El Ayuntamiento asegura que hay inversores interesados en los terrenos. Las instalaciones han sido desavalijadas desde que se cerró el hotel.

El antiguo Hotel Palmera Plaza lleva demasiados meses siendo víctima de robos y vandalismo. Más de dos años hace que las instalaciones cerraron sus puertas y, desde entonces, el enorme recinto situado en la calle Pizarro ha sido saqueado y expoliado hasta tal punto que apenas se le recuerda la grandeza que representaba para la oferta hotelera de la ciudad. ¿Qué solución tiene esta situación? Los terrenos tienen varias “novias”, aseguran desde el gobierno local. El teniente de alcaldesa de Patrimonio, Francisco Camas, hasta apunta que hay quién está interesado en “crear viviendas” en esta zona, muy cercana a la Real Escuela de Arte Ecuestre y a pocos minutos del centro de la ciudad.

La adquisición de los terrenos por parte de un nuevo propietario y la construcción de viviendas en el Palmera Plaza puede acabar con el vandalismo que sufren las instalaciones y propiciar un descanso para los vecinos, que se han llevado varios sustos en los últimos meses. La facilidad con la que se accede al antiguo complejo hotelero hace que pululen por él personas que han provocado más de un incendio. En las instalaciones quedan pocos utensilios de valor: grifería, cableado, butacas, cortinas, espejos, lámparas… Los amigos de lo ajeno han hecho estragos en unos terrenos que distan mucho de lo que eran hace años. Hay vecinos que hasta fueron asaltados por uno de los numerosos ladrones que han entrado en el abandonado hotel.

El Palmera Plaza abrió sus puertas en 2002, después de los Juegos Ecuestres, tras una inversión cercana a los nueve millones de euros por parte de sus primeros propietarios, la cadena catalana Prestige, que luego cedió el testigo a Vita Hoteliers, los últimos dueños de un hotel considerado de gran lujo que no pudo hacer frente a la crisis y que terminó despidiendo a sus trabajadores de forma abrupta, por lo que tuvieron que recurrir al Fogasa (Fondo de Garantía Salarial) para poder cobrar las nóminas que se les adeudaban. A los 25 empleados con los que contaba la cadena, que poco antes de cerrar vieron cómo las instalaciones se quedaban sin agua y sin gas, les duró poco la alegría de conocer que el hotel caía en unas nuevas manos, que apenas lo mantuvo abierto otros seis meses.

El paso del tiempo ha agravado la situación de unos terrenos en los que el abandono y el vandalismo han terminado convirtiendo un hotel de cinco estrellas en un enorme vertedero lleno de grafitis, vegetación salvaje y utensilios rotos. “Un vecino vio a un grupo de niñatos con un mocho impregnar el techo con algo, que a la vista está que era combustible porque enseguida le prendieron fuego. Llamamos a la policía y a los bomberos, que llegaron enseguida, pero horas después volvieron y otra vez le metieron fuego”, relataba una residente cercana a lavozdelsur.es hace unos meses, harta de sufrir actos vandálicos. “Recogimos firmas y no sirvieron de nada. Aquí pagamos un IBI como si viviéramos en un palacio y pasan de nosotros”, añadía.

“Es una incomodidad, un fastidio y un peligro que tengan unas instalaciones en esa situación”, reconocía el teniente de alcaldesa Francisco Camas hace unos meses, en referencia a los vecinos de la zona, aunque argumentaba que el Ayuntamiento no puede hacer nada al respecto: “Sus propietarios legítimos son responsables de cuidar de las instalaciones”. El propio Camas es quién avanza que hay inversores interesados en los terrenos y que su utilidad futura puede ir encaminada hacia el sector inmobiliario, aunque por ahora no se desvela el nombre de los posibles compradores.

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