Entre los más de 200 manifestantes, Teresa camina del brazo de su amiga Pepi. Cojea desde los 20 años, cuando su difunto marido le atestó una patada que le rompió el tobillo. "Siete clavos tengo", dice con voz queda. A día de hoy Teresa, jerezana del barrio de Estancia Barrera, tiene 77 años y asegura que si su marido no hubiera muerto en 1983, "estaría yo muerta antes que él". Sus familiares siempre le preguntaron por qué le pegaba. Nunca obtuvo respuesta. "Él venía borracho y me empezaba a pegar". Relata que ambos se fueron a Alemania escapando de la pobreza, lugar donde las palizas no cesaron. Teresa jamás lo abandonó: "¿Dónde iba a meterme yo con seis hijos?", se decía. "A aguantar, que teníamos que comer", termina. Aquel maltratador, ya fallecido, le decía "de todo menos bonita, de hija de puta para arriba. Fatal, me hablaba fatal". Hoy Teresa, de cabello plateado, va bien abrigada por sus amigas de la asociación de mujeres Manos Abiertas Hacia el Futuro. En Jerez, otros colectivos feministas como Marea Violeta o el Consejo Local de las Mujeres, también participan en la manifestación contra la violencia de género organizada este viernes.

"¡Si nos tocan a una, nos tocan a todas! ¡Qué no, que no, mi cuerpo es mío y yo decido, porque en mi cuerpo mando yo!", son los primeros cánticos de una movilización atestada de mujeres y hombres de todas las edades. Segundos antes de que Teresa comience la marcha, lanza un mensaje para todas las mujeres que como ella, son víctimas de la violencia machista: "Que no aguanten tanto, que si no les convienen, cada cual por su lado". Eso mismo hizo María (nombre ficticio para proteger a la víctima) cuando dejó a su expareja después de seis meses de convivencia. "No podía más", declara. Esta jerezana de 33 años vivió un auténtico infierno con su expareja y ahora padre de su hija. "Él siempre ha sido muy controlador, pero cuando me quedé embarazada nos fuimos a vivir juntos y...". La cogía del cabello y la zarandeaba a diario, le partía el teléfono a cuenta de sus celos, la dejaba encerrada en casa bajo llave, le escupía y le hablaba a gritos en la calle. "Había veces que incluso mi móvil vibraba temprano, por ejemplo a la seis de la mañana, y él me cogía por los pelos y me lanzaba al sofá para que siguiera durmiendo allí". Y las agresiones físicas iban acompañadas de insultos y amenazas: "Me dijo que ojalá me muriese en el parto para quedarse él con la niña, o que si no fuese delito, me mataba".

"Me dijo que si no fuese delito, me mataba"

Mientras la manifestación canta: "¡Un maltratador no es un buen padre", María sigue contando su historia repleta de pesadillas. "Me fui a casa de mis padres y rompí con la relación". Cuando ella se marchó, él insistía a través de llamadas en oculto para que María le cogiese el teléfono. "Me decía que mirara por la niña, que si yo no era para él no era para nadie". Y al momento le colgaba. Sin embargo, la cosa se intensificó cuando nació la pequeña. "Se volvió peor y todos los días estaba en la puerta de la casa de mis padres. Me llamaba a diario y se quedaba a dormir fuera en el coche o en las escaleras de mi piso, e incluso me dejaba pintadas por toda mi barriada con la fecha del día en que nos conocimos". María apenas podía hacer vida normal, quedó recluida con miedo a que él le fuese a hacer daño. Hasta que un día bajó con una amiga a una heladería y él comenzó a seguirlas. "Empezó a gritarme: ¡Eres una puta! ¿Dónde vas a mamonear?". Ella se metió en el coche de la amiga y este la cogió del cuello con fuerza hasta tal punto que le partió un collar. Relata que en ese justo momento una patrulla de la Policía Local apareció y fue testigo de la agresión. Fue entonces cuando María le denunció, en junio de 2016. María está a la espera del juicio y ahora, cada vez que sale de su casa, lleva siempre en el bolso un dispositivo que si empieza a sonar, le alerta de que él está cerca. En España, el Ministerio de Igualdad cifra en 917 las mujeres asesinadas desde 2003 hasta la fecha, por los hombres con los que habían mantenido una relación de pareja. No obstante, desde los colectivos feministas se exige que la Ley recoja el concepto de violencia de género del convenio de Estambul, que cita que se deberá entender como una "violación de los derechos humanos y una forma de discriminación contra las mujeres que implican o pueden implicar para las mujeres daños o sufrimientos de naturaleza física, sexual, psicológica o económica, incluidas las amenazas de realizar dichos actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, en la vida pública o privada". Es decir, mientras la Ley española entiende la violencia de género como una agresión por parte de un hombre a su pareja, el convenio de Estambul es de carácter amplio y engloba por ejemplo a familiares e instituciones. De ahí que la cifra de 917 se dispare si se suman todos los feminicidios. Pero no hablemos mucho de datos, que inconscientemente se deshumaniza a las víctimas.

Carmen Pérez Omil, socia de Marea Violeta reivindica la implantación de este convenio en nuestro país. "Estoy hoy aquí porque soy mujer, y porque quiero expresar mi apoyo a esas mujeres que sufren la violencia y porque creo que es posible crear un mundo más justo e igualitario entre mujeres y hombres", manifiesta durante la concentración. "¡El feminismo camina pa' lante, el machismo camina pa' trás!", corean desde la marcha que rodea la Alameda Cristina, camino de la plaza del Banco, en Jerez. Entre la marabunta, una madre salta y canta agarrada de la mano a su hija pequeña. "Tenemos que luchar porque nuestras hijas tengan un futuro mejor", dice Yolanda, que su hija Helena ha acudido a todas las concentraciones contra la violencia de género desde que estuvo en su barriga. Ella, que tan solo tiene diez años, es consciente de la desigualdad de género porque la sufre en el colegio: "Mis compañeros no me dejaban jugar al fútbol porque según ellos no servíamos para ello y me ponían de recogepelotas". Ya al final del camino, una de las presentes toma el micrófono ubicado en el tenderete de la plaza del Banco y se dirige a todos: "Podemos sentirnos hoy muy orgullosos, lo que lamentamos es que había 44 asesinadas y ya tenemos 45. Esto lo tenemos que erradicar de alguna manera. Tenemos que movilizarnos más y salir más a la calle". Se trata de una mujer que ha sido asesinada este viernes a manos de su expareja con un disparo de escopeta, en Vinaròs (Castellón). Los presentes se revuelven, y otra mujer toma la palabra para leer el manifiesto: "Este 25 de noviembre, como todos los 25 de cada año, convocamos a gritar con fuerza, planta cara a la violencia machista. Basta de una sociedad que tolera y ejerce violencia diaria contra las mujeres. Nos sentimos totalmente indignadas con esta continua amenaza de violencia machista que acaba mes a mes con la vida de mujeres y de sus hijas e hijos". Finalmente, antes de que el espectáculo de zapateo de María Martínez, Ana Panal y Lorena Caballero pusiesen fin al evento, una mujer, entre el público, quiso destacar que el pasado 15 de noviembre el Partido Popular bloqueó en el Senado que la Ley 1/2004 garantizara asistencia jurídica y psicológica a las mujeres víctimas de violencia machista desde el momento previo a la interposición de la denuncia. "Por favor, identifiquemos quién está en contra de la solución de la violencia machista. Por favor, identifiquémoslos para después, a la hora de votar votemos a quien defienda nuestros intereses", concluyó con un sonoro aplauso.

Durante la movilización Teresa está a la cabeza de la marcha, con abrigo blanco y acompaña de su grupo de amigas. Y María se encuentra en la cola, con chaqueta de cuero rojo y junto a su abogada. No se conocen, pero más allá de compartir momentos de violencia a manos de sus parejas, ambas son supervivientes de la violencia de género.

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