"Mi maestro decía que hacer churros es terapia de psicólogos. Llegas con depresión y se te quita"

Antonio Padilla comenzó hace años en un negocio del que habla casi enamorado. "El secreto es echarle riñones", dice desde su kiosko

Antonio Padilla, en su puesto de churros con Pepe, uno de sus habituales.
Antonio Padilla, en su puesto de churros con Pepe, uno de sus habituales. MANU GARCÍA

Los churros no son la auténtica salud, parafraseando a aquel, pero como desayuno contundente, quizás pocos en el mundo le planten cara -perdón por los chovinismos-. El café con churros no será salud, y quizás menos el chocolate, pero para las mañanas de trabajo, de esas que empiezan cuando está casi más cerca la medianoche que el amanecer, pocos mejores remedios, especialmente cuando llega el frío. Los descansos de guerreros carpetovetónicos. Por eso, las plazas de abastos suelen tener churrerías cerca.

Antonio Padilla apenas ha salido de ella desde que empezó en el negocio. Lleva 11 años con los churros. A sus 39 años, trabaja de lunes a domingo. Empezó en La Vega, en el mítico local a escasos metros; luego con un carro ambulante y ahora lleva uno de los kioskos frente a la plaza. "Mi maestro decía que esto es una terapia de psicólogos. Llegas con una depresión y se te quita, el cara a cara con la gente. Aunque yo soy muy cortado. No valdría para pregonar pescado". 

Antonio, en plena faena en su kiosko de churros. FOTO: MANU GARCÍA
Antonio, en plena faena en su kiosko de churros, atiende a lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA

A las cinco y pico suena el despertador para estar una hora después en la plaza. Primero, limpieza, "que eso del covid y limpiar para mí no es nuevo, hasta con la goma la calle". Pero lo que más le cuestan no son las mañanas de frío, explica, sino las de verano. El tiempo acompaña, pero sales "durmiendo menos". Y peor, los domingos. "Estás muy solo. Soy el primero en estar en la plaza los domingos. Ya no viene gente de fiesta, se nota". Si no hya fiestas, no hay churros, aunque el Gobierno haya legislado, al menos de momento, respecto a madrugar.

El kisoko reabrió tras el confinamiento el primer día que le permitieron -"veías una ciudad muerta"-. Tras la limpieza de rigor diaria, mantiene la freidora encendida hasta las 12 de la mañana. Limpia, apaga. Y vuelve después de apenas media hora. "Son los mejores churros de Jerez, díselo", grita una clienta cuando empezamos la entrevista. "El secreto es echarle riñones, me lo decía mi maestro, Juan Luis, que estaba en este puesto antes que yo". "Le he robado mucho de vista. La masa y el punto de fritura, y el aceite limpio, casi todos los días", añade.

Los churros, preparados para cortar. FOTO: MANU GARCÍA
Los churros, preparados para cortar. FOTO: MANU GARCÍA

Uno de sus clientes habituales es Pepe, pero no es de toda la vida. Porque vivió muchos años en Suiza, en Ginebra. "Este kiosko lo conocí en los 60. Amigos míos de Suiza vienen aquí expresamente a ponerse morados de churros". Habitual de churros, hay cosas peores. "He estado 50 años en Suiza. Allí no tienen de esto". Volvió en 2007 a su tierra. "Lo que tenemos aquí no nos damos cuenta. Allí, un café solo y un cruasán", dice con acento francófono.

Ahora faltarán fechas clave con la misma gente de siempre. Las tardes de compras en un centro que va perdiendo negocios que atraigan clientes. Pero Antonio seguirá. Este año, quizás, habrá menos niños. "Les regalas un churro mientras están esperando que salgan y ya es tu amigo para toda la vida". Y los mayores. Como cuando entrega a domicilio. "De Madrid me han pedido churros". "¿De Madrid?". "Sí, un hombre para que se los llevara a su madre". Que la normalidad del covid no apague la freidora. Que hay que seguir pringando el café.

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Comentarios (1)

lolo Hace 11 meses
Oleeeeee el padilla ahi....buenos churros si señor doy buena FE de ellos voy con mi padre y mi hija de 3 años, te deseo todo lo mejor Padilla buena persona y trabajador. Me encanta ir en Navidades con mi mujer mi hija y mi padre a comer churros y un cafelito alli en la plaza.
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