'El quinto país del mundo' recoge el círculo migratorio de los Acuña, familia madrileña que emigra a Venezuela y acaba residiendo en Jerez.

Sus papás, naturales de Madrid, fueron enterrados en Venezuela, con bandera y tierra españolas; Paradójicamente, las cenizas de su esposo venezolano fueron esparcidas en el Guadalquivir mientras sonaba el Concierto de Aranjuez. Caprichos del destino. Carmelina (Madrid), que actualmente reside en Jerez, tiene el corazón partido porque no quería regresar a España, una de las razones porque su hijo varón vive en el país latinoamericano y otra porque “me siento venezolana”.

Se ve lejano, pero un día los españoles fueron refugiados. Después de haber permanecido durante la Guerra Civil tres años en la embajada de Panamá, y luego intentar tomar vuelo durante la dura posguerra, el padre de Carmelina, médico de profesión, decidió abandonar su tierra, Madrid, y poner rumbo a Venezuela a principios de los años 50. Poco después se sumaron ella, su madre y su hermana. Trece días en barco hasta llegar a la nueva tierra, por aquel entonces moderna, abierta, multirracial. “Había coches estupendos que nunca vi en España”, donde creía que solo había muchos indios, cuenta la propia Carmelina a sus 82 años. La de Caracas era una sociedad más avanzada que la española —que sobrevivía a una posguerra herida— y no discriminaba a los extranjeros, ni censuraba el mestizaje.

A su llegada la joven, que en aquella época presumía de tener 16 años, tuvo que luchar contra los prejuicios de los suyos, de su familia. “El cambio fue muy difícil. Mi madre no quería que hablara venezolano, no me dejaba ir al colegio, solo me movía en los círculos de sociedad de los españoles”. La madre de Carmelina tenía previsto que se casara con un español, pero sus planes se vieron truncados, pues la joven inició una relación con un venezolano. Cuando sus padres se enteraron le dieron “una buena zurra”. Hoy día, dice, “la gente quiere que los españoles se casen con españoles y los portugueses con portugueses”. La historia de los Acuña y los relatos de esta madrileña, venezolana por elección y finalmente jerezana de adopción han inspirado El quinto país del mundo, de Begoña Olabarrieta, con el que según cuenta su autora sirve para entender mejor el proceso migratorio, así como para hablar de “las falsas ideas que condicionan la incorporación de los migrantes a sus nuevas realidades”.

Para acabar con su relación su madre se la de vuelta a España y pretendieron meterla en un convento. Inició una huelga de hambre con el fin de evitarlo. Carmelina perdió peso, “me empecé a sentir mal” y a los 18 meses regresaron a Venezuela. “Los propios españoles son los que tenían prejuicios, no llegaban a integrarse, rechazaban todo los venezolano porque tenían la concepción de que ellos, los europeos, eran superiores”, puntualiza la autora del libro.

Contra todo pronóstico, Carmelina se casa a los 21 años con Enrique, de quien únicamente le ha podido separar la muerte. Pero pagó muy duro las consecuencias, aún hoy se emociona al contarlo. Se casó sin sus padres y tampoco contó con el apoyo de sus progenitores en el primer aborto y el primer parto. “Eso es muy duro”. Tuvo que adaptarse a los horarios, al clima, a evitar pronunciar palabras cuyo significado allí era diferente al de España, y a la comida. “Ahora soy de arepa”, reconoce con sorna. Su familia política la “adoraba”, y poco a poco la relación con sus padres se normalizó. Tuvo dos hijas y un hijo, una vida feliz.

El ambiente en el país latinoamericano cambió. Su hija Lolita explica que se volvió muy inseguro, tanto que su hijo —nieto de Carmelina— decide marcharse a Estados Unidos, pero le convence de que mejor vuelva a España, a los orígenes de la familia. Y así lo hizo. Vino a vivir a Jerez donde residían aún algunos familiares y se enamora de la tierra. “Para nosotros la unión de la familia es muy importante. Yo renuncié a todo, vendí mis posesiones, renuncié a mi empresa, mi trabajo… a todo. Conocidas se vieron y al no lograr aquí la misma posición social han regresado. Yo no. Prefiero permanecer en Jerez con mi familia”, cuenta la hija de Carmelina, de 47 años, quien sí ha padecido el síndrome de Ulises: un cuadro intenso de estrés que afecta a la autoestima. “Yo nunca pensé que iba a solicitar mi nacionalidad española y vi que había colas en el consulado”, afirma.

Lolita comenzó a colaborar con Ceain donde conoció a Olabarrieta, la que después sería la autora del libro que recoge el círculo migratorio de su familia, los Acuña. Le solicitaron que convenciera a Carmelina para que ofreciera una charla con el objetivo de concienciar sobre la discriminación y los mitos sobre las personas migrantes. “Y yo dije, ¿pero eso es necesario? En Venezuela no se discrimina a los extranjeros”. Finalmente la charla tuvo lugar, y de ahí parte el origen de El quinto país del mundo. 1 historia, 214 millones de migrantes y 10 prejuicios. Carmelina cuenta su experiencia, las anécdotas en torno a cada imagen de su vida que lo ilustra… Asombrada de cómo ha evolucionado la sociedad española, no lo niega: “No estoy aquí obligada porque tengo 82 años, aunque mi vida es artificial”.

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