La niña Cristina Zamorano, de seis años, perdió a su madre, Cristina; a su padre, Pepe; a su hermano, José; y a su primo, Félix, en el accidente ferroviario ocurrido en Adamuz (Córdoba). El suceso truncó de forma abrupta la vida de una familia originaria de Huelva, que repartía su día a día entre Aljaraque y Punta Umbría y que se convirtió en uno de los símbolos del impacto humano de la tragedia. En cuestión de instantes, la menor quedó sin su núcleo familiar más cercano, una circunstancia que ha conmocionado a su entorno social y educativo.
En el municipio onubense donde residían, vecinos, allegados y familiares han trasladado su respaldo a la pequeña y a sus abuelos, que han asumido su tutela. El mensaje reiterado en el entorno cercano es que la niña no afrontará sola las consecuencias del siniestro. Amigos de la familia, antiguos compañeros de trabajo de los padres y personas próximas a la madre han mostrado su apoyo desde los primeros momentos, en un clima marcado por el duelo colectivo.
El colegio Tierrallana-Entrepinos, al que acudían los menores desde hacía apenas unas semanas, ha comunicado a la familia su compromiso de acompañar a Cristina durante toda su etapa formativa. El centro ha abierto una cuenta bancaria destinada a recabar aportaciones que ayuden a cubrir los gastos derivados de su educación y ha anunciado que profesores y alumnos se implicarán para ofrecerle respaldo emocional en los próximos años. Desde la dirección se subrayó que la institución considera prioritario atender y acompañar a la menor en un momento de especial dificultad.
Varios actos de despedida
La red educativa a la que pertenece el centro también organizó actos religiosos en memoria de las víctimas y manifestó su intención de asumir los costes de la escolarización de la niña hasta su acceso a la universidad, teniendo en cuenta la situación económica de los abuelos. En las aulas, la ausencia del hermano fallecido dejó un profundo vacío entre sus compañeros, mientras que en la clase de la menor se sucedieron escenas de tristeza y silencio. La imagen de la niña saliendo del tren accidentado y buscando a su familia quedó grabada en la memoria colectiva.
El jueves se celebró el sepelio de la familia Zamorano-Álvarez tras la instalación de una capilla ardiente en el pabellón municipal de deportes. Durante el acto, los compañeros del hermano lanzaron globos al aire en señal de despedida, en un gesto cargado de emoción. La ceremonia estuvo marcada por el dolor, pero también por la determinación del entorno de acompañar a Cristina en los años venideros.





