El sorprendente caso de la chirigota sin tipo

Este grupo callejero de cuatro miembros deslumbra cada carnaval con su estilo mínimo. Sus muchos seguidores les aguardan cada año para un solo pase en el mismo portal, el mismo día y a la misma hora

Los miembros de la chirigota durante su segundo y último pase del año.
Los miembros de la chirigota durante su segundo y último pase del año. REYNA
22 de febrero de 2026 a las 21:12h

Todas las historias del carnaval de la calle, sean sus protagonistas mujeres, hombres, jóvenes o maduros, hablan siempre de casualidad, de naturalidad. Probamos, jugamos. Son los verbos que utilizan casi a coro porque coinciden con la verdad y con sus recuerdos.

Los de Carmela Torres y Vega López encajan en esa esencia de simplicidad, juego y experimento. "Un año, sería 1990, los trabajadores de la Fundación de Cultura dijimos que íbamos a hacer una chirigota para la calle. Para el segundo fin de semana. Al final, se rajaron casi todos pero salimos unos cuantos", recuerda Vega López de sus inicios.

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Un momento del pase. REYNA

Carmela tiene una experiencia similar. "En los últimos 40 años hemos dejado de salir 3 ó 4, los carnavales en los que nuestros hijos eran muy pequeños. Las primeras veces fueron chirigotas grandes, mixtas. Eran muy malas pero eso en la calle da igual. Uno del grupo decía que cuando se acercara alguien a escuchar le pisáramos fuerte un pie para que no pudiera darse la vuelta y huir", recuerda entre risas.

Las dos habían visto aquellas primeras callejeras, las originales y genuinas, encabezadas por Paco Leal. Hablan de Los buscaoros o Los peliculeros. Se contagiaron de esa idea que sirve para alumbrar cualquier chirigota ilegal: "¿Por qué no lo intentamos?".

Vega, nacida en Casablanca, no tenía más vínculo que el de espectadora ocasional y curiosa a jornada completa. En el caso de Carmela Torres sí había una influencia directa.

"Mi familia tenía el Bar Juani, un clásico en Puertatierra, allí ensayaban los grupos de El Carota y otras chirigotas míticas. Yo crecí escuchando aquello, con hombres mayores que bebían manzanilla por las noches. Era un ambiente muy distinto al de ahora".

Amigas desde los 20 años, tanto que decidieron hacerse vecinas, fueron alimentando esa diversión de febrero hasta que llegó el cambio clave.

Hace unos 15 años se les ocurrió una idea. Vega López y su pareja, Pepe Vélez, paseaban por Nueva York. Quizás por deformidad profesional –fueron los responsables de la programación cultural de los teatros gaditanos durante 25 años–, se les fue el ojo.

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Ambiente en la actuación este segundo domingo de carnaval.  REYNA

Vieron a varias personas con una maceta en la cabeza, atada. No cantaban, no bailaban, sólo caminaban con ella entre risas propias y ajenas. De vuelta a Cádiz, decidieron aplicar la visión e improvisar. Ese año salieron ellos dos con Carmela Torres y su pareja, Miguelo Valencia. Nadie más.

Había nacido "el cuarteto caletero". Probaron esa fórmula. Sin tipo, sólo algo en la cabeza (una maceta, un marco incomparable, un patito hinchable, un escurridor, una lamparita… Cada año "un concepto", en 2026 una cangrejera) y vestidos de calle. Sin atrezo, disfraz, maquillaje, nada. Sin instrumentos, sólo las palmas.

Un ritual con cientos de fieles seguidores

Repertorio breve: seis cuplés cortos, exactos, sarcásticos, deslumbrantes y afilados. Sólo un escenario, el célebre portal de la calle Sagasta, 36.

Sin recorrer calles ni moverse, sólo un rato, algo más de una hora, puede que dos, cada tarde de cada domingo de carnaval. Nunca hay un segundo pase ningún otro día en ningún otro lugar..

Cuando decidieron usar esa fórmula, que nadie más utiliza en la fiesta gaditana, todo explotó. "Ahí cambió todo. A la gente le gustó. Cuando cantamos los seis cuplés nuevos empezamos con los de años anteriores y es casi mejor. Se los saben, los esperan. Así toda la tarde".

Tienen un ritual: "Siempre quedamos para almorzar temprano. Luego salimos en moto al centro. El tipo entero, es decir, el sombrero, tiene que caber en el bolso. Cantamos en nuestro sitio hasta que anochece y nos retiramos".

"Si somos ejemplo de algo es de que con más de 60 años también se puede"

Convertidos ya en grupo de visión obligatoria en carnaval, aseguran no sentirse ejemplo de integración de la mujer en el carnaval de la calle: "No nos sentimos ejemplo de nada –dicen al unísono–. Nunca hemos reparado en que fuéramos mujeres en el carnaval. Salimos y ya está".

"En todo caso –ríen– seríamos ejemplo de que con más de 60 años también se puede salir en carnaval". Lo dicen porque los cuatro superaron hace un tiempo esa frontera temporal y están jubilados.

Cuando se les pregunta por la explosión de las mujeres en la fiesta en la calle, dan una pista sabia: "Hay menos normas, horarios y compromisos que en el Concurso Oficial del Falla y en otras actividades laborales, deportivas o culturales, se ensaya poco y entre amigos. Quizás sea eso".

"A las mujeres les penaliza, les castiga todo lo relacionado con horarios, familia, agenda, niños… Y la calle es más fácil, exige menos tiempo, menos disciplina. Quizás pueda ser una parte de la explicación".

Sobre el autor

Afot

José Landi

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