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La campiña jerezana vive bajo la "amargura" desde que la Organización Común de los Mercados Agrícolas (OCM) implantara en 2010 una rebaja global del coste de la remolacha de azúcar. A 0,026 euros el kilo (unos 3 céntimos), hoy —en los tres meses de verano— pocos son los agricultores que recogen este fruto blanco que se lleva cerca de un año bajo tierra. "No es rentable", estima Juan Fernández, ingeniero agrícola y agricultor por herencia familiar.

"Tienes que pagar al maquilero para que las arranque, tienes que pagar semillas, abono, agua, informe fitosanitario, fertilizantes… Todo eso se paga con 80.000 kilos de remolacha, y a partir de ahí, lo que haya, para el agricultor. Hay veces que de una finca me puedo llevar solo 10.000 kilos para mí, es decir, 300 euritos". Pero si el agricultor no consigue sobrepasar el umbral, "estás trabajando para la fábrica sin cobrar nada". Fernández confiesa que a causa de la remolacha ha sufrido pérdidas durante muchos años y vaticina que también las padecerá este año. "Si este negocio no vuelve a ser rentable, se irá perdiendo, eso por supuesto".

En Jerez, la remolacha de azúcar vive dentro de una coyuntura social. Si bien durante el franquismo la remolacha fue el cultivo rey en la ciudad gracias a los pueblos colonizadores, a día de hoy, 30 años después, las mismas tierras están siendo cultivadas con otros alimentos como maíz o patata. No obstante, este tubérculo sufre un vaivén en la campiña jerezana.

La remolacha comenzó a explotarse en Jerez a finales del siglo XIX, años después de que la plaga de filoxera azotara los viñedos del Marco. Es más, la azucarera de El Portal, emblema de la barriada rural y edificio cuya fachada todavía resiste, se inauguró hace ya más de un siglo, en el año 1899. Dos plantas, una en Guadalcacín y otra en Jédula, rectificando azúcar durante más de 20 años hasta que... ¿qué ocurrió con estas fábricas? ¿Por qué a día de hoy solo funciona la azucarera del Guadalete en el polígono industrial El Portal?

Juan Fernández lo tiene claro y señala el bajo coste de la remolacha. "No es llorar ¡eh!, que yo no lloro", incide, a lo que luego continúa: "Si la administración no actúa, desde la raíz del problema, habrá un desabastecimiento seguro. De azúcar y de cualquier cosa. Está muy bien que España sea un país turístico, pero 40 millones de habitantes tienen que comer todos los días. Dicen que es que los agricultores lo único que hacemos es llorar por las subvenciones. No. Yo no quiero subvención, yo quiero que mi cultivo valga dinero”.

Sopla levante fuerte, son las seis de la tarde y la piel cuece con solo unos segundos al sol. Un camionero aguarda en su asiento mientras Diego Reina vierte todas las remolachas que ha recogido con su remolque. No sale de su vehículo, una vez que ha depositado todos los tubérculos vuelve al cultivo y se desliza con cuidado por el caminito de remolachas de azúcar que el maquilero ha ido dejando tras su paso. Así una y otra vez por la hectárea hasta cargar seis o siete camiones. ¿Por qué recoger la remolacha por la tarde con este calor? "¿Calor? Yo estoy fresquísimo en mi remolque", responde Reina. De familia de agricultores, este jerezano lleva desde los 18 años dedicándose al cultivo en su tierra, en Benalup y en las Cabezas de San Juan. Recoge patata, algodón, girasol, maíz, panizo y remolacha de azúcar. Recuerda que antes, hace tres décadas, su padre, Manuel Reina, no podía abarcar tanto y que por supuesto, la recogida la hacía a mano.

"Antes un tractor, con un arado, arrancaba las remolachas y luego una cuadrilla las recogían, las pelaban y las cargaban al camión", explica. Donde trabajaban 16, hoy trabajan dos. En la actualidad, los recolectores —casi siempre los propios agricultores— echan una media de dos horas al día para cargar siete camiones, mientras que antes, trabajaban bajo el sol unas nueve horas para cargar una media de dos camiones. La maquinaria y los avances científicos y tecnológicos sobre el terreno y el producto han hecho posible una mayor producción de la remolacha de azúcar. Juan Fernández asegura que cuando antes se sembraban 60.000 remolachas en una hectárea ahora se llegan a sembrar más de 150.000 unidades. No obstante, ha habido un descenso en el empleo del sector de la remolacha y ahora se siembran unas 7.000 hectáreas cuando antes, hace 30 años, se llegaba a sembrar cerca de 70.000. "Antes eran campañas de las tres fábricas a tutiplén. Recuerdo que mi padre incluso terminaba en septiembre", señala uno de los agricultores.

La remolacha en Jerez es un dulce que hoy sabe amargo. Está desapareciendo del Marco poco a poco, pero todavía sobrevive por dos razones: tradición y dinero. Juan Fernández confiesa que abandonó durante un tiempo el cultivo de remolachas, pero que volvió a trabajarlo hace unos cinco años por romanticismo. "Lo he retomado porque mi padre, lo que ha podido crear, ha sido gracias a la remolacha. Y para mí, era una lástima dejarlo". Y otro de los motivos es porque, según el ingeniero jerezano, “la azucarera siempre paga y nunca deja a deber, entonces es un dinero asegurado que tienes en tu bolsillo”. Los agricultores reclaman que el alimento recupere su valor inicial para que así vuelva a producirse aquel boom de los sesenta. "Lo que no puede ser es que España sea deficitaria de azúcar, que tenga que comprar fuera un producto que no tiene un control fitosanitario y que a nosotros no nos ayude nadie", finaliza una de las muchas —o pocas— voces de la agricultura de la provincia.

Sobre el autor:

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Claudia González Romero

Periodista.

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