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Hace 112 años, un 12 de julio, falleció en la miseria en Jerez -su tierra natal- Don Ramón de Cala y Barea (1827-1902), uno de los políticos españoles fundamentales para entender los avatares revolucionarios del siglo XIX. Tuvo especial significación en la Gloriosa Revolución de 1868 y la I República Española. Ramón de Cala, es, además, un auténtico pionero en la formulación de un socialismo de corte andaluz, y su acción política, su oratoria, y sus obras, transmiten constantemente una tremenda sensibilidad, un enorme amor por lo andaluz, y un deseo de plasmar en fórmulas de gobierno andaluz los asuntos andaluces, dentro de una idea Republicana y Federal de España.

Fue poeta, político, periodista y ensayista. Como político, fue Síndico del Ayuntamiento, presidente de la Junta Revolucionaria de Jerez en 1868, Senador, y llegó a ser Vicepresidente del Congreso en las Cortes Republicanas, donde presentó el Proyecto de Constitución Federal de la República, que incluía un marco de Autonomía Andaluza. Al final de su vida, conoció la miseria, trabajó como peón en la construcción de una línea de ferrocarril, y murió en Jerez, en 1902, en un hospital de caridad. Ramón de Cala vivió intensamente el siglo XIX, sus anhelos, sus glorias y sus decepciones, y es uno de los personajes más interesantes de nuestra historia contemporánea.

Como periodista, fue director del periódico “La Igualdad”, y miembro de la redacción de “El Combate”,dirigido por José Paúl y Angulo (otro gran jerezano, profundamente revolucionario, hoy muy olvidado, al que la historia un día restituirá su digna memoria, aún intoxicada -siglo y medio después- por su supuesta participación en el asesinato del General Prim., en diciembre de 1870). Ramón de Cala tuvo una clara vertiente ensayística, con una obra cumbre: “Los comuneros de París: historia de la Revolución Federal de Francia en 1871”, donde relata los avatares –que vivió en primera persona- de la Comuna de París , y los primeros debates entre los distintos socialismos, dentro de la Asociación Internacional del Trabajo. En esta obra, de más de mil páginas, en su tomo 2, página 251, podemos leer:

“La Asociación Internacional de Trabajadores significa el organismo de la reforma que ha de realizar la emancipación de las clases desheredadas (…) legítima es su existencia y providencial su destino. Los buenos demócratas, los socialistas deben tenderle la mano y caminar con ella a un mismo fin; y si por ventura hallan errores en sus principios, discutirlos lealmente (…) Según mi parecer, razón tiene en abominar el salario… La tiene asimismo en combatir la presente propiedad individual. Pero se equivoca en la justicia del colectivismo, y se equivoca también inclinándose sin quererlo a un sistema autoritario que puede ser fundamento de reacciones y tiranías.

¡Ojalá sean infundados mis temores, y ojalá pueda, rectificando mis juicios, pedir un puesto en la asociación de los hijos del trabajo y de la desgracia!”

Este libro de Ramón de Cala, publicado en 1872 –45 años antes de la revolución rusa- recoge las primeras intuiciones sobre la deriva autoritaria del comunismo. A la luz de la trágica historia comunista del -afortunadamente acabado- siglo XX, en los que casi cien millones de personas han muerto por guerras, hambrunas y represión directa en regímenes comunistas de oriente y occidente , uno aprecia el carácter anticipador de las palabras de Ramón de Cala, en 1872, cuando hacía sólo cinco años que Karl Marx había publicado el tomo I de “Das capital” (1867).

Ramón de Cala también publicó, en 1884, “El problema de la miseria resuelto por la harmonía [sic] de los intereses humanos”, como  “Informe que presentó a la Junta formada en Cádiz para el estudio de la situación de las clases trabajadoras y su mejoramiento”. En este libro, Ramón de Cala, hace un pormenorizado análisis de la situación de miseria y marginación del campesinado, del obrero industrial, de las mujeres, de los niños, etc., y propone una reforma integral de las condiciones de trabajo, inspirada en los principios de su admirado Charles Fourier. El libro tiene un verbo inflamado en la denuncia de la miseria, y está lleno de reflexiones luminosas sobre el socialismo.

También es autor del librito “Sucinto proceso de las elecciones de febrero en la circunscripción de Jerez”, de 1891, donde denuncia la manipulación electoral y caciquil que sufrió la candidatura en la que él participaba.

El socialismo de Ramón de Cala está profundamente influido por el socialismo “utópico” de Charles Fourier, cuyas teorías conoció en los primeros círculos fourieristas gaditanos desde joven. El propio Cala dice: “Primero que republicano he sido socialista...Las relaciones de mi infancia pusieron delante de mi entendimiento el espectáculo horrible de la miseria, más pronto que las injusticias del régimen político.”

Este sentido profundo de la justicia tomó como eje la Autonomía: de las personas, de las ciudades, de las comarcas, cantones, regiones, etc., vertebrando el Estado bajo las ideas de Igualdad y Federación. Así, su socialismo es necesariamente radical cuando se trata de defender la libertad, y encontramos a Cala el 16 de septiembre de 1868, dirigiendo una partida de cien hombres armados que controla la ciudad de Cádiz, el día antes del Pronunciamiento de La Gloriosa. Encontraremos después a Cala en la defensa de la autonomía cantonal, y en numerosos hitos de la lucha obrera y campesina del siglo XIX.

Pero, con ser su figura luchadora digna del mayor respeto, el núcleo para mi más interesante y vivo de su pensamiento no está en su hermoso grito de guerra “¡Abajo lo existente! ¡Viva la Revolución!”, sino en su tempranísima convicción del carácter humanista del socialismo. Cuando sigue la estela de Fourier, lo hace en el convencimiento de que sólo el desarrollo pasional pleno del hombre conduce a la harmonía [sic] universal, y analiza para ello las pasiones afectivas, las pasiones sensuales y las pasiones secundarias que “conforman la variedad del genio de la humanidad”.

Ramón de Cala propugna que sin la conciliación armónica de este mundo pasional no puede construirse una sociedad más feliz. Este planteamiento, lejos del aparente utopismo, será retomado , en primer lugar, por Sigmund Freud y el psicoanálisis en 1900, con la emergencia de la esfera del deseo en la conciencia cultural de Occidente, y en segundo lugar, dicho discurso continuará en el freudomarxismo – uno de los sustentos ideológicos de Mayo del 68- , especialmente en la obra de Wilhelm Reich y sus investigaciones sobre la libertad sexual, y en la obra de Herbert Marcuse (véase “Eros y civilización” y “El hombre unidimensional”). La obra de Charles Fourier “Le nouveau monde amoureux” editada muy póstumamente  –curiosa coincidencia- en 1967, propugna una sociedad en que las pasiones de unos individuos se combinarían con las de los otros, con lo cual dejarían de ser perversiones. Y este trasfondo último de Fourier, lo repite Ramón de Cala en sus obras. El joven idealista  Karl Marx, hegeliano aún a su pesar, en sus Manuscritos económico-filosóficos de 1844, a sus 26 años, apuntaba en una dirección similar cuando escribió: “En la sociedad comunista, cada hombre amante será un hombre amado”. Pero después corrió demasiada sangre bajo los puentes…

Creo, pues, que en la obra del jerezano Ramón de Cala, que fue pionero en tantas cosas, figura la más completa defensa que del socialismo humanista se realizó en el siglo XIX español, sólo comparable a los planteamientos de su coetáneo el gran artista inglés William Morris. En Ramón de Cala está la más temprana crítica que conozco al “hombre unidimensional” y la alienación contemporánea. Ramón de Cala es -por su  ejemplo integérrimo- uno de los paisanos más ilustres de Jerez, al que los jerezanos tenemos tan ocultado, y es una figura intelectualmente muy potente, desgraciadamente olvidada por todos. En su obra encontramos las primeras formulaciones españolas sobre la idea de Derechos Humanos Universales, como hoy los entendemos, las denuncias más claras sobre la marginación de la mujer, etc.

Gracias al interés y la tenacidad del realizador Joaquín Domínguez Nuñez, , quien ha realizado un conjuro -con la magia de la luz  y de las sombras que siempre es el cine- que ha dado como resultado el milagro de restituirnos la memoria apasionada de Ramón de Cala.

Desde esta tribuna, en mi nombre, y en nombre del muy selecto club jerezano de amigos de Ramón de Cala, agradecemos  profundamente el esfuerzo de Joaquín Domínguez, que nos recupera  de entre las hondas tinieblas del tiempo y el olvido esta egregia figura, trayéndola de nuevo a la plaza pública y a la luz del siglo.

Hoy, miércoles 2 de julio de 2014, a las 21:00 horas, en la Sala Compañía (Plaza de la Compañía, Jerez) tendrá lugar el estreno del documental “Ramón de Cala: la forja de un Estatuto”. No se lo pierdan, es una ocasión única para acercarse a esta enorme figura jerezana.

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