudieron para defender La Janda, en lo que se ha descrito como uno de los movimientos más activos. Mientras el Ministerio estudia un análisis socioeconómico para la restauración, la Junta de Andalucía ha expresado su rechazo, llegando incluso —según se expuso en el Congreso— a no reconocer este espacio como humedal. La jornada concluyó con una idea compartida: España sigue arrastrando decisiones de hace décadas, pero ahora existe una oportunidad real de revertirlas.





