La muerte y enterramiento del llamado hermano Fernando, considerado durante años como el último cartujo vinculado a Jerez, ha abierto un complejo debate sobre su verdadera identidad canónica y sobre el papel desempeñado por la Diócesis de Asidonia-Jerez en sus últimos años de vida. Su entierro en el cementerio de la Cartuja, reservado históricamente a religiosos, ha actuado como detonante de las dudas de personas que lo conocieron y que han pedido que se aclare su caso.
La versión oficial difundida en su día por el obispo Juan del Río lo describía como "religioso profeso” de la Cartuja de la Defensión, basándose en un decreto de 2009 que ordenaba su cuidado y su futura sepultura en el cementerio monástico. Ese documento también recogía que el difunto había nombrado a la Diócesis heredera universal de todos sus bienes. Sin embargo, la Orden de los Cartujos ha negado ahora que ese estatus religioso fuese real.
Dom Dysmas de Lassus, prior de la Gran Cartuja —máxima autoridad de la Orden en el mundo—, ha confirmado en comunicaciones internas que el hermano Fernando nunca fue un religioso profeso, sino "donado perpetuo", una figura laica vinculada a un monasterio concreto pero sin votos monásticos. Y añadió algo aún más determinante: al cerrarse la Cartuja de Jerez, aquel vínculo dejó de tener validez. "La donación es un vínculo con una casa; al desaparecer la casa, desaparece la donación. Era una exageración por su parte haber conservado el hábito cartujo, razón por la cual le pedí, hace ocho o diez años, que dejara de llevarlo".

A partir de ahí comienza la parte más polémica. Según el prior general, años atrás ordenó al hermano Fernando que dejara de vestir el hábito cartujo y que no mantuviera contacto con determinadas personas por considerar que su comportamiento no era compatible con la disciplina de la Orden. Sin embargo, según los testimonios recabados, no obedeció dichas órdenes, lo que habría supuesto la ruptura total del único nexo que mantenía con la vida cartuja.
Ese presunto incumplimiento se suma a otro elemento: testimonios directos aseguran que llegó a presentarse como sacerdote ante terceros, hasta el punto de que algunas personas habrían llegado a confesarse con él creyendo que tenía esa condición. Según el derecho canónico, escuchar confesiones sin ser sacerdote e inducir a error sobre el propio estado clerical constituye una falta extremadamente grave.
A la espera de explicaciones
A la controversia interna se añade un posible conflicto legal civil. La Real Orden de 18 de julio de 1887 prohíbe la inhumación de cadáveres fuera de los cementerios comunes, salvo casos muy tasados: Familia Real, obispos y monjas de clausura estricta. Las voces que piden explicaciones consideran que, si el hermano Fernando no era religioso profeso, su enterramiento en el cementerio monástico podría no ajustarse a la normativa vigente.
El relato de quienes han investigado el caso también apunta a un supuesto "amparo institucional" por parte de responsables eclesiásticos que, consciente o inconscientemente, habrían evitado que la Orden actuara disciplinariamente. Señalan especialmente la intervención del actual obispo de Asidonia-Jerez, José Rico Pavés, quien habría pedido al prior general que no cortara definitivamente el vínculo del hermano Fernando con la Orden, pese a los incumplimientos señalados.
El propio Dom Dysmas, según esas comunicaciones, lamentó no haber actuado antes, convencido de que el hermano Fernando había perdido toda relación con la vida cartuja. Solo cuando recibió pruebas y testimonios sobre su actuación en Jerez —incluyendo su vida fuera de un monasterio y su uso del hábito— intentó intervenir, iniciativa que quedó paralizada por la advertencia del obispo jerezano.
Con el fallecimiento del hermano Fernando y su entierro en el Claustro grande del cementerio monástico, el conflicto ha estallado definitivamente. Las personas que reclaman transparencia exigen a la Diócesis que aclare cuál era exactamente su estatus, por qué se le dio trato de religioso profeso y bajo qué criterios se autorizó una sepultura reservada históricamente a religiosos, pese a la negativa expresa de la Orden. Una controversia que vuelve a situar a la antigua Cartuja de Jerez en el centro de un inesperado laberinto canónico y jurídico.
Este periódico ha consultado a la Diócesis de Asidonia-Jerez por esta situación y ha recibido la respuesta de que "nunca se ha dicho que el hermano Fernando sea sacerdote, sino monje cartujo, que hizo votos como lego. Después del Vaticano II a los legos se les llamó donados".



