"Plaza Belén es imprescindible, pero no servirá de nada si no hay acciones paralelas"

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El arquitecto Manuel Collado, técnico de la delegación municipal de Urbanismo, repasa en una conferencia los últimos 37 años de intervenciones, buenas y desafortunadas, en el centro histórico. 

Imagine un monumento de un caballo de proporciones enormes en la rotonda de Cuatro Caminos, en el que cualquiera pudiera acceder a él al estilo de la neoyorkina Estatua de la Libertad y con coches, autobuses y motos circulando bajo suya. ¿Sería extraño, verdad? Pues, aunque parece mentira, pudo haberse convertido en realidad. El proyecto, del escultor Víctor Ochoa —el autor del monumento a Lola Flores o el del Minotauro— pasó por Urbanismo y encontró incluso simpatía en la persona de su antiguo delegado, Pedro Pacheco. Afortunadamente, semejante mamotreto no se llevó a cabo, aunque sí acabara levantándose el inmenso bloque de pisos que para el entorno de la Ermita de Guía se había proyectado, “el peor de los cuatro presentados”, afirma Manuel Collado Moreno, arquitecto, master en Patrimonio, director de la Oficina de Rehabilitación del Casco Histórico durante cuatro años y actual técnico en la delegación municipal de Urbanismo.

Collado tuvo el placer de abrir el ciclo de conferencias ‘La Ruina del Mes’, organizada por la asociación de vecinos del Centro Histórico, con una ponencia titulada ‘La no intervención en el Centro Histórico: una visión desde las trincheras’. Él, mejor que nadie debido a su dilatada experiencia municipal, pudo ahondar en el porqué el centro se ha degradado hasta el extremo en el que se encuentra ahora mismo. De hecho, su arranque fue toda una declaración de intenciones: “La política es el arte de esquivar sistemáticamente la resolución de los problemas”. Ahí ya empezó poniendo el dedo en la llega y retratando a los verdaderos culpables de la situación actual.

Sin embargo, como analizó, no todo el trabajo que se hizo en Jerez, en lo que respecta al centro histórico, fue siempre deficiente. Collado hizo dos divisiones, desde 1979, año en el que se conforma el primer Ayuntamiento democrático de Jerez, hasta 2002, fecha en la que se produce “un enorme punto de inflexión”, y desde 2002 a la época actual.

De esos primeros años, con un joven Pedro Pacheco en la alcaldía, destaca que lo primero que hizo la corporación municipal fue revisar el Plan General, del que se hicieron dos modificaciones para, entre otras cosas, modificar el recinto intramuros, que se acaba declarando Bien de Interés Cultural. Hasta entonces se habían suspendido licencias, pero una vez protegidos los edificios gracias a la catalogación BIC, se volvieron a conceder. “Por entonces no se hicieron mal las cosas”, consideró Collado hablando de este primer periodo. Ya, prosiguió, en los primeros años de los 80 se produjo un proceso de infraestructuras y reurbanización de intramuros. “En 1983 acaba el Plan General y nos encontramos un intramuros reurbanizado y se crea entonces la Gerencia Municipal de Urbanismo (GMU).Ya en la segunda legislatura de Pacheco se inicia un proceso de dotación, con servicios y equipamientos. Entre otras cosas se rehabilitan el edificio de Los Arcos, de la plaza del Arenal, así como el del actual Consistorio, que se inauguran a finales de los 80 y principios de los 90, respectivamente. Además surge una estrategia interna: se concentran las intervenciones mirando a intramuros, desde Chancillería a la plaza del Mercado, para recuperar esos fragmentos de la ciudad, interviniéndose igualmente en muchas viviendas. “Era una época en la que la filosofía era la planificación, el equipamiento y la dotación, pero no fue suficiente”.

De 1991 a 1995 se inicia “otro ciclo bastante bueno”, según considera el arquitecto. Nace un nuevo Plan General, “que tuvo cosas interesantes como el redescubrimiento de la muralla y la revalorización de las bodegas” —por entonces muchas se cerraron y quedaron en desuso ante la crisis del sector—, y el primer Plan Estratégico de la Ciudad. “Eso nos hizo dar un paso más”. En cuanto a lo más negativo, según Collado, “la ejecución cutre que se hizo en algunas viviendas” y el Plan Especial Belén-Benavente, “un fracaso” en su opinión.

En 1994 aparece la primera iniciativa comunitaria Urban y ya entonces empiezan a detectarse algunos síntomas sospechosos. “A la GMU llegó 48 horas antes de que expirara el plazo”, recuerda Collado. Dos años después, en la primavera de 1996 es cesado como gerente de la GMU Andrés Luque Ramos. “Con él se cierra una etapa brillante”. Posteriormente se planteaba la necesidad de crear una Oficina de Rehabilitación del Centro Histórico, que se presenta en el Ayuntamiento, de manera interna, en 1999 y que coordinaría el mismo Collado. Se forma “un equipo joven e inexperto” que sin embargo fue cuajando. “Los Urban obligaban a trabajar de una manera integrada y eso a nosotros nos enseñó a tener ese componente social e integral de las intervenciones”. Esta oficina, con el tiempo, elaboraría un documento titulado “Pre diagnóstico y estrategia de intervención en el centro histórico”. Hicieron quince copias del mismo pensando en que se repartirían todas. Cuán equivocados estaban. “Ni una delegación, ni los grupos municipales pidieron el documento. A nadie le interesó”. Mala cosa.

Y llega el siglo XXI y con él, el Urban 2000-2006. “Se gastaron 700 millones de pesetas y no se notaban”, afirma Collado que, sin embargo, sitúa el principio de la debacle en 2002, “el definitivo punto de inflexión”. Luis Fernández Ríos es cesado de la GMU y lo sustituye Luis Cruz de Sola. “Si años antes se había sustituido a un arquitecto como Manuel González Fustegueras por un peón de albañil como Pepe López, ahora se cambiaba a un ingeniero de caminos por un hermano mayor y pregonero de la Semana Santa”, remarcó Manuel Collado para mostrar a las claras el cariz que iba tomando la situación en Urbanismo.A partir de entonces llega el caos. La legislatura 2007-2011 la define como la del “dos por uno” —Pilar Sánchez y Pelayo comparten la alcaldía— con un Pedro Pacheco que, además, quería estar por encima de ellas. De la socialista recuerda una frase que prácticamente sentenciaba a intramuros (“en el centro está todo hecho, ahora le toca a los barrios”), además de destacar que es ella la que disuelve la GMU. Pero, además, “está a punto de machacar a la ciudad con el tranvía”, “dilapida los fondos del Plan E de Zapatero” y “desperdicia una iniciativa urbana para la zona Sur”. En cuanto a Pelayo, de 2011 a 2015, afirma que lo único que hizo fue “entretener y marear con el centro” y “desmontar los techos del tabanco del Duque”.

De la renqueante legislatura actual, en lo relativo a la recuperación de intramuros, Collado se pregunta “quién ha visto el Plan Director del Centro Histórico. Ni la oposición, ni los grupos políticos han preguntado por él. ¿Lo ha aprobado alguien? ¿Se ha llevado a pleno? ¿A la junta de gobierno local? ¿Está en la web municipal? No existe”, sentencia el arquitecto.

¿Y ahora qué?

“Si hasta 2002 fuimos subiendo peldaños, a partir de entonces nos hemos tirado por un tobogán”, considera Manuel Collado, que mira el futuro con escepticismo. De los fondos del EDUSI, que para que lleguen el Ayuntamiento tiene que poner tres millones de euros, piensa que no habrá problemas porque “cuando te llueve una cantidad de dinero como esa se saca dinero hasta de debajo de las piedras”. De la remodelación del solar de la plaza Belén, que se llevaría a cabo gracias precisamente a esos fondos, piensa que “es imprescindible, pero no va a servir para nada si no se llevan a cabo otras acciones paralelas”. En este sentido, piensa que hay que generar acciones que “realmente generen desarrollo”, y puso el ejemplo del zoco de Artesanía, un proyecto que no ha cuajado porque no se ha generado nada a su alrededor que lo impulse. “Si queremos desarrollar el centro, hay que resolver el problema de plaza Belén, pero desde el primer minuto que se corte la cinta hay que trabajar por ella, porque si no sería una condición necesaria, pero no suficiente”.

Sobre plaza Belén, además, recordó que en su época se plantearon “barbaridades”, como situar allí un supermercado o un ambulatorio, incluso “un centro de las culturas mediterráneas”. “Me decían que no quería hacer nada cuando ponía el grito en el cielo, y yo lo que decía es que había que hacer algo oportuno, algo realmente nuestro”. De hecho, antes de la idea de la Ciudad del Flamenco se planteó un museo del vino, que al final acabó en La Atalaya convertido en el ‘Misterio de Jerez’.

Collado finalizó su disertación lamentando que espacios como Los Claustros o el Alcázar, tan “maleado” últimamente está “infrautilizado”. “Estamos dilapidando nuestros recursos. Las funciones que tenía en su día el teatro Eslava son las que tiene ahora el Alcázar”. El arquitecto también consideró que “recuperar el Callejón de los Bolos le haría muy bien a esta ciudad”, al igual que piensa que “el palacio Ponce de León —actualmente sede del colegio y comedor de El Salvador—  “debería generar más de lo que genera”, ya que piensa que su actuales funciones podrían derivarse a otro edificio que reúna mejores condiciones —suena el antiguo Asilo de San José—. Por último, señaló que una mayor peatonalización del centro serviría para potenciar su recuperación e hizo una reflexión. “En el año 93 visité Córdoba y estaba en una condición penosa. Jerez estaba a años luz”. Vayan ahora a Córdoba, a ver qué se encuentran.

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