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La plaza del Caballo acogió este mediodía una concentración para reivindicar el derecho a la vida y el no al aborto. En la cita, a la que acudieron unas 300 personas de diferentes asociaciones pro vida, se aprovechó para criticar al PP por no haber derogado la anterior ley socialista, a pesar de que hace ya tres años que anunció a su electorado que la reforma.

Los ánimos entre algunos de los presentes estaban más que caldeados, con gritos de "¡Con mi voto no!" y "¡Sí a la vida!" Begoña Huerta, profesional y responsable de una organización que trabaja para ayudar a mujeres embarazadas con dificultades señalaba que "es una barbaridad que esta ley se deje en el cajón. Ahora mismo más del 92% de las mujeres se ven obligadas a abortar por falta de ayuda, lo hacen sin querer hacerlo, presionadas por el entorno familiar y por la presión. Me parece un crimen que se trafique con el sufrimiento de tantas mujeres por un puñado de votos”.

Rogelio Gómez, portavoz de los diferentes colectivos concentrados esta mañana, señaló que "aunque creemos que todo el tema del aborto y el drama que lo rodea es algo que va más allá de los temas religiosos o políticos, en este caso parece lógico que se exija el cumplimiento del programa electoral al que se comprometió hace tres años el Partido Popular".

"Aunque creemos que todo el tema del aborto y el drama que lo rodea es algo que va más allá de los temas religiosos o políticos, en este caso parece lógico que se exija el cumplimiento del programa electoral del PP"

Como era de esperar, tras la decisión del ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, de dejar en el limbo la reforma de la ley del aborto ante asuntos que considera más importantes ahora mismo, como el desafío soberanista en Cataluña -o, quizás, ante las cada vez más cercanas elecciones-, ningún miembro del gobierno municipal acudió a la cita, a pesar de que durante el gobierno socialista, María José García-Pelayo y sus compañeros de partido se jactaban de criticar la ley promovida por Rodríguez Zapatero y Bibíana Aído, precisamente en actos como el de hoy.

Es más, hace unos días, la plataforma Derecho a Vivir, denunciaba que con Mariano Rajoy como presidente del Gobierno la media de abortos al año alcanza los 112.390, muy por encima de los que se practicaban con Zapatero, Aznar y González al poder. Ante estos datos, no es de extrañar que la concentración jerezana fuera sólo una de las 62 que se han organizado en toda España para denunciar la política del PP ante el aborto, siendo la de Madrid, con una manifestación, la más numerosa. La misma ha acabado ante el Ministerio de Justicia con el electorado popular tildando como "traidor" a Rajoy y prometiendo dejar de votar al partido si no deroga la ley.

En la ciudad, la plataforma Derecho a decidir reivindica todo lo contrario, la potestad de las mujeres para "decidir sobre su propio cuerpo". La reforma del ministro Gallardón, que ha quedado en stand by, supone para esta plataforma un peligro para la salud de las mujeres, ya que la actual “es la que más se asemeja al resto de Europa” y “no aumenta el número de abortos, sino que garantiza que se haga en las condiciones sanitarias necesarias”, según Juana Cla, una de las integrantes de la organización.

"La única salida que no existe es el aborto"

“Siempre hay una salida. La única que no existe es el aborto, porque a nivel emocional te deja destrozada. Cada día que pasa me alegro más de haber tenido a mi niño, y yo le digo a las madres que hay salida, que le den la oportunidad a sus hijos de vivir y de realizarse”. Son palabras de Sara Galán, de 29 años, hablando de su segundo hijo, Ángel, de ocho meses. Su primero, Antonio, de dos años y medio, nació con parálisis cerebral parcial y epilepsia fármaco resistente, mientras que el segundo es un niño completamente sano.

Sara fue una de las personas que acudió a la concentración para dar su testimonio a los presentes. Así, señaló que tras el nacimiento de Antonio, y después de un año acompañándolo prácticamente todos los días en la UCI, se quedó embarazada de su segundo hijo. No fue buscado. “Se me vino el mundo encima porque tanto mi marido como yo habíamos perdido nuestro trabajo, teníamos pocos recursos para tratar a Antonio y la verdad es que el embarazo fue malísimo, porque psicológicamente tampoco estaba preparada para tener otro niño”, cuenta la joven. Eso, y el hecho de que en ese momento la enfermedad de su hijo no estuviera diagnosticada –“no sabíamos aún si era genético o no”– lo que conllevó a que “todo el mundo me dijera que abortara: médicos, servicios sociales y parte de mi familia y amigos”.

“Yo tenía hasta la fecha para ir a abortar, porque desde los Servicios Sociales me la habían dado, pero en el último momento dije que no”, afirma Sara. En su decisión fueron fundamentales “el apoyo de mi marido, el de mi madre y el de Red Madre”, entidad que trabaja atendiendo a aquellas mujeres embarazadas con dificultades.

Begoña Huerta, profesional que se dedica a tratar con mujeres embarazadas con problemas, por su parte, habló del llamado “síndrome post aborto” y de las “mujeres silenciadas”, aquellas que cuando pasan por un aborto provocado, su entorno le dice que pase página. “De esa manera se tragan su sufrimiento, se lo quedan dentro y les destroza a lo largo de los años”.

Por su experiencia profesional, Huerta habla de aquellos casos en los que se suelen justificar los abortos, como las violaciones o las enfermedades. En cuanto al primero, afirma que “el argumento que se suele dar es que ese niño recordaría siempre la violación, pero si hablas con una mujer violada, te dice que una violación no se olvida, que te vas a acordar todos los días de tu vida, y abortar un niño de una violación es añadir un trauma a otro trauma. Y eso te lo dicen mujeres que han pasado por eso, a las que no se les da voz”. En el caso de las malformaciones, pone el ejemplo de Sara. “Todo el mundo le decía que abortara, porque no sabían si era algo genético, y tuvo la valentía de seguir adelante, y ahí está Ángel, que es un niño guapísimo y sanísimo. Ningún médico puede dar un 100% de probabilidad en el embarazo de que el niño venga mal. Y al fin y al cabo, si un niño viene mal, es mejor dejar a la naturaleza que siga su proceso. Cortar ese proceso, psicológicamente a las madres siempre les afecta mucho más”.

Y es que, según Begoña, "cuando hablan de si a partir de x meses o semanas hay o no vida, sinceramente da igual. Desde el momento de la concepción, cuando una mujer se queda embarazada, piensa en su hijo, no piensa en su cigoto, en su embrión, ya para ella es su hijo, y cuando va a abortar es absolutamente consciente de que entran dos personas en el centro abortista y que sale una, y que eso que queda atrás es la tumba de su hijo".

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