Lopera, el 'bétiko' devoto

La muerte de Manuel Ruiz de Lopera (1944-2024) creó leyenda desde su personaje. Líder controvertido, excéntrico y divertido, metió y encajó goles al Betis que amó

Lopera, en éxtasis, tras ganar la Copa del Rey en 2006.
Lopera, en éxtasis, tras ganar la Copa del Rey en 2006.

Antonio Machado repetía que no siempre se puede ser neutral. Hay que militar en una causa. En su milenaria Sevilla sobrevive lo dual, sobre la gloria o las tinieblas.  El 8 de marzo de 1890 se enfrentó el Football Club hispalense y Huelva Recreation Club fundado semanas antes, en 1889.

Aquellos equipos, llenos de británicos, escoceses e irlandeses expatriados fueron los pioneros del fútbol español. La escisión del equipo sevillano llegó en 1909 con el nombre del Betis Football Club, cuyo nombre honra al Guadalquivir, como lo bautizaron los romanos en Hispania.

El escudo del Betis reparte en un triángulo, de origen masónico, barras blanquiverdes de los colores del Celtic de Glasgow. La corona representa lo borbónico y parte del resto de su historia pulula con un Presidente torero (1928-29), Sánchez Mejías. Otro nominó el estadio heliopolitano, Benito Villamarín (1955-65). La primera socia de derecho, Rafaela Majó, tardó en inscribirse. Hasta 1974 no ganó la batalla legal contra el machismo.

Lopera irrumpe

En 1992, cuando se forzaron crear Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) para regir los Clubs de Fútbol en divisiones profesionales, el Real Betis Balompié (RBB) rumiaba ruinas, golpes de pecho y palabrería. Su cantada desaparición por deudas colocó a un desconocido al frente del Club. Hizo fortuna vendiendo y recogiendo electrodomésticos impagados. Después acumuló millones, locales, polígonos y bloques con buen ojo inversor más el oxígeno bancario, avales, letras de cambio y cheques pos datados.

Manuel Ruiz de Lopera Ávalos, ante talibanes tiesos, irrumpió con frases. Para centrarse: "Fijarze bien"; para definirse: "Soy diabético, es decir, dos veces bético". Para comprar mayoría accionarial, con dinero prestado, según el Tribunal Supremo: "Estábamos en la UVI; nadie daba un duro...".

Preguntando por la ubicación de popes verdiblancos dijo: "¿Dónde estabais en el 92?". Tildó, inclusive, de ‘criaturitas’ al beticismo que ‘acolapsaba La Palmera’. La sonrisa hueca que trufaba con palabras conquistó a una legión de seguidores sobre el papel del supuesto héroe salvífico. Era un Dios.   

El carisma textual de Lopera acudía, con acento cateto ‘made in Fontanal’, al corazón de un equipo ya popular, querido y rival -sin acritud- del que pasea Copas y señorío por Europa. Aquel Sevilla FC SAD lo igualaba en poderíos con guasa un equipo, el Betis, que llena consultas de cardiólogos por ganar o perder en descuentos, penalties, o hace millonarios en quinielas por sus inesperados resultados. El Betis, con Lopera al mando, creó peñas en los cinco continentes, en misiones internacionales del ejército. Hasta un colectivo aljarafeño lleva un sugerente nombre: ‘Lo que diga Don Manué’.

La ingeniería financiera del fútbol-negocio no fue ajena a Lopera, su equipo con despachos y el del césped. Sociedades en Rusia, BV holandesas, pagarés con fechas infinitas, letras de fajo y contratos heterodoxos llenaron el Villamarín de jugadores top: Finidi, Alfonso, Cuéllar o Denilson. Y de lanzadores natos (Assunçao, el del portero asustao, según versificaba el irrepetible escritor Manuel Melado al micrófono del estadio).

También hubo gloria por ganar una segunda Copa del Rey, en 2005, y por primera vez en la historia del fútbol andaluz competir en la Champions. Los fiascos se sucedieron con sendos descensos de categoría, pleitos, proceso concursal complejo (falleció el administrador, el sucesor dimitió al cercarlo prácticas heterodoxas) iniciado tras ’vender’ acciones Lopera a Luis Oliver.

Lopera se aleja

La salida ‘loperiana’ del Betis nunca fue real. Sus detractores y defensores son irredentos. El equipo verdiblanco necesita héroes, villanos, mitos y leyendas. Lopera ya regaló al mundo un personaje unido al fetichismo de templo, estampita o caridad de ¿regalar? sus acciones a las ‘criaturitas’, al no tener hijos. Los palabros de Don Manué, su gestualidad y esa pillinería que atrapa por dramática suman al Betis más eterno. El que atrapó a una nómina de celebridades: Curro Romero, María Galiana, Morante, Felipe González, Alejandro Sanz, Malú, Kiko Veneno o la Duquesa de Alba qepd.

Despierta tal consenso político el RBB que hasta en el Congreso de los Diputados hay un ‘Foro Bético de las Cortes’ que integran parlamentarios de todas las siglas representadas en el hemiciclo español. Lo lidera el Vicepresidente de la Cámara Baja Alfonso Rodríguez Gómez de Celis. La noble idea es ‘ayudar al diálogo y a la concordia en tiempos complejos, de elevada crispación y polaridad’. Ojalá sirva de algo el saber aguantar, perder y la resiliencia bética que entraña la médula de su alma.   

Los expertos consideran obra maestra La Marcha Verde (2008) de Antonio Hernández. El escritor contextualizó al mito verdiblanco en la época de Lopera. Sí, el que hizo esculpirse un busto y nominar el estadio en su mandato presidencial. Excéntrico, caprichoso y genial sigue palpitando en internet con sus discursos mitineros. O tomándose serio, sólo y pleno una albóndiga con caña en su Fontanal del alma. O decorando su casa en verdiblanco junto a ese Jesús del Gran Poder al que tanto rezó en vida.

La leyenda que nace con Lopera tras su muerte la engarzan Joaquín y Gordillo y tantos entrenadores, directivos, jugadores, tésnicos (sic, Lopera dixit) y sobre todo esas criaturitas, con y sin carnet béticos, que desde el Domingo de Ramos del 2024 están tristes porque quedan huérfanos.

Hoy el Betis re-financiado tras el concurso judicial que padeció lo encarna y preside el dinero prestado y subvencionado. Queda pendiente esta SAD de ampliar capital. Y a ese acto societario, admitir nuevos dineros para obras que colmaten el Villamarín, están atentas las huestes del capital especulador foráneo, atención accionistas de buena fe. Algo parecido sucede con el Sevilla FC SAD. Se escenifica un conflicto padre-hijo Del Nido, pero el dinero que presidirá pronto ese club hermano viene de muy lejos.  

El fútbol de inversión para fondos, cripto-activos, capitales anónimos de magnates y testaferros tienen en la capital de la Giralda embajadas nutridas. Y siguen dándose golpes de pecho. En el Betis de hoy añoramos a Lopera porque la picardía sólo salía de la calle Jabugo, del Fontanal, para acolapsar La Palmera. Con Lopera todo era más divertido. DEP Don Manué.              

Sobre el autor:

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Juan-Carlos Arias

Juan-Carlos Arias (Sevilla 1960) es Criminólogo por la Universidad Complutense y Detective Privado (Licencia 249). Tras fundar ADAS en 1983 intenta alejar el mito del investigador como profesor universitario, en medios, redes, antologías y ponencias. Su quinto libro, El falsificador de Franco (Samarcanda, 2023), destapa trama internacional impune de contrabandistas de cuadros que colocó copias de clásicos españoles en el mundo. Opina que, si la verdad no abre puertas, entrará por la ventana. Y con muchas palabras.

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