Pilar: cuando el desahucio llama a tu puerta después de perder a tu pareja

Una vecina de Chiclana relata cómo pasó de pagar su hipoteca a no poder hacerlo por el fallecimiento de su marido. El banco le reclama una deuda que está a punto de saldar, pero critica que no quiera negociar

Pilar, en la puerta de su casa. FOTO: F.R./LAVOZDELSUR.ES
Pilar, en la puerta de su casa. FOTO: F.R./LAVOZDELSUR.ES

“No pido nada, sólo tiempo”, dice la protagonista de esta historia al comienzo de la conversación. La llamaremos Pilar, para preservar su identidad. La charla tiene lugar en la que, de momento, sigue siendo su casa. Ella espera que no deje de serlo nunca, aunque a punto estuvo hace unos días de tener que desalojarla, aunque el expediente de desahucio que pesaba sobre ella se postergó unas semanas. Un balón de oxígeno que supone una tregua en su complicada vida. Los problemas empezaron en 2011, cuando falleció su pareja de forma repentina. Estaba en una parada de autobús cuando sufrió un infarto, del que no pudo recuperarse. Con él había suscrito una hipoteca —la segunda que tenía— para reformar una vivienda que tiene a las afueras de Chiclana.

Para llegar hay que sortear los numerosos baches de un camino que conduce a la vivienda, donde ladran los perros de Pilar al escuchar el coche. Abre la puerta de su casa, o como ella la llama, “una extensión de mí, mi vida”. Una vida que estuvo a punto de perder, algo que quiere evitar a toda costa. Para entender la situación actual hay que retrotraerse a 2003, cuando firma una hipoteca para los siguientes 20 años. Cuando conoce a su pareja, suscribe un segundo préstamo. Por ambos, ella y su pareja pagaban 900 euros mensuales. El negocio familiar, que no iba mal, permitía hacer frente a esta cuantía.

Pero llegó el desgraciado percance. “Pensábamos irnos a Madrid unos años, hasta que se jubilara, y luego volver”, cuenta Pilar, a quien le cuesta articular palabra. Desde entonces, la comunicación con el banco fue constante. Le informó de su situación y le propuso hacerse cargo de la mitad de la hipoteca, de su mitad, que estuvo abonando durante más de cinco años después del fallecimiento de su pareja. “Pero el banco me dice que no le ha llegado ninguna documentación”, cuenta Pilar. Hasta el punto de que, apenas un día después de abonar la última mensualidad de la hipoteca, sacó a subasta la vivienda. “¿Dónde está la voluntad de negociar?”, se pregunta.

Pilar y uno de sus perros, en el porche de su vivienda. FOTO: F.R./LAVOZDELSUR.ES

La subasta de la casa quedó desierta, por lo que Pilar y su hijo pudieron permanecer en ella. Lo que no la deja dormir es desconocer hasta cuándo. La mujer pasa las noches en vela esperando que llegue una resolución judicial que la saque de dudas. Su voluntad de pagar y la cuantía de la deuda —que no supera la cuarta parte de la hipoteca— le hacen tener esperanzas. Desde que tuvo que cerrar el negocio familiar, está en paro. “Con más de 50 años ya no damos el perfil para trabajar en ningún lado….”, comenta, pero sus padres, jubilados, se han ofrecido a ayudarla. Incluso sus hijos se ofrecen como avalistas.

“Como nos echen nos vamos a ir tener que ir a dormir en una tienda de campaña a la puerta del Ayuntamiento”, dice. Pero luego se lo piensa mejor y dice que prefiere no pensar en que pueda llegar ese día. “No quiero ni planteármelo”. Pero sí que se hace varias preguntas: “¿Por qué no me han escuchado? ¿Es que acaso quieren mi casa desde el primer momento?”. Pilar dice que “cada ladrillo de esta vivienda me ha costado un dolor de riñones, esta es una lucha por mi vida”.

Pilar, de familia andaluza aunque nacida en Madrid, asegura que quiere “morirse en un lugar donde todavía puedas decir buenos días y buenas tardes”, ya que para ella “las grandes ciudades están deshumanizadas”. En Chiclana ha encontrado ayuda de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), quien sigue muy de cerca su caso, de mano de su abogada. “Quizás para evitar males mayores, y en vista del crudo panorama que llevaban tramitado en el proceso ejecutivo, han decidido proceder a que sea revisado por si contiene fraude procesal”, explica la organización en redes sociales. Pilar, mientras, quiere ser optimista y tiene planes de futuro en su vivienda. De hecho, está pensando en desbrozar la entrada para poder pintar la fachada. “Claro, esta es mi casa”, dice. “Mi lucha”, remata.

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