Urbanismo, dispuesto a expropiar el Gallo Azul si no culminan sus obras

El empresario malagueño Gonzalo Assiego lleva desde finales de 2017 dándole vueltas al icónico edificio, pero su proyecto hostelero no termina de despegar

El Gallo Azul, cerrado a cal y canto desde finales de 2017.
El Gallo Azul, cerrado a cal y canto desde finales de 2017. MANU GARCÍA

Después de más de cuatro años cerrado, el emblemático Gallo Azul, que adquirió a finales de 2017 el empresario malagueño Gonzalo Assiego junto a otros negocios clausurados de la ciudad como el Tendido 6 o la nave del antiguo concesionario Colansa, sigue con puertas y ventanas cerradas a cal y canto. Primero fueron meses de problemas con las licencias para instalar un ascensor, luego las obras, y más tarde, el estallido de una pandemia que no ha facilitado precisamente las cosas al promotor de lo que iba a ser un restaurante en tres plantas con terraza chill out

La imagen, en pleno centro de la ciudad, es pésima. Desde hace meses el icónico edificio luce cierres con tablones en los vanos de sus balcones y nadie sabe exactamente si en algún momento volverá a la vida. La Delegación Municipal de Urbanismo, a la que el empresario malagueño presionó sobremanera para desbloquear los problemas de accesibilidad que su modelo de negocio tenía en este edificio, se ha cansado de esperar.

"Al Ayuntamiento como a los ciudadanos se nos está acabando la paciencia ante la paralización de las obras de rehabilitación de este símbolo de la ciudad", escribía este pasado domingo en su muro de Facebook el delegado municipal del ramo José Antonio Díaz.

En este sentido, también explicaba que se ha iniciado la caducidad de la licencia. "Una vez sea firme, se incluirá en registro de solares, y si no se cumple los deberes urbanísticos, se someterá a la venta forzosa del Gallo Azul para que así un nuevo propietario recupere su esplendor".

De esta manera, Díaz está dispuesto a activar los mecanismos de expropiación y entrada en el registro de solares, muy activo desde hace unos meses tras años de inactivdad, para conseguir alguien que sí sea capaz de sacar del pozo del olvido a un símbolo de la ciudad que lleva ya demasiado tiempo clausurado.

El acuerdo para el traspaso del negocio se produjo en diciembre de 2016 con el empresario hostelero Carmelo López, quien regentaba la propiedad del inmueble de Aníbal González junto a otros socios. Además, en enero de 2018 Assiego también se ha apoderó de las llaves de dos locales en Pescadería Vieja: el antiguo establecimiento de El Bichero —el único que ha puesto en servicio— y Kapote.

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