"Nuestro único modelo es volver a lo que no evitó la crisis, no somos capaces de imaginar algo diferente"

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Francisco Lorenzo, coordinador del Equipo de Estudios de Cáritas Española, analiza con lavozdelsur.es los rasgos de nuestro modelo socioeconómico con motivo de su participación en la X Semana de la Pobreza y Exclusión. 

Francisco Lorenzo (Madrid, 1972) es coordinador del Equipo de Estudios de Cáritas Española y de la Fundación FOESSA (Fomento de Estudios Sociales y Sociología Aplicada), encargada de analizar la realidad de pobreza y exclusión en España. Lorenzo acude a Jerez para impartir la conferencia ¿Qué sociedad queremos? Rasgos de nuestro modelo socioeconómico, en el marco de la X Semana de la Pobreza y Exclusión, organizada por Cáritas. Minutos antes de la misma, atiende a lavozdelsur.es.

La Semana de la Pobreza versa sobre el actual modelo económico, pero aquí no solo hablamos de un problema meramente económico…

Tiene que ver también con el modelo cultural, si bien está muy impregnado en lo económico, porque en ese sentido al final la lógica económica lo inunda todo. Una lógica que por un lado nos invita a resolver determinadas cuestiones de forma individual y que nos invita a resolverlas en el mercado. ¿Qué ocurre? Que las personas con mayor dificultad encuentran la esperanza y la fortaleza precisamente no en lo individual, sino en lo comunitario, y esta lógica los deja fuera ya que en el mercado no son competitivos, con lo cual se nos queda fuera mucha gente de forma cotidiana. El problema fundamental es que de alguna manera dicho modelo cultural y económico nos ha inundado a todos y parece que no pasa nada que no se garanticen derechos fundamentales como una vivienda o un empleo.

Parece que el problema nos entra por una oreja y nos sale por la otra…

Como sociedad estas cosas nos preocupan y de hecho tenemos una reacción solidaria contundente ante determinadas problemáticas. La pega es que muchas veces esa reacción tiene que ver mucho con lo emocional. Cuando una noticia deja de estar en los medios de comunicación parece que se ha resuelto el problema. Es verdad que hay indicadores que dicen que la situación está mejor que en 2009 o 2010, ya han terminado los temblores del terremoto, pero todavía hay muchas personas debajo de los escombros y como no están en la prensa, en la tele o en la radio de manera constante, parece que ya se han resuelto. Hay cifras que nos sitúan a día de hoy con unas diferencias importantes en paro y pobreza, pero si no tenemos el elemento emocional parece que eso queda disuelto.

¿Qué sociedad queremos?

Cuando pensamos en qué sociedad queremos, es una sociedad razonablemente bonita. Hay datos del CIS que nos dicen que la sociedad española es igualitaria, que no ve en la desigualdad un estímulo, sino un problema, que cree que a través de la participación, de implicarse en proyectos sociales, las cosas pueden mejorar, es una sociedad esperanzada, y esa es la primera fotografía que tenemos. Cuando analizamos más allá de lo que queremos o de la primera sensación es cuando empiezan los problemas. ¿Queremos una sociedad igualitaria? Sí, pero no estamos dispuestos a pagar impuestos. ¿Queremos una sociedad con proyectos sociales fuertes? Sí, pero no nos implicamos, o no lo suficiente. Pero es verdad que a veces no estamos dispuestos a pagar el precio o a esforzarnos lo suficiente para conseguir esa sociedad que queremos construir. Entonces, en ese sentido hay una incongruencia.La crisis no solo ha sido económica...

Al final, en un modelo cultural y social donde lo fundamental es lo económico, cuando rompe lo económico es porque también está roto lo otro. Hay aspectos positivos. En un momento de crisis ha habido respuestas y reacciones y una primera que tiene que ver con la familia. Nuestro modelo de bienestar no se entiende sin ella y hay una reacción muy positiva, gente que se nos ha quedado fuera de las políticas públicas y que si no ha perdido ese último enganche ha sido gracias a la familia. Pero es verdad que de alguna forma, la sensación es que no hemos llegado a entender el problema que hay de fondo. De nuevo parece que se nos pone la sonrisa en la cara porque hay datos esperanzadores de que empieza a subir el precio de la vivienda o los bancos vuelven a conceder créditos. Parece que nuestro único modelo es volver a aquello que no evitó la crisis, no somos capaces de imaginar algo diferente.

No somos capaces de aprender de los errores…

Nos cuesta mucho aprender de ellos, o a lo mejor aprendemos en el proceso, pero se nos olvidan de forma inmediata ante indicadores que nos dicen que son los fundamentales pero que en realidad, en el día a día de mucha gente, no tienen una concreción. Nos dicen que es fundamental que crezca el PIB, pero con un PIB grande hemos tenido al 50 por ciento de la población afectada por indicadores de exclusión social. Ojo, que la macroeconomía no siempre se concreta en el día a día de las personas, que no es solo hacer la tarta grande, es repartirla bien y además que se den los ingredientes adecuados.

Precisamente se conocen datos de que ha subido el PIB, de que ha bajado el paro, pero la OCDE dice que el trabajo que se crea es de muy mala calidad.

Claro. La cuestión de indicadores estadísticos tiene cierta trampa. Hay algunos datos que tienen un reflejo rápido en la estadística, pero no en lo cotidiano. Parece que antes de la crisis ganábamos 10, con la crisis unos cuantos ganábamos cuatro y ahora sube a siete y como se mantiene en siete estamos contentísimos, porque estamos comparándolo con el cuatro, no con el 10. Claro que se está generando empleo y reduciendo la tasa de paro, pero ¿de qué tipo es el empleo? ¿Cómo protege a las personas? ¿Cómo permite que las personas desarrollen y aporten al proyecto común sus capacidades y talentos? Eso es lo que hay que mirar, no solo en función de lo que teníamos hace tres días y conformarnos con eso. Claro que es mejor dormir en tiendas de campaña después de un terremoto que nos ha puesto a todos a dormir en la calle. El problema es si hemos sustituido los edificios de ladrillo por tiendas de campaña y si éstas se han quedado, porque entonces tenemos otro modelo.

No es solo hacer la tarta grande, es repartirla bien y además que se den los ingredientes adecuados

¿Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, como insisten unos cuantos?

Yo creo que ha habido dos argumentos estrella, que por otro lado son de barra de bar. Uno, este, y otro que la culpa es de los banqueros y los políticos, y en función de la ideología se tira de uno o de otro, aunque en los dos hay parte de verdad. Ha habido y hay una obsesión consumista, y claro que ha habido barbaridades por parte de políticos y de entidades financieras, pero eso no explica totalmente la crisis. Ha habido distintos niveles de responsabilidad en la crisis y en la burbuja inmobiliaria se ve claramente. Ha habido leyes que han invitado a la burbuja y lo han puesto en bandeja y eso es un nivel de responsabilidad muy concreto. Ha habido entidades financieras que se han lucrado haciendo préstamos absolutamente irracionales y eso es un nivel de responsabilidad que en algún momento habrá que depurar, pero yo bajaría a un último nivel y meditaría a qué precio habríamos vendido, por ejemplo, nuestra casa, aun sabiendo que la burbuja ha sido una barbaridad. Te habría sacado hasta los ojos... Al final no vamos a tener instituciones mejores de lo que somos como ciudadanos, así que la única manera de subir el nivel ético y moral de nuestros políticos, jueces, sindicatos o bancos es gracias a la ciudadanía que se dota de una musculatura ética considerable. Es la única forma, lo que pasa es que el nivel de responsabilidad no puede ser el mismo.La más afectada por la crisis ha sido la clase media y la baja y se ha abierto una gran brecha con las clases más pudientes. ¿Se está trabajando desde el Gobierno lo suficiente por reducir esa brecha?

Yo creo que uno de los defectos claros que se dan en el ámbito político tiene que ver con el cortoplacismo, y eso no nos permite hacer transformaciones de fondo. Por eso nos pone muy contentos los buenos datos del Instituto Nacional de Estadística, aunque sea con empleo de baja calidad, pero eso en el cortoplacismo es fundamental. Yo creo que hay un déficit considerable, que probablemente no es exclusivo de este gobierno estatal ni del de antes, pero evidentemente hay que emprender medidas a largo y corto plazo, porque no podemos tener un sistema que genera riqueza y empleo a través del turismo y la construcción. Pero además de eso hay gente que tiene necesidades hoy y que no pueden esperar a esa transformación.

¿Cuál debe ser la agenda del Gobierno para rescatar a los más excluidos?

Cáritas ha hecho propuestas políticas en un sentido amplio. Probablemente una agenda mucho más amplia sería mucho más rica. Hay cuestiones que son fundamentales y que tienen que ver con un sistema de garantía de rentas, con políticas familiares, porque no tenemos unas políticas adecuadas de protección a la familia y a la infancia; cuestiones que tienen que ver con la generación de un empleo de calidad y para aquellos que lo tienen más difícil. Y yo diría de no mirar solamente aquí, miremos también a lo internacional, a la inmigración, cumplir derechos humanos en todo el proceso, tema de vivienda y cooperación internacional. Nuestro destino, no solo el social y económico, especialmente el moral y el ético, tiene mucho que ver con la suerte que vivan las personas que están en países con mayor dificultades. Yo creo que hay muchos retos y propuestas que poner sobre la mesa. Es un tema también de voluntad y empeño.

Y de que se pongan todos de acuerdo…

Claro. Yo creo que en esos debates sobre cuestiones tan fundamentales como los derechos tan básicos que están sin garantizar en nuestro país, a los partidos políticos les pediría lo que a unos padres que se acaban de separar: estáis dolidos, os echáis los trastos a la cabeza, bien, pero lo fundamental son los hijos. Dejad todo porque eso es lo fundamental. Y ojo, que en este caso los hijos son mayores de edad y son los que les eligen, a ver si vamos a elegir a otros padres. Ya está bien de polemizar, hay cuestiones que no pueden esperar y que son fundamentales y que hablan de nosotros y del modelo social que queremos construir y de la talla moral que tenemos. 

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