Pasear por el mercado central de abastos de Jerez traslada al visitante a otra dimensión. El trajín es constante en unas instalaciones, con más de 130 años de historia, en las que trabajan durante horas y horas unos comerciantes que resisten los envites de la —eterna— crisis como pueden. “Estamos sobreviviendo”, dice un pescadero que lleva más de 20 años limpiando y sirviendo todo tipo de productos del mar en su pequeño puesto de la Plaza, donde llega por la mañana temprano después de levantarse a las tres de la mañana para ir hasta Mercasevilla por la mercancía que ofrece a sus clientes, muchos de ellos fieles desde hace años. “La cosa va mal”, dice sin tapujos, las ventas han descendido en los últimos años, pero aún dan para subsistir. Resistiendo, que es gerundio. “Los brotes verdes se verán en Madrid o Barcelona, aquí aún no lo notamos”, bromea. La limpieza, dice, es mejorable, así como los precios del parking más cercano al mercado, lo que hace que muchos posibles clientes se piensen dos veces ir a hacer sus compras a estas instalaciones.

“Todo es mejorable”, dice Juan Ignacio Parada, presidente de la Asociación de Comerciantes de la Plaza, quien señala que le gustaría, en nombre de los vendedores que trabajan en el mercado, que “los trámites fuesen más rápidos”. Se refiere, fundamentalmente, al proceso de licitación para la ocupación de puestos, ya que algunos se quedan vacíos al expirar una concesión y tramitarse la llegada del nuevo inquilino. La última vez que salieron a licitación, en octubre de 2015, se ofrecieron 13 puestos, destinados a la reparación de calzado, llaves, cuchillos, floristería o despacho de vinos, a la venta de frutas y verduras, o a productos de alimentos de dietética y congelados. Uno de los nuevos comerciantes confiesa que no le va mal —“no me puedo quejar”—, sobre todo por la afluencia de visitantes extranjeros, que prueban el género y valoran más la calidad de los productos. También porque tienen, dice, una mayor capacidad adquisitiva. “Es lo que nos salva”, confiesa.

El presidente de la asociación de comerciantes agradece al Ayuntamiento “su ayuda”, ya que está prevista la instalación de un baño para minusválidos, aunque le gustaría que los autobuses llegaran con “más fluidez” a Esteve y que se mejore la iluminación, que “no está como se debe”. Pero Parada reivindica las ventajas de hacer las compras en la Plaza, donde trabajan “profesionales que saben lo que hacen”, a diferencia de lo que se puede encontrar en mercados de abastos de otras ciudades, algo que corrobora Antonia, cliente habitual del mercado, quien lo defiende a ultranza: "Como lo que hay aquí, en ningún sitio".

El Ayuntamiento, a través de un proyecto de mejora, con un presupuesto casi 80.000 euros, ejecutado en 2016, realizó cambios en el sistema eléctrico, en el de protección contraincendios, en la solería, además de trabajos de carpintería y la sustitución del montacargas, aunque se antojan insuficientes para algunos comerciantes. “El suelo se encharca demasiado, cada poco tiempo se resbala alguien”, dice un pescadero de la Plaza, y una mujer que escucha la conversación le da la razón: “Yo estuve a punto de caerme”. Un incidente, interruptus, que no impide que el mercado esté a rebosar de personas que hacen sus compras habituales en un lugar que destaca por el trato cercano y la calidad de sus productos. “Es la Plaza más barata de España en cuanto a calidad-precio”, abunda Juan Ignacio Parada, quien señala que muchos comerciantes “pagan con fatiga” y siguen “arrastrando deudas de la crisis”, sobre cuya gestión tienen ya un máster.

“Una ciudad como Jerez no se merece el abandono que padece nuestra plaza de abastos”, apuntan desde Ganemos, a través de un ruego presentado en el pleno ordinario de octubre, ya que a su entender “defender dichas instalaciones municipales es la mejor forma de fortalecer el centro de nuestra ciudad”, por lo que piden que se encuentre “en el mejor estado de higiene y salubridad”, mejoras que contemplaba el proyecto realizado en 2016, el enésimo de carácter interno, tras los trabajos en profundidad realizados, por ejemplo, en 2007, cuando se remodeló la nave del pescado, o los de principios de los años 80 y 50 del siglo pasado.

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