Paco Holgado, el Padre Coraje de Jerez, ha fallecido este miércoles. Más de 30 años después del fallecimiento de su hijo, Juan Holgado, quien fue brutalmente asesinado en la gasolinera de Martín Ferrador, un crimen que no ha sido esclarecido.
La madrugada del 22 de noviembre de 1995, en una de las pocas gasolineras que abrían por la noche en Jerez, Juan Holgado fue atracado en la estación Campsa donde trabajaba como cajero. En el forcejeo fue apuñalado un total de 33 veces, dejándole agonizando en la trastienda. Juan tenía 27 años. Estuvo desangrándose durante casi una hora, y fue un taxista, al filo de las cinco de la mañana, quien al ir a pagar tras repostar descubrió al joven inerte en el suelo.
La escena del crimen quedó comprometida desde el principio: se permitió el acceso de la prensa antes de que se realizara una investigación adecuada, lo que pudo contaminar las pruebas, y además se limpiaron evidencias antes de un análisis completo. Durante la instrucción previa a los juicios, la Policía Nacional no analizó 23 huellas encontradas en la escena del crimen, pese a que estaban incluidas en el sumario. Para mayor agravio, a los diez años del asesinato, el juez permitió que se destruyera la ropa que Juan llevaba puesta el día que fue asesinado.
Infiltrado en los bajos fondos de Jerez
En este proceso, Paco Holgado, el Padre Coraje, se infiltró en los bajos fondos de Jerez, donde era conocido como Pepe El Gitano, conviviendo con prostitutas, toxicómanos y delincuentes, buscando una confesión o una prueba que arrojara luz al asesinato de su hijo.
La historia de Padre Coraje se llevó a la televisión en una miniserie dirigida por Benito Zambrano, donde el actor Juan Diego encarnó a Francisco Holgado. El caso se convirtió en un precedente del true crime en España y sigue siendo uno de los 468 crímenes sin resolver que la Policía tiene anotados entre 1990 y 2015.
La búsqueda de justicia destruyó también la familia por dentro: Antonia Castro y Paco Holgado, separados y enfrentados tras décadas de tortura psicológica, fueron quienes acabaron pagando las secuelas del crimen de su propio hijo. Como reza una frase del libro inspirado en el caso: "La ausencia de justicia corroen, destruyen, perturban, hieren, suplician, arrollan y matan con mayor eficacia a una familia que treinta puñaladas en el cuerpo de un hombre inocente".




