La Ampa cree que Educación pretende dejar con una línea el colegio y trasladar niños al CEIP San Vicente de Paúl, que tiene sólo cinco matriculados.

“No nos escuchan”, dicen los padres de alumnos de tres años del CEIP Federico García Lorca, de la zona Sur, que reclaman el mantenimiento de las dos líneas de Infantil de tres años para el curso que viene. Tras cerrarse el plazo de matriculación hay 26 niños inscritos, dos de ellos con necesidades educativas especiales, por lo que no llegan a los 28 que se exige para contar con más de una clase.

El centro, a través de la Ampa, asegura que Educación impide que se matriculen más niños, procedentes de otros centros donde se han quedado sin plaza, para completar el cupo y que puedan contar con dos líneas de tres años. Así, perderían un profesor, el de Educación Especial, ya que los dos alumnos con necesidades educativas especiales no presentaron la documentación que acreditara su situación en tiempo y forma.

Aunque uno de ellos ya lo ha hecho. María José Cabrera es la madre de un pequeño de tres años con posible déficit de atención e hiperactividad, según le han comentado en Upace. “Apunté al niño al colegio público porque se supone que había pedagogo y maestro de apoyo… pero no es así”, se queja esta madre.

Con la protesta realizada en la puerta del colegio esperan hacerse oír. “Estamos abandonados”, señala Cristina Mirabet, vicepresidenta de la Ampa, que cuenta otros problemas que tiene el centro, por ejemplo, que llevan años esperando tener comedor propio. Tienen las instalaciones y sólo habría que acondicionar una cocina, pero hasta este curso están yendo al CEIP San Vicente de Paúl, en Cerrofruto, para lo que tienen que cruzar con los niños de la mano, sobre las dos del mediodía, por la calle Beato Diego de Cádiz, bastante transitada a esa hora.

La respuesta de Educación, básicamente, suele ser la misma: “No podemos atender su solicitud”. Por eso los padres temen que terminen perdiendo la línea de tres años a favor del San Vicente de Paúl, que sólo tiene a cinco niños matriculados. “Los niños de tres, cuatro y cinco años están en la misma clase”, relata Mirabet.

Estas son ahora las principales reivindicaciones de los padres del centro, aunque tiene otras muchas taras que ha ido acumulando con el paso del tiempo. Hace al menos 15 años que no pintan el colegio y los gatos campan a sus anchas por el arenero de la parte de Infantil. De hecho, hasta algunos niños han cogido infecciones por jugar en la arena donde miccionan los felinos. “Si los gatos pagaran la cuota de la Ampa seríamos millonarios”, ironiza la vicepresidenta.

“No son animales, son nuestros hijos, no sin apoyos”, reza en uno de los carteles con los que posan los padres en la puerta del colegio. Esperan que, haciendo presión, sean escuchadas sus peticiones. “Ponlo grande”, gritan al despedirse. Puesto queda.

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