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El desgaste acecha al gobierno socialista. La situación podría agravarse porque se acerca el momento de la verdad en la toma de decisiones de calado para el futuro del Ayuntamiento. 

El gobierno municipal escenificó el pasado martes algo parecido a una crisis. Una crisis un poco de teatrillo, de títeres si se quiere (ahora que están tan de actualidad), pero crisis al fin y al cabo. La cosa estuvo a punto, pero luego fue que no. Que no de puertas para afuera, claro, porque dentro están pasando cosas. La espantá de Laura Álvarez, que luego resultó que era de broma –dicho solo para entendernos- no deja de ser un síntoma inequívoco de que algo pasa en el gobierno socialista. Lo que está por ver es si ese movimiento de horas de Álvarez ha sido por motivos estrictamente personales o si, por el contrario, es fruto de una fricción entre la correlación de fuerzas interna de los socialistas, que no hay que olvidar que el hecho de que sean pocos no significa que no estén divididos, que una cosa no excluye a la otra: el PSOE jerezano lleva en sus genes el espectáculo.

Aunque el gobierno de Mamen Sánchez ha procurado mantener desde el comienzo un tono político bajo y una actitud incluso relativamente naif ante la gestión, amparándose hasta cierto punto en la bisoñez de sus (no) socios, Ganemos e IU, todos nuevos en la plaza y en la política institucional, y en un PP que todavía sigue relamiéndose las heridas y replanteándose su propio liderazgo local, lo cierto es que ocho meses de acción de gobierno con una minoría tan minoritaria (con perdón) empieza a pasar factura personal a algunos de los concejales de Mamen Sánchez, eso está claro, sin perder de vista que las placas tectónicas del PSOE chocan continuamente. Es posible que Laura Álvarez esté cansada, desde luego, son muchas horas de dedicación a tres delegaciones tácitas en un solo área, como es Empleo, Recursos y Deportes, son infinidad de informes, de reuniones, de visitas… pero no es menos cierto que además de los problemas que causa toda esta materia debe enfrentarse –al menos en el sentido de tener enfrente- a parte de sus propios compañeros de gobierno, con el responsable de Economía y Hacienda, Santiago Galván, a la cabeza.

Si Laura Álvarez es mujer de confianza de Mamen Sánchez, Santiago Galván es el hombre de la secretaria local del partido, Miriam Alconchel, y además se está confirmando como uno de los valores más sólidos del gobierno (que tampoco es mucho decir, que son cinco concejales de facto). El hecho de que Alconchel esté de diputada en Madrid no significa que se haya olvidado de Jerez, y de sus reticencias a que el PSOE (perdón, a que Mamen Sánchez) gobernara, al menos en estas condiciones, en la quinta ciudad de Andalucía tras los discretos resultados obtenidos en las municipales. Mientras Laura Álvarez da muestras de pasar por una época existencialista en su debut en política –algo que, al parecer, le sucede a todos los noveles- está claro que Galván ha pasado ya al siguiente estadio, que es una especie de estoicismo pero con disfrute, a lo sabrosón (por si alguien está interesado en conocer la opinión del cronista sobre el tercer estadio, evidentemente es el nihilismo). No es que los dos segundos espadas estén reproduciendo abiertamente el enfrentamiento de sus líderes, pero es evidente que están en camino: ya han comenzado con los malentendidos. Ahí está lo ocurrido el martes…

Es inevitable que el hecho de que el gobierno municipal haya nombrado a alguien como Rocío Montero coordinadora de la macroárea que lleva Álvarez se valore desde un punto de vista más político que técnico, por mucho que la propia Montero pretenda huir de esta etiqueta y quiera dejar claro desde un principio que su trabajo va a ser estrictamente técnico. Montero fue concejal de Hacienda y Patrimonio durante el pacto del PSOE y el PSA y hasta ahora era jefa de Personal del Ayuntamiento. Como en política no existen casualidades (bueno sí, la renuncia de la responsable de Comunicación, Pipi Gago, coincidiendo con el teatrillo del martes de Carnaval) el nombramiento de Montero viene necesariamente a apuntalar la gestión de Álvarez en el día a día, descargarla de trabajo, otra cosa es que sea la política socialista la que tenga que dar al final la cara ante los nubarrones que se avecinan en el Ayuntamiento de Jerez aunque, bien pensado, los nubarrones son tan negros que la que va a tener que dar la cara y a base de bien va a ser inevitablemente la propia Mamen Sánchez, ya no es que a Álvarez la desborden los problemas, es que lo va a hacer la enjundia de los mismos.

La posible huelga en Urbaser; la repercusión en la nómina de la plantilla de la reducción en un 5% del capítulo de gasto corriente y la readmisión (o no) de los afectados por el ERE de 2012, entre otros asuntos, tejen un horizonte muy problemático para un gobierno municipal que comienza a evidenciar su precariedad. Han transcurrido ocho meses, que aunque a algún concejal se le hayan podido hacer duros, en realidad va a resultar que han sido simplemente de tanteo…  

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