La noche como aliada de la vendimia

González Byass recoge la uva de madrugada en el pago de Macharnudo, donde hay que "mancharse los pies de albariza muchas veces" para conseguir una buena cosecha

Un trabajador recoge uva mientras lo ilumina un tractor, en la vendimia nocturna de González Byass, en una imagen de archivo. FOTO: MANU GARCÍA
Un trabajador recoge uva mientras lo ilumina un tractor, en la vendimia nocturna de González Byass, en una imagen de archivo. FOTO: MANU GARCÍA

Paco se despierta a las tres de la mañana para llegar a tiempo al tajo. Se levanta, coge las tijeras, se pone el chaleco reflectante y coge la linterna que se colocará en la cabeza durante buena parte de la jornada. Es un detalle, pero esencial para su trabajo desde que hace unos se comenzó a vendimiar de noche. Él lo hace en la viña La Racha, en el pago de Macharnudo, donde recoge una uva que luego acaba convirtiéndose en vino de González Byass. Las cepas que vendimia Paco tienen 35 años de antigüedad, cuando lo habitual es que se renueven a los 30, aunque la bodega apuesta por mantenerlas porque “salen unos mostos de una calidad excepcional”, explica José Manuel Harana, el capataz.

La cita con los medios es a las seis y media, cuando después de unas breves explicaciones sobre el desarrollo de la jornada, la comitiva enfila la carretera de Trebujena en dirección a la viña. Unos cuantos kilómetros la separan del casco urbano de Jerez. El camino que conduce hasta el lugar de La Racha en el que se está recogiendo la uva coge varias curvas y cuestas antes de llegar al punto exacto. Una luz se ve a lo lejos. Es la de uno de los tractores que iluminan para que los trabajadores puedan ver las cepas.

La forma de trabajar es diferente. El silencio solo es interrumpido por el clic-clic de las tijeras de podar y por el motor de los tractores que iluminan a los trabajadores durante las horas de mayor oscuridad. La noche es fría. El rocío cala en los huesos y conviene ir abrigado. Paco lo está. Es su quinta campaña nocturna, más de 20 en total. “La viña me gusta porque me he criado en ella”, dice. Lleva desde muy pequeño ligado a tareas agrícolas. De hecho, además de vendimiar, también poda la viña para prepararla para esta época.

Un momento de una jornada de vendimia nocturna en viñas de González Byass. FOTO: MANU GARCÍA

Su compañero José también es faenerotrabajador de la viña en invierno— y corta uvas en una cepa situada a pocos metros. Él prefiere vendimiar de día, pero agradece ahorrarse las horas de calor. Tres décadas de experiencia lo contemplan y por su trayectoria ya prevé que esta campaña sea buena, “como la anterior”. Menos trayectoria tiene Vicente, que es la primera vez que trabaja en una vendimia nocturna. “Se está bien, hace más fresquito”, apunta. Acaba de terminar la campaña de melón, en la zona de Villamartín, donde no ha tenido esa suerte.

“Este año ha sido bueno, pero también complicado”, explica Manuel Delgado, ingeniero agrónomo de González Byass. Bueno, dice, porque ha llovido bien —unos 580 litros— que la tierra ha podido absorber, pero complicado porque esa lluvia ha traído humedad y alguna que otra enfermedad. “Pero hemos salvado la campaña con un 0% de incidencias prácticamente”, añade. Un mérito que José Manuel Harana atribuye al hecho de “mancharse los pies de albariza muchas veces”. No hay otro secreto.

Un trabajador rebusca en una cepa. FOTO: MANU GARCÍA

Con estos mimbres llegan a producir el 15% del vino de la Denominación de Origen Jerez-Xérès-Sherry. “En nuestro lagar se molturan 6,5 millones de kilos”, agrega Delgado, quien apunta que por el lagar de la viña La Canariera, en desuso desde 1985 y recuperado este año, pasarán 300.000 kilos de uva Pedro Ximénez.

“Hay que dar muchas vueltas para conseguir una cosecha con la calidad y la producción de este año”, insiste el ingeniero agrónomo, quien forma un “matrimonio laboral” con Harana —del que dicen que “ha nacido debajo de una cepa”—, y que a su vez es la extensión del enólogo Antonio Flores en la viña. “Es mi equivalente en bodega”, dice. “Cuando cortemos el último racimo lo que me queda es tomarme una copa de Tío Pepe para descansar de la adrenalina que crea esta incertidumbre”, comenta Harana provocando la risa de los presentes. Ya le queda menos para que llegue ese momento.

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