Hace mucho tiempo que las camareras de piso tomaron la palabra para denunciar una realidad que, aseguran, permanece oculta tras las puertas de los hoteles. Bajo el lema Vivir para trabajar hasta rompernos, la Plataforma por las Camareras de Piso se presenta como la voz de quienes limpian “lo que nadie quiere ver” y sostienen con su cuerpo el “milagro” del turismo español.
En su manifiesto, el colectivo se define de forma rotunda: “Somos las grandes olvidadas”. Con esa declaración, las trabajadoras sitúan en el centro del 1 de Mayo una denuncia directa contra la precariedad laboral, los ritmos de trabajo extremos, la externalización, la falta de reconocimiento de enfermedades y el abandono que dicen sufrir por parte de sindicatos e instituciones.
Ritmos imposibles, cuerpos rotos y enfermedades que no se reconocen
La plataforma denuncia que a muchas camareras de piso se les imponen cargas de trabajo que consideran inasumibles: 25, 30 o 40 habitaciones por turno, en jornadas cronometradas, vigiladas y, en muchos casos, externalizadas a empresas multiservicios. Según el manifiesto, estas empresas pagan el SMI mientras las trabajadoras dejan “la espalda, las muñecas, las rodillas” en el desempeño diario de su labor.
El texto describe una rutina física extrema: carros de hasta 100 kilos, colchones que levantar y cuerpos que se doblan “300 veces al día”. La denuncia no se limita al esfuerzo, sino también a lo que ocurre cuando aparecen las lesiones. “Y cuando el cuerpo dice basta, la mutua dice ‘no es laboral’”, recoge el manifiesto, en una de las frases más duras del documento.

Las trabajadoras también señalan los horarios como una forma de desgaste invisible. Afirman que entran cuando sus hijos duermen y salen cuando ya se han acostado, que trabajan fines de semana, festivos y Navidades, y que la conciliación es para ellas “un lujo” que no pueden permitirse. El resultado, aseguran, es volver a casa rendidas, sin tiempo ni fuerzas para ser madres, hijas, amigas o mujeres.
El manifiesto dibuja esa vuelta a casa con una imagen especialmente dura: llegar sin más deseo que taparse la cabeza y tumbarse hasta que vuelva a sonar el despertador. Y, al día siguiente, regresar al hotel “a base de ibuprofeno, relajantes y antiinflamatorios”, una frase con la que la plataforma resume el impacto físico y emocional de una rutina que consideran insostenible.
“Esto no es trabajo: es esclavitud moderna”
La Plataforma por las Camareras de Piso también denuncia lo que considera abandono sindical e institucional. En el texto se preguntan dónde están quienes deberían defenderlas cuando se externalizan sus puestos, cuando se les niega una incapacidad o cuando la Inspección de Trabajo no entra en hoteles de cinco estrellas. Aseguran haberse sentido solas negociando convenios que, según dicen, nunca se cumplen.
Esa soledad, añaden, también aparece en los pasillos de la Seguridad Social, donde afirman pelear por enfermedades que la ley no reconoce en su caso: túnel carpiano, hernias, lumbalgias crónicas o síndrome del burnout. El manifiesto llega a denunciar situaciones de especial dureza, como trabajadoras que, incluso con cáncer, reciben el alta para volver a empujar el carro.

El documento carga además contra un modelo turístico que, según la plataforma, se sostiene sobre el desgaste de estas mujeres.
Mientras España presume de PIB turístico, los empresarios de ocupación récord y los políticos de “motor económico”, ellas responden que ese motor son las camareras de piso: mujeres, muchas migrantes y muchas mayores de 50 años, convertidas en mano de obra barata para alimentar la riqueza de otros.

“Esto no es trabajo: es explotación. No es empleo: es esclavitud moderna”, afirma el manifiesto. La plataforma sostiene que este modelo convierte a las camareras de piso en enfermas crónicas mucho antes de los 67 años y, por eso, reclama medidas concretas: cargas de trabajo dignas, medición real de tiempos, limitación de habitaciones por jornada y el fin de los destajos encubiertos.
Una reivindicación unánime
Entre sus exigencias también figuran el reconocimiento de enfermedades profesionales, con la inclusión de trastornos musculoesqueléticos y psicosociales en el cuadro de enfermedades de las camareras de piso; el fin de la externalización, para que formen parte de la plantilla del hotel con el mismo convenio y salario; inspecciones reales con sanciones; jubilación anticipada por penosidad y apoyo sindical efectivo en los centros de trabajo.
El cierre del manifiesto es una llamada directa a sus compañeras. “Nos han querido invisibles. Nos han querido calladas. Nos han querido sumisas detrás de la puerta de la habitación. Hoy decimos basta”, proclaman.
Y concluyen con un mensaje que busca convertirse en consigna este 1 de Mayo: “Este 1 de mayo no felicitamos. Este 1 de mayo luchamos. Por nosotras. Por las que vinieron antes. Por las que vendrán. Las grandes olvidadas hemos despertado.”
La plataforma pide que el manifiesto se difunda ampliamente para defender a las camareras de piso y denunciar la precariedad laboral de las mujeres que sufren violencia laboral. En ese marco, recuerdan que la celebración del 8M tuvo como antecedente la violencia laboral ejercida sobre mujeres de una fábrica textil en EEUU a la que prendieron fuego con ellas dentro. Su última frase resume el espíritu de la denuncia: “Ni una camarera de piso más enferma, sola y explotada”.



