En el corazón del Pago Jardal, a escasa distancia del mar y bajo la influencia directa de las brisas atlánticas, una pequeña finca familiar de Rota ha logrado situarse en el mapa nacional del vino. Finca La Pintora, con apenas tres hectáreas y media de viñedo, representa uno de los proyectos más singulares del litoral gaditano, no solo por su carácter artesanal, sino por su papel clave en la recuperación de una variedad histórica: la tintilla de Rota.
El reconocimiento ha llegado en forma de doble distinción en el certamen Vinespaña 2026, donde dos de sus elaboraciones han obtenido medalla de plata en la categoría de vinos ecológicos. Por un lado, el Chardonnay 2023, un blanco estructurado y de carácter atlántico; por otro, la Tintilla de Rota 2022, un vino dulce natural que resume la identidad del proyecto.


Pero más allá de los premios, la historia de esta finca es la de una familia empeñada en preservar un legado que estuvo a punto de desaparecer. Al frente del proyecto se encuentra José Carlos Ferris, ingeniero agrónomo y heredero de una tradición vitivinícola que se remonta varias generaciones. Su relato está profundamente ligado a la figura de su padre, impulsor de la recuperación de la tintilla en la zona.
"La variedad tintilla de Rota la recupera mi padre. Aquí había alguna cepa suelta y mi padre, que venía de rama familiar bodeguera por parte de mi abuela, decide junto a mi abuelo impulsar una bodega en el Marco de Jerez y comprar una parcela en Rota que tenía tintilla autóctona y pura", relata.


Ese paso fue determinante no solo para la familia, sino para el futuro de la variedad. "Se llevaron parte de ese viñedo, lo injertaron en la viña que tenía la familia y ahí es donde yo me he formado profesionalmente, porque desde los 17 o 18 años pasaba allí todas las vendimias y elaboraciones", recuerda.
Sin embargo, el proyecto estuvo a punto de truncarse. "Cuando mi padre enferma, otros hermanos que gestionaban la finca veían el viñedo como un negocio poco rentable y decidieron arrancarlo para dedicarlo a otros cultivos", relata. Fue entonces cuando se produjo el punto de inflexión. "Antes de que lo arrancaran, mi padre habló conmigo y me dijo que si me venía a Rota podíamos comprar una parcelita y seguir con la tintilla para que no se perdiera. Y eso hicimos".
De un proyecto mínimo a una bodega con identidad propia
Lo que comenzó como una iniciativa casi experimental ha terminado consolidándose como un proyecto con identidad propia. "Empezamos muy poquito a poco, después un poquito más y así hasta hoy. Tenemos tres hectáreas y media de viña, más o menos la mitad es tintilla y el resto lo repartimos entre chardonnay y palomino".
Ese crecimiento progresivo ha ido acompañado de una apuesta clara por la calidad y la elaboración artesanal, con vendimia manual, mínima intervención y certificación ecológica desde 2019.


Ferris subraya además el valor de la tintilla como variedad singular. "Es una variedad muy poco productiva y por tanto poco rentable si quieres hacer un vino de gran tirada, pero si buscas un vino exclusivo y de calidad, para mi gusto es la mejor variedad". Y añade que su recuperación fue clave para reactivar el interés en la zona. "El vino que hicimos en su momento fue reconocido durante dos años consecutivos y eso supuso un impulso importante para que otras bodegas empezaran a trabajar con tintilla".
La Tintilla de Rota que elaboran en la finca es un vino naturalmente dulce, fruto de vendimias tardías que concentran azúcares y aromas en la propia cepa. Ferris destaca su versatilidad gastronómica. "Aunque su sitio natural puede ser el postre, es un vino que marida perfectamente con foie, quesos o frutos secos, y en invierno con carnes potentes, caza o setas".
Por su parte, el Chardonnay premiado refleja la influencia directa del entorno. Cultivado sobre suelos de albariza y bajo la cercanía del mar, presenta un perfil fresco, con notas tropicales y una marcada mineralidad salina, resultado de las condiciones climáticas del litoral.

Detrás del proyecto de Finca La Pintora hay una base profundamente familiar, impulsada por varias generaciones. Los orígenes se remontan al trabajo de José Ferris y Nieves de la Rosa, padres de José Carlos Ferris y pilares fundamentales en la recuperación y continuidad de la actividad vitivinícola. En la actualidad, junto a él, también desempeña un papel clave su mujer, Jerusalén Villegas, encargada de la comunicación, el impulso en redes sociales y la organización de las experiencias de enoturismo que complementan la actividad de la finca.
Enoturismo y experiencias en la viña
Más allá de la producción, Finca La Pintora ha diversificado su actividad hacia el enoturismo, apostando por experiencias que combinan vino, arte y naturaleza. "Estamos haciendo catas completas con visita a la viña, pero también actividades complementarias para que sea una experiencia más atractiva", explica Ferris.
El nombre de la finca, de hecho, tiene un origen familiar ligado al arte. "La finca se llama así por mi madre, que es pintora, y estamos organizando talleres de pintura donde la gente visita la viña, hace una cata y después pinta un cuadro. La gente sale muy contenta, es una manera de compartir un rato con amigos y hacer algo diferente".
Tras el reconocimiento en Vinespaña, el objetivo de la familia es consolidar el proyecto sin renunciar a su carácter artesanal. "La idea es mantener los vinos que estamos elaborando ahora mismo, mantener el chardonnay y la tintilla dulce", afirma Ferris. No obstante, también contempla nuevas líneas de desarrollo. "A medio plazo nos gustaría incorporar una tintilla seca, un vino tinto 100% tintilla de Rota".



