Londres y Madrid acordaron derribar físicamente la Verja de Gibraltar: diez puntos para entender el acuerdo post Brexit

La firma del pasado 31 de diciembre tiene un carácter de preacuerdo y todo deberá pasar por un Tratado, el documento legal que obliga a los estados en el derecho internacional

Boris Johnson y Fabian Picardo, primer ministro de Reino Unido y y ministro principal de Gibraltar, en una imagen de archivo.
Boris Johnson y Fabian Picardo, primer ministro de Reino Unido y y ministro principal de Gibraltar, en una imagen de archivo.

El acuerdo alcanzado entre España y Reino Unido sobre Gibraltar, que también implica a la Unión Europea y al propio Gobierno de la Roca, pone fecha de caducidad a la Verja, la frontera física entre los dos territorios. GIbraltar, en manos británicas desde el siglo XVIII, sigue siendo, oficialmente, reclamado por España, en base a las declaraciones de la ONU sobre colonias, y reclamando, al menos, un acuerdo para poner fin a la disputa. En los años en los que ambos países han estado en el foro común de la Unión Europea y han sido, en base a la organización internacional de mayor cesión de competencias de los estados, aliados al máximo nivel, apenas se han producido avances.

La paradoja es que ha sido en la recta final de esa unión, cuando se hacía oficial el Brexit, el momento en el que más se ha avanzado para acercar Gibraltar a España. El miedo era que los logros conseguidos en la UE se perdieran, así que había que crear una nueva fórnula más allá de la Unión. Si ésta implicaba que las fronteras fueran blandas, ahora, ante el miedo de que fueran duras y aislaran a los gibraltareños, contrarios al Brexit mayoritariamente, de La Línea. Cuestiones como el abastecimiento de productos, en pleno contexto de Brexit y crisis sanitaria, era real, además de perder la importante influencia financiera entre españoles, que a menudo domicilian sus sociedades en aquel territorio. Poner trabas a ello era un riesgo donde Reino Unido tenía tanto o más que perder que España, que también sufriría un aumento del desempleo en una de sus ciudades más afectadas, La Línea.

Por lo tanto, ese fue el caldo de cultivo de un acuerdo histórico. El País ha tenido acceso al documento del acuerdo firmado entre Madrid y Londres y asentido por las otras dos partes implicadas, UE y Gibraltar. Todo está a falta de un acuerdo de desarrollo que convierta el texto en un Tratado, la figura legal que obliga realmente a estados y organizaciones internacionales. El actual es una especie de contrato en favor de la estabilidad. El problema ha partido, principalmente, de que Bruselas y Londres han ido alargando durante años las negociaciones hasta que finalmente se dio luz verde a que fuera cada país el que llegase a acuerdos en asunto que les competieran de forma concreta.

Así, el documento, de apenas ocho páginas, recoge en 25 puntos y tres anexos el marco de trabajo para el futuro Tratado, cerrando varios de los asuntos más controvertidos.

  1. Las reclamaciuones de soberanía sobre Gibraltar no quedan modificadas por este acuerdo ni su posterior desarrollo.
  2. España será responsable de la implementación de Shengen, el acuerdo europeo al que se acoge Gibraltarar para facilitar la movilidad, del que también forma parte, por ejemplo, en la práctica, El Vaticano, sin ser UE La entrada de personas en Gibraltar podrá estar condicionada por España, con vigilancia conjunta del entorno por mar. El permiso de residencia corto, de 90 días, valdrá solo para Gibraltar cuando se le pida al Peñón, no para residir en España. Es una versión más libre de Shengen.
  3. . Habrá un mecanismo de resolución de disputas sobre Schengen, con cooperación entre las autoridades españolas y gibraltareñas, con el fin de que se reporten entradas y salidas de personas, en una operación conjunta por cuatro años para su implementación.
  4. La destrucción física de la Verja para facilitar la movilidad de bienes, obligando a Gibraltar a aplicar los mismos tributos y obligaciones de los tratados europeos, tratando de evitar las llamadas doble imposiciones (que un mismo producto no pague dos veces el mismo impuesto en su versión británica y en su versión eurpoea). Además, se reforzará el control en ambos territorios de entradas y salidas (controles en La Línea, por ejemplo).
  5. Los controles, con los métodos europeos, se realiarán en el aeropuerto de Gibraltar, no en la frontera entre España y Gibraltar.
  6. Implementación de impuestos especiales a productos denominados sensibles en el preacuerdo: tabaco, alcohol o carburantes).
  7. Cruce de datos sobre los datos sociales de los trabajadores transnacionales, que también tendrán un estatuto propio, y que tendrán igualdad de trato con el resto de empleados, obligatoriamente, al menos desde un punto de vista burocrático -no se les puede obligar, por ser del otro país, a pagar más impuestos, por ejemplo. aceptando también que se vaya con libertad a buscar empleo-.
  8. Ayudas para la cohesión en ambos territorios, para lo cual la UE debe dar siempre su visto bueno, pues cualquier elemento de bajada de impuestos en una zona concreta puede ser considerada, si no se justifica en el actual contexto de integración europea, como una ayuda que vaya en contra del espíritu de igualdad en el mercado continental.
  9. El derecho de asilo (reufugiados políticos o humanitarios, por ejemplo) aplicará independientemente para cada territorio, y no implicará al otro.
  10. El Reino Unidó tendrá un rol de observador en la Comisión creada al efecto, participando en los cruces de datos sobre bienes o personas.

Hay que recalcar que los tiempos verbales del acuerdo están en condicional o en futuro: "Se propondrá", "será posible", o "comunicará" son algunos de los verbos empleados. Es decir, es posible un cambio. Pero el acuerdo existe e implica cambios y acercamientos que no se han producido en estas últimas décadas. Un acuerdo histórico al que le falta el necesario desarrollo. Será entonces cuando, al fin, Gibraltar superará el Brexit. 

 

 

Sobre el autor:

Pablo Fdez. Quintanilla

Licenciado en Periodismo y Máster en Comunicación Institucional y Política por la Universidad de Sevilla. Comencé mi trayectoria periodística en cabeceras de Grupo Joly y he trabajado como responsable de contenidos y redes sociales en un departamento de marketing antes de volver a la prensa digital en lavozdelsur.es.

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