Ana, víctima de violencia de género, asiste a la concentración convocada por el Consejo Local de la Mujer para concienciar sobre esta lacra, acto que tendrá lugar el último lunes de cada mes. 

En zapatillas, a las cuatro de la madrugada escapó de casa. Huía para evitar ser un número más, otra de esas mujeres que mueren a manos de sus parejas o exparejas víctimas del terrorismo de la violencia de género. Tras quince años de convivencia y diez sufriendo maltratos puso punto y final a esa tortura. Este lunes, 28 de marzo, a muchos kilómetros de distancia del que fuera su hogar, asiste en la plaza del Arenal a la concentración convocada por el Consejo Local de la Mujer, acto que tendrá lugar cada lunes último de  mes con el fin de "incidir en la concienciación social y mostrar el firme compromiso con la erradicación de esta lacra social".

Ana –nombre ficticio- se emociona en el acto. “A mí esto me hace revivir lo pasado”. A ella, como le sucede a casi todas, nunca pensó que llegaría a soportar continuas agresiones de su pareja. “Yo oía a otras mujeres y jamás creía que sería una de ellas, yo decía que eso no lo aguantaría”, y al final, no sabe si por dependencia o ciega de amor, acabó siendo una más. “Siempre pensaba que iba a cambiar, pero llegué a temer por mi vida. Imagínate, si salí corriendo de madrugada...”.

El caso de Ana es un claro ejemplo de que se puede “salir viva”. Escapó una Navidad, hace tres años y vino a Jerez donde tenía a un familiar. Durante un mes estuvo “refugiada” en su casa. “No tenía ni qué ponerme; después me puse en contacto con el Casa de las Mujeres". Y desde entonces está en manos de los psicólogos. Echa de menos y necesita trabajar. Ahora solo tengo 420 euros de ayuda y paga más de 300 de alquiler. Reconoce que vive gracias a la ayuda de sus padres y de otros familiares. “Antes trabajaba en el servicio de ayuda a domicilio, de camarera de pisos… aquí todavía no he encontrado nada”.

“Pero tienes a la asociación”, prorrumpe otra de las asistentes a la concentración que le acompaña. Se refiere a la asociación de mujeres La Marquesa y a la federación La Voz de las Mujeres con cuyas componentes pasa parte del día y realiza diferentes actividades. Son su apoyo. Otra compañera le anima: “¿Te acuerdas de cómo llegaste aquí? Si eres la alegría de la huerta”. Obviamente su vida ha cambiado, no lo niega. Ahora vive en otro mundo, duerme tranquila. “Sí, soy muy optimista, pero de solo de optimismo no se vive”, afirma Ana a sus más que bien llevados 57 años.

En la penumbra de la retaguardia, con cuidado de no ser identificada porque acaba de “caducar” la orden de alejamiento, Ana junto a los diferentes colectivos de la ciudad reivindica el fin de esta lacra este y los últimos lunes de cada mes. Piden una vez más que se legisle para que los asesinos sean castigados y para evitar la muerte de más mujeres. Aunque no se olvida de dar las gracias a los agentes de la Policía Nacional, por el seguimiento y la protección que le han proporcionado en este tiempo.

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María Luisa Parra

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