Una jerezana, perteneciente al Cuerpo Nacional de Policía, escoltaba al Cristo cuando el capataz le propuso llevarlo sobre su hombro. "Se formó un poco de revuelo al coger la horquilla para poder llevarlo", asegura la agente.

"Mi madre nos llevaba a la calle Porvera y nos sentábamos a ver los pasos en los escalones, en los bordillos". Ana María Fernández, de 36 años, la pequeña de once hermanos, recuerda así la Semana Santa durante su infancia. Esta jerezana, que siempre ha vivido en la barriada Eduardo Delage, reconoce que es creyente pero nunca ha formado parte de una hermandad. Sin embargo, este año se convirtió en el objetivo de todos los focos el Viernes Santo al ser la primera mujer que cargó al Cristo de la Expiración.

Ana María, agente del Cuerpo Nacional de Policía, entró en la academia en 2010 y desde hace cuatro años ejerce su trabajo en Madrid. Estando de prácticas salió de escolta una vez en representación del Cuerpo escoltando al Cristo. El pasado año murió su madre, cuenta, y no le apeteció salir en la hermandad a la que pertenecen dos de sus sobrinos. Pero estaba decidida a salir esta Semana Santa. Para ello se dirigió al inspector encargado de coordinarlo. "Le llamé diciéndole que tenía muchas ganas y me dijo que sin problema. Me indicaron el día y la hora que tenía que irme para allá. Yo escoltaba al Cristo junto a dos guardias civiles, y otros dos compañeros de la Policían Nacional hacían lo propio con a la Virgen.

Fue un hito, porque nadie lo esperaba y menos su portagonista. Fue algo espontáneo. "Los compañeros guadias civiles me dijeron que en otras ocasiones los hermanos les habían dejado cargar y yo dije que me gustaría. Luego uno de los cuadrilleros me lo ofreció y dije que sí, que por supuesto”. Según los miembros de la hermandad se trata de la primera vez que una mujer cargaba al Cristo de la Expiración. Lo hizo a lo largo de dos chicotás: por fuera del paso, desde la Alameda Vieja hasta el Arenal y por debajo, un tramo por San Miguel. Al principio se puso muy nerviosa porque, además, Ana María es muy tímida. "El hecho llamó la atención de la gente, se formó un poco de revuelo al coger la horquilla para poder llevarlo, empezaron a hacer fotos".

Asegura que en todo momento le ayudaron dando indicaciones, "me lo pusieron súper fácil". Después de acabar todo el recorrido reconoce que llegó a casa muy cansada: "Fueron muchas horas, pero estaba muy eufórica, es una gran una satisfacción y un orgullo que me dejaran estar con ellos". El día después tuvo muchas agujetas, "no podía levantar los brazos y le pregunté a mis sobrinos que si era normal y lo es". A la pregunta de si considera que existe machismo en las hermandades y cofradías responde que no lo cree "en absoluto". "Es una tradición y los hermanos siempre lo llevan". Y no lo duda: si el año que viene puede, repetirá la experiencia: "escoltarlo y, si me dejasen, volvería a cargar el paso".

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