La tragedia ferroviaria de Adamuz (Córdoba) sigue dejando al descubierto el lado más humano del accidente. Más allá del balance oficial, con 39 personas fallecidas y más de un centenar de heridos, los relatos de quienes viajaban en los trenes y de sus familiares permiten reconstruir los minutos posteriores al choque, marcados por el pánico, la oscuridad y la incertidumbre. Son testimonios recogidos en distintos programas de televisión que evidencian el impacto emocional que aún persiste.
Para muchos pasajeros, el trayecto transcurría con normalidad hasta que algo empezó a fallar. No hubo aviso previo ni margen de reacción. Un movimiento extraño, un ruido seco y, de repente, la sensación de que todo se descontrolaba dentro de los vagones. A partir de ahí, cada segundo quedó grabado en la memoria de los supervivientes.
"Se apagó todo y empezó el caos"
Lucas Merakio, que viajaba en el quinto vagón del tren de Iryo, relata en El programa de Ana Rosa cómo percibió los instantes previos al impacto. "Veníamos muy tranquilos, pero comenzó una vibración que no era normal", explicó. Esa vibración se intensificó hasta convertirse en un golpe que dejó el convoy sin luz. "Pasó el otro tren, se apagó todo y se sintió un golpe fuerte".
Tras el impacto, el silencio duró apenas unos segundos. "Después, silencio, equipaje que se caía y gritos de fondo", recordó. El miedo se apoderó del vagón mientras los pasajeros trataban de entender qué había ocurrido. "No sabíamos qué hacer", admite Lucas. Entre las escenas más duras, el sobreviviente mencionó a "una niña de diez años que no encontraba a sus padres" y a una pasajera que se salvó por casualidad. "Una mujer del vagón ocho fue al baño, estaba ocupado y se vino al cinco, y por eso se salvó".
Embarazadas graves y familias rotas
La tragedia no terminó al salir del tren. En Espejo Público, Alberto García pone voz al sufrimiento de muchas familias que aún esperan noticias. Dos de sus hijas viajaban en uno de los convoyes. La menor y su pareja lograron salir con vida y ya han recibido el alta. "Han sido dadas de alta sin problemas", señala, aunque siguen buscando a su perro, desaparecido tras el accidente.
La situación más crítica es la de su hija mayor, embarazada de cinco meses. "Está en la UCI, sedada e intubada, con una fractura en una vértebra", explicó su padre. Los médicos vigilan posibles daños cerebrales y, por ahora, solo han podido confirmar que "el bebé tiene latido". El recuerdo que su otra hija conserva del momento del choque es confuso y estremecedor: "A partir de ahí hubo gritos, llantos, carreras, gente que se movía y gente que no".
"Pensé que era el final"
En El programa de Ana Rosa, otra superviviente también relata entre lágrimas cómo perdió de vista a su hermana, también embarazada. "Me giré, miré a mi hermana como diciéndole adiós y se apagó todo", cuenta Ana, con una manta alrededor y muestras visibles de que ha sido atendida por los médicos. Intentó acercarse, pero se lo impidieron. "Me dijeron que estaba pisando a una niña y no pude acceder".
La mujer fue evacuada por una ventana mientras veía a su hermana inconsciente al otro lado del vagón. "Yo empecé a gritar que estaba embarazada", recordó. Los equipos de emergencia lograron sacarla y ahora permanece ingresada en la UCI sin pronóstico. "No sabemos qué va a pasar con ella", añadió, describiendo el interior del tren como "una película de terror".
Oscuridad, rescates y abandono
Desde el otro tren implicado, el Alvia que se dirigía a Huelva, Santiago Rosendo explica en Herrera en COPE cómo se inició el accidente. "Un frenazo muy brusco y después un estruendo", relata. Su vagón comenzó a desplazarse hasta quedar ladeado. "Todo quedó absolutamente oscuro". Dentro, el caos fue inmediato. "Había llantos, gritos y ataques de histeria", explica en el programa. Las maletas salieron despedidas y "un asiento se arrancó del suelo, atrapando a una mujer". Ante el calor y la falta de aire, los pasajeros rompieron un cristal con el martillo de emergencia. "Forzamos la puerta y salimos como pudimos".
Ya en el exterior, intentaron ayudar a otros viajeros. "Del vagón dos se escuchaban gritos, pero el uno era imposible, era un amasijo de hierro", recordó. Tras recibir el alta, criticó la gestión posterior. "La única información que tuvimos fue por los medios, nadie nos llamó". Mientras continúan las labores de rescate y la investigación sigue abierta, los testimonios de Adamuz retratan una tragedia que ha dejado cicatrices físicas y emocionales difíciles de cerrar.
