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El número de puestos de este mercado, también conocido popularmente como “Los gitanos”, ha pasado de superar los 300 a no llegar a 200. En Jerez y su entorno viven del directamente del comercio ambulante 400 autónomos, según la Provincial de Vendedores Ambulantes y Autónomos de Cádiz.

“Sólo intentamos sobrevivir. Gano cero euros, dedicándole diariamente a mi negocio 15 horas”. Fernando, jerezano de 30 años, heredó de su padre el puesto ambulante de calzado. Monta en el mercadillo de los lunes de Jerez, en Tarifa, Rota, Barbate, Conil y La Granja. Para hacerse con el género debe desplazarse hasta Elche, en Valencia, una o dos veces al mes. En total, unos 500 euros de lo que obtiene de la venta están destinados a pagar el gasoil, a lo que hay que añadir las tasas a pagar a los ayuntamientos de cada población en la que despliega su negocio cada día.

Andalucía cuenta con 40.000 autónomos de comercio ambulante, de los cuales más de 400 son de Jerez y sus pedanías, y un total de 2.000 pertenecen a la provincia de Cádiz, según los datos proporcionados por la Asociación Provincial de Vendedores Ambulantes y Autónomos de Cádiz. En pleno boom económico,  el mercadillo de los lunes, erigido semanalmente en una explanada de más de 23.500 metros cuadrados, ubicada en la calle Hijuela de las Coles, en la Zona Sur, llegó a contar con más de 300 puestos. Hoy no llegan a 200, por el que cada autónomo debe abonar 915 euros al año. Estas cifras son aproximadas, ya que lavozdelsur.es se ha puesto en contacto con el departamento de Consumo del ayuntamiento de Jerez solicitando estos datos, pero no han sido facilitados.

Y esto no es lo que era. A medida que la crisis se dilata en el tiempo, el paisaje del mercadillo evoluciona: Llama la atención la cantidad de hombres sin empleo que pasean los lunes por la mañana a través de las efímeras calles creadas por las hileras de puestos que semana a semana disminuye y las mujeres cargan con menos bolsas y menos empleados atienden a los clientes. “La mujer del currante que se gastaba el dinero aquí, ahora no tiene. Pagan los zapatos con monedas sueltas. Cada año que pasa es peor. Lo de los brotes verdes es mentira, eso lo notarán los funcionarios, nosotros no”, afirma Fernando, joven comerciante, quien después de varios años emancipado, ha vuelto a casa de sus padres ante la imposibilidad de llegar a final de mes.

3.000 kilómetros a la semana recorre Mariluz, otra comerciante de venta ambulante de Jerez. Vive del puesto de textil y confección desde el año 92. Asegura que lo más duro es sufrir las inclemencias del tiempo, “si hace calor, estamos al sol, si llueve nos mojamos, si hace viento, se lleva toda la mercancía como la semana pasada que lo perdimos todo, y tenemos que estar aquí”. Su hija mayor de 18 años le echa una mano y le gustaría continuar con el negocio. “Ya me encargaré yo de que no sea así. Esto no da para comer. Los centros comerciales tienen los precios muy bajos y además en Jerez estamos muy cerca de ellos”, espeta su madre.

“A veces nos tratan como a escoria por el hecho de ser vendedores”

Sin embargo, otra empresaria, a la cabeza de un puesto de lencería desde hace 20 años y natural de Lebrija, aclara que ya no es cuestión de proximidad y que la crisis no afecta sólo al mercadillo de los lunes de Jerez. En otras poblaciones donde trabajan, alejadas de las grandes superficies comerciales como Ubrique o El Bosque, también se nota el descenso de las ventas porque “ahora no hay nada lejos”. Además, el matrimonio que mantiene muchos productos nacionales de calidad, aseguran que “los centros comerciales y los chinos nos tienen hundidos. Se va todo en pagar, pagar… esto da para vivir y para estar entrampado. Y lo peor de todo, añade es que “a veces nos tratan como a escoria por el hecho de ser vendedores”.

Un colectivo en peligro de extinción

Ante este panorama desolador, del que se salvan pocos negocios ambulantes, el colectivo echa en falta ayudas por parte de las administraciones. “Somos el patito feo del sector de comercio interior. Están las grandes superficies, las pequeñas y medianas empresas y nosotros”, asevera el presidente en funciones de la Asociación Provincial de Vendedores Ambulantes y Autónomos de Cádiz, Jesús Espadas, quien durante 30 años se ha pateado con su negocio a cuestas toda la provincia como comerciante ambulante.

“Somos el patito feo del sector de comercio interior"

Estos comerciantes legales sin establecimiento fijo en una población trabajan cada día de la semana en un mercado diferente donde se les está permitido vender durante unas cuatro horas. “Sin embargo, cotizamos 8 horas a la seguridad social. No tenemos ayudas ni subvenciones de ningún tipo, ni siquiera para la compra de vehículos, a pesar de que el comercio ambulante supone el 17,5% de las transacciones comerciales interiores de Andalucía”, argumenta Espadas.

Según Espadas, los ayuntamientos en general se han convertido en verdaderas empresas, “sólo quieren ganar dinero, en lugar de ofrecer un servicio al pueblo”. No obstante, destaca que en Jerez siempre ha habido buena armonía entre los comerciantes ambulantes y la administración, gracias a técnicos y funcionarios, dice, muy competentes, “no a los políticos”. La asociación que preside espera que la situación mejore y que el Consistorio jerezano cumpla su promesa de reducir las tasas un 50%. “Se comprometieron a hacerlo a principios de año aún no lo han cumplido, pero las elecciones están a la vuelta de la esquina”, sentencia Espadas.

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María Luisa Parra

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