Música, historia, astronomía, sociedad. El Aulario del Campus de Jerez de la Universidad de Cádiz se llena tres días a la semana de personas con inquietud. Jóvenes con la mayoría de edad recién cumplida se cruzan con mujeres y hombres de más de 65 años que los lunes, miércoles y jueves, dedican dos horas a seguir aprendiendo.
El Aula de Mayores de la UCA confirma que la edad no es una limitación. Solo hacen falta ganas para seguir desgranando el mundo y aprendiendo. En los cinco cursos que presenta, el alumnado atiende en distintas asignaturas impartidas tanto por profesores universitarios como profesionales de empresas. Cada una es libre de tomar apuntes y muchas personas aportan datos que ya conocen o que ha buscado.
Aquí no hay trabajos ni exámenes, pero sí una amplia oferta de actividades complementarias que existe gracias a la labor de la Asociación Aula de Mayores. En Jerez, esta institución cumple 20 años organizando excursiones, talleres o conferencias de todo tipo.

Los estudiantes del Aula, más de 200 entre los cinco cursos, tienen la oportunidad no solo de empaparse de conocimientos en clases sino también de salir al exterior y conocer el patrimonio y la historia de su provincia. “Tenemos la surte de tener todas las ventajas de ser alumno, pero ninguna obligación”, dice Juan Martín Pruaño, jerezano de 70 años que ya completó los cinco años del plan de estudios.
Cuando se prejubiló tras haber sido empleado de la Caja de Ahorros de Jerez, decidió apuntarse. “Me fascinó. Hay cosas que desconocemos y lo que no conoces no puedes amarlo, no puedes quererlo y no puedes estar orgulloso de ello, y tenemos una historia tremenda”, expresa Juan, que siempre ha sido una persona inquieta, que ha sido presidente del comité del Club Nazaret o directivo del Ateneo de Jerez.
Al finalizar, el jerezano quiso continuar en este mundillo y se encargó de la continuidad de la asociación Aula de Mayores, en la que es presidente. La salvó de su desaparición. “La junta quería dimitir. Cuando convocaron elecciones no se presentó nadie, y me llamaron diciendo que si nadie lo hacía, desaparecía”, explica a lavozdelsur.es.

Ante esta situación, se puso manos a la obra, reunió un equipo de trabajo del que está orgulloso, y comenzó a trabajar para seguir promoviendo el conocimiento fuera de las aulas. “Nos propusimos conocer nuestras instituciones, nuestro patrimonio, nuestra historia, nuestro entorno, potenciar el crecimiento personal y fomentar los valores”, sostiene el presidente, que destaca, además de la formación, la comunicación intergeneracional o el uso de las nuevas tecnologías.
Desde entonces, continúa organizando conferencias, tertulias, homenajes, convivencias, visitas culturales, cursos de fotografía, exposiciones y mucho más. Intentando que sea a un coste reducido o gratuito. Los miembros de la asociación, formada por alumnos y alumnas, se llevan todo el año buscando actividades que frecuentemente cuelgan el cartel de aforo completo. A veces, incluso repiten visitas por la gran demanda.
Los mayores exploran el Monasterio de la Cartuja, van de excursión a Ubrique o visitan la fragata Numancia en la Base Naval de Rota. También asisten a conferencias culturales y de bienestar. Por ejemplo, el doctor cirujano Mario Gener les habló de la apnea y el ronquido en las personas mayores; y la médica Antonia Asencio, sobre la sexualidad en la tercera edad.

Ha sido representante de visitas médicas y farmacia, ha viajado mucho por su trabajo, pero nunca había vivido una etapa universitaria. “En cuanto me prejubilé, ya estaba buscando dónde podía seguir mi vida, no me podía encerrar en mi casa”, expresa.
Así, hace tres años, se apuntó a esta opción de la UCA que “fue un gran descubrimiento”. “Yo creo firmemente que la cultura no tiene edad. Y compartir conocimiento es una forma de mantenernos activos y conectados con la sociedad”, sostiene María de la Fe, que anima a adentrarse en esta experiencia y a probar las actividades que prepara con entusiasmo.


Ella la disfruta junto a su marido, al que también le picó el gusanillo. Le llamaba la atención todo lo que ella le contaba, pero no terminaba de inscribirse hasta este momento. “Yo nunca había estado en la universidad. Cuando vengo aquí, flipo en colores, es una maravilla”, comenta José Núñez, jerezano de 73 años que ha ejercido durante años como director comercial.
En las clases se reflexiona sobre inmigración, arqueología o nutrición. “Cuando me siento aquí, me encuentro en otro mundo. Antiguamente los colegios eran de niños o de niñas, aquí hay clases mixtas, patios, cafetería, es impresionante”, dice.
En esas sillas también se sienta Maripaz Núñez, jerezana de 68 años que aprovechó el tiempo que le brindaba su jubilación para hacer cosas que antes no podía. “He sido maestra de Primaria y me gusta mucho aprender”, comenta la docente, que ya conocía la existencia de este Aula porque su marido y otros familiares asistían.


“Tengo amigas que están solas y, para ellas, es muy enriquecedor venir porque conocen gente, hacen grupos y comparten muchas cosas. Te aporta mucho, no solamente de mantener tu mente en activo y la curiosidad de aprender cosas nuevas, sino también el conocer a otras personas y otras realidades”, expresa.
El primer plan de voluntariado
La asociación lleva tres años trabajando en un proyecto pionero que promueve el voluntariado entre los estudiantes del Aula. Tienen la oportunidad de poder colaborar con entidades sociales de Jerez como Proyecto Hombre, Madre Coraje, Cáritas o Calor en la Noche.
“Ser solidario te hace sentirte más útil, te da satisfacción, te hace sentirte con capacidad todavía. No solamente es que tú aportas con tu granito de arena sino también todo lo que te reporta a ti”, explica Maripaz, encargada del plan de voluntariado presentado en noviembre.

Esta iniciativa nació durante el desarrollo de la asignatura Marketing no lucrativo que imparte Araceli Galiano en el grado de Marketing e investigación de mercados. “Las personas mayores son un reto estructural de la Unión Europea. Los estudiantes vieron cómo se podía proponer e hicimos una investigación que presentamos en un congreso y premiaron la ponencia”, detalla Araceli, también subdirectora y docente del Aula de Mayores en Jerez.
Para ella, es muy gratificante colaborar con estos estudiantes que la motivan. “Son personas preparadas que han sido directores, maestros, de todo. Nos aportan mucho porque tienen ese grado de participación que nos cuesta con los alumnos más jóvenes... también lanzan ideas”, explica. Una oportunidad para sentirse universitarios y extraer los beneficios de una etapa que, por distintas circunstancias, nunca pudieron vivir.


