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lavozdelsur.es, tras un caso en Madrid que ha acabado en tragedia, relata uno de los pocos casos de acoso escolar solucionados en Andalucía en el que acosadores y acosada han logrado convivir en el mismo centro.

“No podía dormir. Me encuentro en tratamiento desde que lo supe; temes que le puedan agredir al salir del colegio porque nunca sabes si te está contando toda la verdad”. Así describe Ana su estado desde que su hija María de 12 años, tras mucho insistirle, fue capaz de reconocer que era acosada en el colegio. “Le decían gorda, gafotas, esperma, no sirves para nada y se quedaba aislada”. En casa, Ana había notado ciertos cambios en su hija: no quería ir al colegio, ni salir de casa, estaba apática y se enfadaba de forma desproporcionada a la mínima. Sin embargo, fue su profesora quien dio la voz de alarma ante el empeoramiento del comportamiento de la chica en el centro: estaba sola en el recreo, no se esforzaba y sus notas habían descendido. Antes, por el contrario, siempre se había caracterizado por ser una niña trabajadora, la primera en ayudar a los demás compañeros, especialmente a los discapacitados. “Cuando me contó lo que le sucedía, nos dirigimos al IAPAE (Instituto Andaluz de Prevención de Acoso Escolar) y al día siguiente se pusieron los medios para comprobar si era cierto y atajarlo”, cuenta la madre de María.

Tema tabú

“El acoso escolar es entendido como el maltrato psicológico, verbal o físico hacia un alumno o alumna producido por uno o más compañeros y compañeras de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado”, según establece la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía. Rafael Romero, director del IAPAE, señala que la línea roja entre una riña o una mala conducta puntual y el acoso es la reiteración. No obstante, la segunda parte de la definición da pie a valoraciones e interpretaciones subjetivas a la hora de determinar si ciertas conductas son propias o no del acoso escolar, dado que según la normativa debe implicar “inferioridad de uno de los participantes”. Es por esto, que con frecuencia, “si a un niño aparentemente no le molesta que le insulten, los profesores no lo consideran acoso, sin tener en cuenta que una de las características de estos alumnos es que no manifiestan su malestar, entre otros motivos, por miedo o vergüenza”, aclara Romero.

Del último Informe Cisneros X se desprende que en España 4 de cada 10 alumnos sufre Acoso y Violencia Escolar (AVE), de ellos un 10% mediante agresiones y amenazas físicas, conocido comúnmente con el término anglosajón ‘bullying’' (matonismo). El resto -al igual que la hija de Ana- se hallan sometidos a violencia psicológica (hostigamiento, aislamiento, insultos, estigmatizaciones). Nacho Rodríguez, orientador del IES Almunia, opina en base a su experiencia que “la probabilidad de que el número de casos sea aún mayor es alta porque son muy pocos los alumnos y padres que se atreven a denunciarlo”.

El director del IAPAE asegura, además, que el AVE es un tema tabú en todos los centros escolares de Andalucía y, por supuesto también en Jerez, donde pudo comprobarlo el pasado mes de abril en una charla ofrecida en el IES Padre Luis Coloma impartida a docentes y profesionales de los centros educativos de la ciudad. “De los presentes nadie admitió que en su centro hubiera algún caso; en general, no tienen valor de hacer frente a la problemática y se lavan las manos, dicen que lo tienen controlado hasta que una niña se quita la vida, entonces sí se lo plantean, pero tampoco por mucho tiempo”, lamenta Romero. “Es un problema de la inspección de Educación que intimida a los centros que adoptan medidas para que no se le echen los padres encima”, apostilla.

Desde el IAPAE siempre aconsejan a los padres de los alumnos acosados presentar la denuncia y un informe psicológico forense a los medios de comunicación. “Los responsables de los centros saben que la denuncia tarda mucho tiempo en tramitarse y no se preocupan, de modo que la repercusión mediática es la única forma de que el centro tome alguna medida al respecto”, explica.

Las claves: prevención y protocolos

El caso de María fue una excepción en todos los sentidos. La profesora alertó a la madre y más tarde aplicó el protocolo establecido por el IAPAE. Una persona vigilaba a la hija de Ana de 8.30 a 15.00 horas para cerciorarse de que efectivamente sufría acoso escolar. Con el informe que lo acreditaba en la mano, “el director habló con los padres de las alumnas y alumnos implicados; no hizo falta castigarlos ni expulsarlos porque reaccionaron muy pronto al ser conscientes del daño provocado a María”, relata Ana. Su hija y alumna acosada actualmente asiste a terapia impartida por el propio director de IAPAE, al que Ana se refiere como su “ángel de la guarda” y en el colegio se llevan a cabo dinámicas para concienciar de la problemática.

“No existe perfil de niño víctima de acoso escolar. Nadie está libre de padecerlo porque es un problema de actitud, parecen indefensos porque llegan a asumir la situación como algo que simplemente les ha tocado a ellos y callan”, afirma Romero. Según el experto, "el 80% de los alumnos acosados se vuelven acosadores, ya que piensan: ahora le va a tocar a otro”. El acosador es aquel que resuelve los problemas mediante la agresividad, “un cobarde que pretende alcanzar la posición de líder mediante el miedo”, precisa el director de IAPAE quien también destaca la figura de los compañeros pasivos, “permanecen indiferentes y se convierten también en responsables”.

"El 80% de los alumnos acosados se vuelven acosadores, piensan: ahora le va a tocar a otro”

En el caso de María, paradójicamente, los padres no han tenido la respuesta positiva de sus hijos, negando la mayor, a pesar de la madurez mostrada por parte de los alumnos acosadores. “Generalmente, se muestran reticentes cuando el acosador es pequeño – como sucede en el caso de María-, pero cuando el acosador es mayor los padres se lo esperan y la reacción suele ser positiva”, afirma el orientador del IES Almunia, Nacho Rodríguez.

 “Las expulsiones suponen en unos casos un premio para el alumno, y el cambio de centro no es más que trasladar el problema"

En cuanto a los pasos a seguir una vez detectado uno de estos casos, Rodríguez y Romero mantienen diferentes opiniones. Por un lado, Nacho defiende la aplicación del protocolo establecido por la Consejería de Educación. Mientras, el director de IAPAE critica las medidas coercitivas que implica ese protocolo. “Las expulsiones suponen en unos casos un premio para el alumno, y el cambio de centro no es más que trasladar el problema, en ningún caso solucionarlo”, asegura Rafael Romero.

Desde el Instituto Andaluz de Prevención de Acoso Escolar optan por la prevención desde las guarderías y la reinserción de los acosadores así como por un cambio de actitud de los acosados de quienes, dice Romero, "no saben resolver conflictos debido a la indefensión aprendida". Por otra parte, advierten de que el uso de la tecnología implica el mismo tipo de acoso a través de nuevos dispositivos cuyo alcance y repercusión es mucho mayor, de ahí que recomiendan que chicos y chicas no posean su propio teléfono móvil hasta los 16 años, un mayor control de su actividad en las redes sociales y de los contenidos a los que acceden en la Red. “Hay que reeducar a los padres y a los niños. En situaciones graves, los acosadores se han arrepentido y, así como en el caso de María, conviven y todos asisten a terapias para mejorar la actitud y ser más asertivos”.

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