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Blas García, gerente de Afemen Jerez, lamenta que se recorte en los tratamientos de estos pacientes y asegura que "el sistema sabe cuáles son los medios para evitar ciertas recaídas y es, por tanto, en parte responsable de lo que les suceda".

Hasta no hace mucho, las personas que padecían trastornos mentales eran consideras endemoniadas y se les quemaba en la hoguera. Hoy en día son abrasadas por el juicio público, propiciado por el nocivo tratamiento que a veces hacen de determinados casos algunos medios de comunicación. El ejemplo más reciente se ha podido comprobar con la muerte del batería del grupo gallego Los Piratas, abatido por la Guardia Civil tras supuestamente maltratar a su mujer, y enfrentarse con los agentes que trataban de reducirlo. Su viuda ha llegado a negar categóricamente que fuese un maltratador, y sí especificó que padecía un transtorno bipolar. "Es una víctima de un trastorno bipolar que estaba perfectamente controlado desde hace 10 años hasta que su psiquiatra tuvo la brillante idea de retirarle el tratamiento a pesar de que la familia le pedimos en dos ocasiones que no lo hiciese, ya que, el complicado nacimiento del bebé le había afectado”, escribía su mujer en Facebook días después del fatal suceso.

Graves incidentes violentos copan las redes y las televisiones resaltando la condición de enfermo mental de sus protagonistas, al margen de si la patología haya sido la desencadenante de los acontecimientos o no, de modo que, la sociedad recibe el mensaje sesgado de que las personas con trastorno mental son agresivas. Nada más lejos de la realidad. “¿Acaso todos los terroristas sufren una enfermedad mental? ¿Entonces por qué se pone siempre el acento en la enfermedad del agresor?”, se pregunta Blas García, psicólogo y gerente de la Asociación de Familiares y Personas con Enfermedad Mental, Afemen Jerez.

La dolencia está dormida. En muchas ocasiones emerge cuando la persona que la padece sufre un episodio en su vida que eleva el nivel de estrés. Juan Alejandro era un joven normal hasta su vuelta del servicio militar. Entonces comenzó a tener alucinaciones cada Navidad. Años más tarde, después de que sus padres se gastasen casi tres millones de las antiguas pesetas de consulta en consulta, le diagnosticaron esquizofrenia paranoide. El padre de este joven que ahora tiene 40 años, ha investigado cuál fue el detonante para que la enfermedad de su hijo haya dado la cara a una edad más temprana de lo habitual. “Mi hijo vivió una experiencia muy dramática en la mili y desde entonces no fue el mismo. Pero cuando comenzó a medicarse, ya pudo volver a ser una persona normal”, explica el padre de Juan Alejandro. “Pueden trabajar, tener pareja y familia, otra cosa es que lo consigan. A cualquiera sin este tipo de trastornos le cuesta”, matiza García.

“Pueden trabajar, tener pareja y familia, otra cosa es que lo consigan. A cualquiera sin este tipo de trastornos le cuesta”

El especialista hace especial hincapié en que, a diferencia de la imagen formada en el subconsciente colectivo sobre estos enfermos, “no son agresores sino víctimas, y el índice de delitos cometidos por personas con esquizofrenia – la más común de las enfermedades mentales- es ligeramente inferior al de las personas, digamos normales”. Pepe, uno de los usuarios de la asociación es un claro ejemplo de ello. Propietario de un negocio, fue víctima de continuas vejaciones por parte de varios jóvenes. Un día, harto de la situación, "del dolor que tenía por dentro”, se marchó de casa con la idea de quitarse la vida para no soportar más la situación. Cuando volvió tuvo una crisis nerviosa. Diagnóstico: trastorno bipolar. “Estuve dos meses sin hablar, mi mujer ya no sabía qué hacer. Me daba miedo salir a la calle”.

Hay más de 300 dolencias mentales registradas, aunque su diagnóstico no es sencillo. “No hay enfermedades, existen enfermos”, prefiere decir el gerente de Afemen jerez. Un millón de personas en España padece una enfermedad mental grave y uno de cada 100 ciudadanos del planeta son padecerán esquizofrenia a lo largo de su vida. Sin embargo, sólo una cuarta parte de estos enfermos no puedrían desarrollar una vida normal.  

La conducta de estos pacientes, al igual que en el común de los mortales, varía en función de diversos condicionantes como la educación recibida, el entorno en el que se mueven, los hábitos de vida… “Por eso un enfermo mental puede cometer un delito, al igual que cualquier persona en momento dado, al margen de padecer una enfermedad”, afirma. Y va más allá. “En algunos casos a los propios abogados de las personas con enfermedad mental que cometen delitos les interesa resaltar la patología, así le sirve como atenuante para que la pena sea menor, con independencia de si están perfectamente medicados y el hecho no ha sido consecuencia de esa patología”.

La labor de asociaciones como Afemen es impagable para enfermos y familiares como Pepe, Juan Alejandro o Diego. Este último, no sólo asiste a los talleres y actividades sino que trabaja como voluntario realizando labores administrativas, trabajo que desempeñaba en una empresa privada antes de ser diagnosticado. Las personas más cercanas de Juan Alejandro aseguran que estas asociación ha resultado esencial para el buen desarrollo de sus allegados y también para la madre de éste que cayó en una fuerte depresión tras conocer la enfermedad que padecía su hijo.

"A los propios abogados de las personas con enfermedad mental que cometen delitos les interesa resaltar la patología, así le sirve como atenuante para que la pena sea menor"

La crisis está mermando los servicios que se presta a estos pacientes, como si fuera prescindible. “La tecnología en salud mental son psicoterapeutas, monitores que estimulan y establecer relaciones con las personas. Los afectados y sus familiares necesitan ayuda terapéutica, talleres ocupacionales… y cada vez hay menos medios", denuncia García. En Afemen Jerez, por ejemplo, actualmente cuentan con la mitad de presupuesto que hace siete años. Las carencias en el sistema y la escasez de medios provocan la recaída en la sintomatología de la enfermedad y en que los enfermos se aíslen. El gerente de la asociación lo tiene claro: "El sistema sabe cuáles son los medios para evitar ciertas recaídas y es, por tanto, en parte responsable de lo que le suceda a nuestros usuarios”, sentencia Blas García, psicólogo y gerente de Afemen Jerez.

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