Crónica de Jerez cuando se apaga y quedan los esenciales: "Estamos siempre, somos servicio público"

El toque de queda deja una ciudad vacía de repartidores, taxistas, policías y servicios como la limpieza. "La gente está más quemada esta vez, se nota"

Taxistas de Jerez, pasadas las 22 horas, tras el toque de queda.
Taxistas de Jerez, pasadas las 22 horas, tras el toque de queda. MANU GARCÍA
07 de diciembre de 2020 a las 22:06h

Un grupo de agentes regula el tráfico en una rotonda. Es prácticamente una circunvalación. Varias avenidas convergen hacia la de la Universidad, que enfila hacia la carretera de Arcos. Son algo menos de las diez. Ya se ve alguna prisa por volver. En apenas cinco minutos, el silencio. Se acabó el control. Apenas duran unos minutos y en busca de otro punte para controlar dos cosas: el toque de queda de las 22 horas y el confinamiento perimetral. Sobre el primero, basta ver las calles pasada esa hora para comprobar que no hay apenas un alma. Quizás alguien se baja del último tren procedente de Sevilla, pasadas las y media, y alguien le recoge. Estaría justificado como lo está el propio viaje en sí.

Los controles de tráfico del perimetraje son los que han podido hacerse desde las autoridades. La delincuencia no ha bajado tanto como para que puedan controlarse todas las carreteras. Además, Jerez tiene muchos núcleos rurales, entre los que se permite viajar, por lo que lo importante para el cumplimiento ha sido el respeto a las normas. No han sido tantas las multas porque en esos controles casi todo eran viajes justificados. Lo más obvio, bolsas llenas de compra, por ejemplo, de alguno de los centros comerciales, sí han acabado en sanción.

Agentes de la Policía Nacional en Jerez.
Un coche pasa por una rotonda en un control policial. FOTO: MANU GARCÍA

Pasadas las diez, frente a la estación de trenes, se congrega un grupo de taxistas. Alejandro preside Teletaxi, la asociación de los conductores. Cuentan que apenas se dan algunos viajes al hospital. Hablan tranquilos alrededor de una calle vacía. Del citado tren de Sevilla, solo habrá un viaje. Los servicios se han dividido. "No llega a 50 servicios entre 10 compañeros de 11 a siete de la mañana", cuenta. "Pero estamos porque somos servicio público". Son los esenciales. 

"Es como en los toros: a las seis de la tarde el primer aviso", cuenta otro taxista. A la noche, pañolada. No hay nadie prácticamente. Porque "los servicios que entran de noche son a partir de las cinco y media, de gente que va a trabajar. Hasta que no llegue la vacuna, y la Junta y el Gobierno abran un poco... nada". Ya vienen de haber perdido el 2020 de Semana Santa, Feria, verano, Navidad, "y algún concierto". Y todo, lidiando "con IVA, autómos, seguros... que son una flipada, 2.300 euros le han perdido a un compañero". "Nos lo tomamos con resignación", explican. 

Pero "algo nos llevamos. Uber se fue y el cliente del taxi es nuestro cliente. En cuanto hubo pandemia no se les vio más. Nosotros somos un servicio público y seguimos desde marzo". Y son un poco psicólogos. "El otro día se echó una chica a llorar por esta situación". "Lo mío fue en el primer viaje que di hasta Sanlúcar en muchos meses, que eso también se ha perdido. Y se quedó nueva, yo callado, dejando que me contara. Se ve que la gente está más tensa que antes esta vez".

Un taxista muestra las mamparas interiores instaladas. FOTO: MANU GARCÍA
Un taxista muestra las mamparas interiores instaladas. FOTO: MANU GARCÍA

Una de esas cosas que tiene Jerez cuando se apaga es que, si alguien te ve por la calle, te observa. Quizás te mire un trabajador de un bar que sirve a domicilio comiéndose un trozo de pizza de final de jornada sobre el respaldo de la moto. Porque repartidores sí se ven al comienzo de la campanada de las 22. Otros, en el hospital, fuman cerca de la puerta de Urgencias, porque cada uno lleva su historia, y también te observa pasar. La calle Larga, eso sí, salvo por los bares, a las once de la noche está silenciosa y apagada, pero a menudo lo está en día laborable a horas similares. Desde una ventana se escucha algo de juerga, música, aunque no un fiestorro.

A ras del suelo trabajan Joaquín y Gabriel, con una manguera y un camión para la UTE Jerez, concesionaria de limpieza. "A las diez y media se ve algún repartidor. No se ve nadie", cuentan. No se ven ni personas paradas por agentes, porque no hay a quién. "Para nosotros hasta más fácil limpiar, aunque da pena esta situación". En los barrios, eso sí, algunos son más laxos. Hay quien pasea a su perro. Pero de reuniones, de esas que todo el mundo dice ver, hay poco testimonio gráfico que lo asegure. Jerez cumple. En la calle solo están los esenciales.

Joaquín y Gabriel, en plena jornada junto a la rotonda de los Casinos. FOTO: MANU GARCÍA
Joaquín y Gabriel, en plena jornada junto a la rotonda de los Casinos. FOTO: MANU GARCÍA​

 

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Pablo Fdez. Quintanilla

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