"No soy millonaria, el mínimo para pagar por heredar lo puede alcanzar cualquiera"

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José, tras estar toda su vida trabajando, dejó a sus hijos un inmueble con dos pisos y un local comercial por el que tuvieron que abonar más de 30.000 euros: "No podíamos renunciar, es nuestro modo de vida".

Toda una vida trabajando. La de José —nombre ficticio— se puede resumir así. Empezó con ocho años, en la tienda de alimentación de su padre, y no paró hasta el día de su muerte, con 80 años. No tuvo estudios. No pudo ir al colegio. Pasaba los días en el negocio familiar, despachando a clientes desde muy pequeño. “Jamás tuvo vacaciones”, cuentan sus familiares. Pero un día, sin malestares previos, a José le dio un infarto. Se acostó y nunca más se levantó. Falleció en 2013. “Y ahí empezaron los problemas”, cuenta su nuera Manuela, que prefiere no dar su nombre real. José, con el paso de los años, heredó la tienda de su padre y la trasladó a otro local, en el centro de Jerez, que tras mucho trabajo y esfuerzo, pudo adquirir en propiedad. El edificio comprado incluía dos viviendas, por lo que el valor catastral del inmueble era muy elevado, superaba los 200.000 euros. “El valor catastral del negocio y de los dos pisos es el equivalente al del Palacio de Versalles”, bromea Manuela, que cuenta que su marido y los hermanos tuvieron que abonar una cantidad cercana a los 30.000 euros para poder aceptar la herencia.

Los andaluces pagan por heredar 100 veces más que un madrileño y 1.200 veces más que un canario

La cifra, aunque elevada, acordaron abonarla entre los hijos del fallecido. “No había manera de renunciar a la herencia, porque renunciaríamos a nuestro modo de vida”, explica. Además se da la circunstancia de que la mujer de José, de 87 años, es la propietaria del 50% del inmueble, por lo que cuando fallezca teme que tendrán que volver a abonar una cantidad similar. “No soy millonaria, es más, no tengo un duro, y ahora cuatro personas —el matrimonio y sus dos hijos estudiantes— dependemos de un sueldo”. Ella considera que “el mínimo de 250.000 euros —para abonar el impuesto de sucesiones— lo puede alcanzar cualquiera”. Y pone un ejemplo: “Mi casa la tasan en 300.000 euros, pero pagué por ella unos 54.000… pero seguro que la vendo y no me dan más de 160.000 euros”. Por eso critica el excesivo valor que se le dan a muchos inmuebles, lo que obliga a los herederos a abonar este impuesto: “Muchas veces el precio de mercado es inferior a lo que te pide la Junta”.

Manuela, desde que sufrió en sus carnes el “injusto” gravamen que supone el impuesto de sucesiones para muchas familias andaluzas, no para de pedir que se elimine. Forma parte del grupo Stop impuesto de sucesiones en Andalucía y recoge firmas para intentar que el Gobierno andaluz lo suprima. Aunque la lucha será larga. El Parlamento andaluz, hace pocos días, ya rechazó eliminar progresivamente este impuesto, que llegó a la Cámara a propuesta del PP y solo contó con el apoyo de Ciudadanos. Así, ahora mismo un andaluz paga 100 veces más que un madrileño y 1.200 veces más que un canario por heredar. Una persona soltera con un patrimonio heredado de unos 800.000 euros debe abonar en la comunidad andaluza 164.000 euros; en la madrileña unos 1.500 euros; y en Canarias, apenas 134 euros, según el estudio Panorama de la Fiscalidad Autonómica y Foral 2017 presentado por el Consejo General de Economistas.

“Pienso en mis hijos, que están estudiando”, señala Manuela, que se pone en lo peor: “Si nos morimos tendrían que hacer frente a la herencia de esta casa y a la que tiene su padre, ¿o se van a quedar en la calle?”, espeta. Ella, que estuvo 17 años trabajando en un centro comercial, señala la “fatiga” que ha pasado para conciliar la vida familiar y laboral, y lo difícil que ha sido pagar una vivienda para que ahora “te roben por la cara”. Desde que se moviliza contra este impuesto asegura que ha conocido casos escandalosos: “Una mujer soltera, sin hijos, que ha trabajado toda la vida, tenía un piso en La Coronación, y se lo dejó a sus cuatro sobrinos, que al ser segundo grado de consanguineidad, tienen que pagar más. Pues a los herederos les piden más dinero que si lo vendieran, ahí tienes dos opciones: o renuncias o malvendes”.

El impuesto de sucesiones en Andalucía, al menos hasta final de 2017 —cuando se tendrá que negociar el próximo Presupuesto— establece que quienes heredan propiedades valoradas en más de 250.000 euros —por debajo de esa cifra están exentos— deben abonar unos 47.000 euros. “Van contra la clase media”, se queja Manuela, que asegura que secunda este movimiento “no por política, sino porque no quiero que me roben: este no es un grupo político, es un grupo de reivindicación social”.

Este gravamen supone que en Andalucía unas 20.000 personas rechazaran su herencia en 2016 y que aumentara el porcentaje de renuncias en un 180% entre 2011 y 2015. La presión popular y las iniciativas del PP, el partido que defiende con más ahínco la eliminación del impuesto de sucesiones, han provocado que se pague tan solo el 1% por la adquisición de explotaciones agrarias. “Los impuestos van a ser siempre progresivos en Andalucía y no vamos a beneficiar a los ricos ni a quienes heredan cinco, diez o quince millones de euros”, asegura Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía, que mantiene el pulso en la comunidad, como en otras donde gobierna el PSOE, caso de Asturias, Extremadura y Aragón. En el otro extremo están Canarias (Coalición Canaria), Madrid (PP) y Cantabria (Partido Regionalista de Cantabria), donde este gravamen apenas supera el 1%.

Un mensaje del grupo Stop Impuesto de Sucesiones en Andalucía recoge el sentir de sus miembros:  “Esto es el principio de una larga batalla, si todos luchamos lo vamos a conseguir. Solo os pido que intentéis reunir firmas y que expliquéis a amigos y conocidos en qué consiste este robo, pues hay gente que no sabe nada y se encontrarán con un problema cuando fallezca su familiar”.

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