James Mandela llegó a Jerez hace más de años y cultivó grandes amistades. Natural de Sudáfrica y de origen inglés, desembarcó en la ciudad buscando un cambio de aires tras el fallecimiento de su padre en Inglaterra. Más de 30 años después de su llegada a tierras jerezanas, su muerte ha dejado un profundo pensar entre quienes le conocieron.
Hace dos años, con motivo de la 109º jornada Mundial del Migrante y Refugiado, ofreció su testimonio de vida a la Diócesis de Asidonia-Jerez, de la que ha sido colaborador.
Un cursillo de cristiandad le cambió la vida
Un cursillo de cristiandad que realizó hace décadas le cambió su espiritualidad. “Me ayudó mucho. No tengo casa, no tengo nada, pero con Cristo vivo feliz en su interior. A toda persona que cree en Dios y en Jesús no le importa lo que pasa, el Señor está ahí. Tengo fe”, confesaba por entonces.
En su día creo un grupo para buscar ropa para los presos. Cada semana acudía para prestar su colaboración. Muchos extranjeros que llegaban a Jerez le pedían ayuda para dar sus primeros pasos en la ciudad.
Numerosas muestras de aprecio
Las condolencias por su muerte han sido numerosas. “Qué gran persona”, “bellísima persona”, “muy buena gente” o “daba gusto conversar con él”, son algunos de los mensajes en redes que recuerdan con cariño y respeto a James Mandela.
Quienes le trataron destacan su cercanía, su cordialidad y sus dotes para escuchar y dialogar. "Me encantaba encontrármelo y hablar con él", relata una de esas amistades que forjó durante sus más de tres décadas viviendo en Jerez.
“Muchas conversaciones con él en la plaza de las Angustias y en el bar Salas. Una persona magnífica”, reseña el veterano periodista Ángel Revaliente. Agustín García Lázaro comenta: “Descansa en paz, amigo. Qué recuerdos de nuestros saludos diarios en la plaza de las Angustias allá por 1986”.



