El Palacio de Congresos que se llevó la crisis de 2008 será demolido

La empresa Bahía Gadir Inversiones compra a Solvia una parcela de la que solo conservará el sótano como aparcamiento

El fallido Palacio de Congresos, en una imagen reciente.
El fallido Palacio de Congresos, en una imagen reciente.

El teniente de alcaldesa de Urbanismo, José Antonio Díaz, ha avanzado que el Ayuntamiento “ha dado el último paso necesario para posibilitar la petición de licencia de demolición de los restos de la estructura del edificio del Palacio de Congresos y hotel, ubicado junto al Hospital de Jerez, en la unidad de ejecución 10.17 Cooperativa, cuya parcela ha sido adquirida a Solvia (inmobiliaria del Sabadell) por una empresa de Chiclana, Bahía Gadir Inversiones, para su promoción de actividades económicas, estando prevista la conservación del sótano como aparcamiento.

Díaz ha explicado que la junta de gobierno local ha aprobado la licencia de parcelación de la manzana donde se asienta este edificio, “estando próxima la presentación por parte de la empresa de la licencia de demolición y del correspondiente proyecto para llevar a cabo esta actuación tan esperada”.

De esta forma, y en palabras del teniente de alcaldesa, “el gobierno de Mamen Sánchez ha dado “un paso de gigante para hacer desaparecer unos de los vestigios más visibles de la época de desafuero inmobiliario, que ha perdurado hasta ahora en una peligrosa estructura que generaba inseguridad e insalubridad en la zona, además del impacto visual tan negativo que supone”.

Además de eliminar “un vestigio del urbanismo agresivo de tiempos pasados, con la demolición de esta estructura se mejorará de manera notable la imagen de esta vía de acceso a Jerez. Este gobierno está dando soluciones a proyectos que se encontraban paralizados desde hace tiempo, como es el caso que nos ocupa de un edificio abandonado desde hace más de una década, en cuyo lugar va a haber actividad económica”.

Un proyecto que agonizó desde 2008

En abril de 2006 se presentaba a bombo y platillo el futuro Palacio de Congresos y Exposiciones que, junto a un hotel, aspiraba atraer al año a miles de congresistas a la ciudad. Año 2006. La burbuja del ladrillo sigue en pleno apogeo. En toda España se siguen construyendo bloques de pisos y urbanizaciones más allá de la demanda real, ayuntamientos y comunidades autónomas anuncian proyectos más o menos faraónicos y nadie se imaginaba que dos años después, la quiebra de Lehman Brothers, uno de los mayores bancos de inversión del mundo, significaría el comienzo de la mayor crisis económica desde la del año 29 del siglo XX.

Aquel año en Jerez, con Pilar Sánchez como alcaldesa y con Pedro Pacheco al frente de la Gerencia Municipal Urbanismo, se anuncia el proyecto de un nuevo Palacio de Congresos en unos terrenos junto al hospital de Jerez y frente a la nacional IV, planteada ya como futura avenida integrada en la ciudad. Baremo 80, la empresa promotora del proyecto junto a la sociedad Hispánica de Congresos, obtiene en marzo de 2007 la licencia urbanística para iniciar la construcción de un complejo, sobre el papel espectacular, que no sólo incluía el edificio congresual, sino también un hotel adjunto de cuatro estrellas, diez plantas de altura y 200 habitaciones; un edificio de apartamentos turísticos, oficinas, un área comercial y un gran sótano de aparcamientos. Y todo ello, rodeado de jardines y paseos sobre una superficie de 28.000 metros.

Más de una década después, el fantasmagórico esqueleto de lo que iba a ser ese complejo se ha convertido, por desgracia, en un elemento más del paisaje de la avenida Reina Sofía, objeto de saqueadores en un primer momento, rincón de grafiteros posteriormente e incluso lugar perfecto para algún que otro con ideas suicidas. “La obra era complicada, porque el proyecto era muy complejo”, recordaba en un reportaje de lavozdelsur.es Domingo Ramírez Pazos, jefe de obra por entonces, que afirma que en el punto álgido de los trabajos llegaron a haber hasta 120 personas entre albañiles, ferrallistas, encofradores y encargados. Tiempos de vacas gordas, antes de la crisis, en los que algunos albañiles de 20 ó 22 años llegaban con coches mucho mejores, incluso, que los de sus propios jefes.

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