“Hoy quiero compartirles una parte de lo que pasa en mi país”, saluda Luz Marina Bernal, activista colombiana nominada al premio Nobel de la Paz 2016, en la Biblioteca pública de Guadalcacín. Finalmente, el afamado galardón sueco se quedó en Colombia, no se lo otorgaron a ella, pero sí al actual presidente de la república colombiana, Juan Manuel Santos. “Tomaron la decisión por un fin meramente político pero que realmente sirve para presionarlo, para que cumpla con el proceso de paz”, expresa Luz Marina. Entre estanterías de libros y un público casi prácticamente formado por mujeres, habla del proceso de paz que firma Santos el 26 de septiembre de este mismo año y que posteriormente somete a plebiscito en octubre.

Si bien su presidente ya había dicho que sí, con un 63% de abstención, el pueblo colombiano, influenciado por el expresidente Álvaro Uribe, se pronuncia con un ‘NO’ ante el acuerdo de paz entre el Estado y las FARC, un movimiento revolucionario político paramilitar que somete al país a un estado de guerra civil desde hace más de 50 años. Frente a dicho conflicto armado se produce un binomio de quiénes son los buenos y los malos.

Para muchos colombianos el Estado es el bien y las FARC es el mal. Para otros esta línea es difusa y es vulnerable. Todos son villanos o héroes, y en determinadas ocasiones los llamados héroes se manchan las manos con sangre de inocentes. Luz Marina es una de esas personas que no sabe a quién demonizar y a quién sacralizar. Su tragedia, provoca que se pregunte qué ocurre exactamente en Colombia y qué sistema se está llevando a cabo para acabar con el paramilitarismo y la guerrilla. Su lucha comienza en 2008, desde que las fuerzas estatales decidieran secuestrar a su hijo mayor, asesinarlo y convertirlo en un mal llamado “falso positivo”, es decir, un crimen extrajudicial por parte de las fuerzas del Estado para presentar bajas de guerrilleros y paramilitares.

Luz Marina Bernal llega a España el 21 de octubre junto con su grupo Tramaluna Teatro para actuar en el Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz, además de ser invitada días después a un encuentro de Intermón Oxfam en Barcelona. La entidad jerezana también ha querido aprovechar su presencia para llevar a cabo distintas charlas y eventos para que la localidad conozca su historia: su drama y sus logros. “Aproveché esta visita para hacer incidencia política respecto a lo que está pasando en Colombia”, indica.

¿Y qué está pasando? “En Colombia hemos vivido un conflicto de una guerra que ha causado tanto daño a gente indígena afrocampesina y sobre todo a personas menos favorecidas. En mi país hay violaciones sexuales a mujeres, niños y niñas, y adolescentes; tortura; desaparición forzada; genocidios; masacres; reclutamiento de menores; trata de personas; secuestros con fines políticos; presas y presos políticos…”, señala, a lo que continúa: “Desgraciadamente en Colombia no solo las guerrillas y el paramilitarismo han violado los derechos humanos, sino también las fuerzas estatales de mi país; los miembros armados del Estado, la policía, el ejército, el Inpec (Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario), la fuerza aérea, la marina, la caballería… son los que han venido asesinando a una cantidad de personas de familias en condiciones difíciles. Se los llevan al campo a 20 kilómetros de sus casas y allí los asesinan y los disfrazan de guerrilleros para presentar bajas legales en combate”, defiende.

Lo cuenta mecánicamente, lo ha repetido tantas veces que no quiere ni que le corten el testimonio para no dejarse ni un mal, ni una violación, fuera del tintero. Luz Marina habla de tortura y asesinato por parte del Estado colombiano desde la presidencia de Álvaro Uribe y que todavía perdura en el mandato de Santos. Ella se convirtió en activista al ser víctima de los horrores que se estaban realizando en la república. El asesinato de su hijo Fair Leonardo Porras Bernal el 12 de enero de 2008 por la brigada móvil 15 en Ocaña, Norte de Santander, provocó que se dedicara en cuerpo y alma al activismo social, a destapar todos los casos de “falsos positivos”.

"Están prostituyendo a las niñas desde los 4 años y las filman con 14 para pornografía”

Estos casos no son algo del siglo XXI. Durante la Guerra de Vietnam las tropas estadounidenses se inventaban las cifras de los enemigos caídos en batalla para inflar su resultado con el fin de conseguir condecoraciones, ascensos, en definitiva, un mayor beneficio económico. En Colombia, tantos años después, ocurre algo parecido pero con un método más atroz. Mientras que los estadounidenses se inventaban las muertes, las fuerzas militares y policiales de Colombia, a día de hoy, secuestran forzosamente a campesinos de regiones totalmente olvidadas por el Estado, los asesinan y luego los visten de guerrilleros para que cuente como una baja del enemigo. No obstante, en esta historia el país de las barras y estrellas no queda impune. La nominada al premio Nobel de la Paz cuenta que en Colombia existen “siete bases americanas donde los estadounidenses entran con una inmunidad diplomática”. “No se les puede señalar como violadores de los derechos humanos, pero ellos están prostituyendo a las niñas desde los 4 años y las filman con 14 para pornografía”, afirma.

Luz Marina cuenta que “Álvaro Uribe Vélez crea una ministerial, la 029, que es la que da una recompensa amplia a cada militar que presente bajas en combate”. Ascensos, medallas, cruces al exterior y grandes permisos, son algunas de las innumerables recompensas económicas y sociales que desencadenan más de 6.000 ejecuciones extrajudiciales en todo Colombia durante los 8 años de gobierno de Uribe. “Realizamos un estudio en el que vimos que desde 1980 hasta 2012, en los gobiernos de Gaviria, Samper y Pastrana hubieron falsos positivos, como unos 38, 75, 120… Pero no con la misma masividad que en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, quien realizó una política sistemática con un modus operandi en todo el país. No solamente Uribe, Juan Manuel Santos tiene mucho que ver en esta presentación de resultados ya que los falsos positivos todavía continúan”.

¿Cómo se construye un cuerpo de seguridad con ansias de matar a inocentes con un fin económico? “Yo creo que se trata de la presión de los políticos. Para nadie es un secreto que Colombia está recibiendo dinero de todo el mundo para acabar con el narcotráfico, el paramilitarismo y la guerrilla; y resulta que este dinero lo tienen que justificar con caídos en combate. Entonces deciden presentar los resultados con jóvenes inocentes que no tienen ninguna inclinación política, ni son militantes, ni son sindicalistas…”, explica.

Su hijo mayor fue uno de ellos. Su muerte, junto con la de otros vecinos, ocasionó la movilización de “las madres de Ochoa”. Así fue como ella se convirtió en activista con el propósito de demostrar que su hijo no era el jefe de una organización narcoterrorista, como señalaron las fuerzas estatales, “sino un chico de educación especial que nunca llegó a aprender ni a leer ni a escribir, ni a identificar el valor del dinero con una discapacidad en su brazo y pierna derecha”. A causa de sus manifestaciones y sus exigencias ante los cuerpos de seguridad, Luz Marina recibe amenazas. “Comienzan el 19 de octubre del 2009. No paran de llegarle advertencias a otro de mis hijos, le persiguen constantemente y le llega una carta en la que decía: Lástima que la muerte de usted va a ser en vano, pero de alguna forma su mamá se debe de callar. Lo que me obliga a sacar a mis tres hijos de la casa”, relata con el ceño fruncido.

"Conseguí que en 2013 se condenara a los seis militares que asesinaron a mi hijo a 64 años de cárcel"

"No ha sido fácil buscar justicia en Colombia, pero a pesar de ello, aposté por demostrar que mi hijo era inocente y conseguí que en 2013 se condenara a los seis militares que le asesinaron a 64 años de cárcel y que se reconociera crimen de lesa humanidad", contesta orgullosa, pero devastada por la experiencia. Han pasado ocho años desde el asesinato de Fair Leonardo y tres desde que ganara su batalla, pero la herida, por lo que se comenta durante la charla en la pedanía, nunca se cierra. Por sus méritos ante la justicia, le proponen llevar a La Habana una propuesta de paz con el fin de llegar a acuerdos con la guerrilla más grande del país, las FARC. De ahí su nominación al Nobel de la Paz, por su involucración en el proceso de paz. Luz Marina, por lo que ha sufrido y por empatía a que nadie más lo padezca, prefiere "unos malos acuerdos a que continúe la guerra" por ambas partes. Ella votó SÍ.

Sobre el autor:

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Claudia González Romero

Periodista.

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