No es necesario volver a los clásicos para aquel que nunca los abandonó. Francisco Castaño (Salamanca 1951) acaba de publicar en la colección La Cruz del Sur (Editorial Pre-Textos) De ese seguro azar de cada día, su libro de poemas número 33, fiel a su estilo y al verso clásico o clásico verso. Este último libro de poesía, aunque el autor tiene ya próximos en la recámara, muestra todas las cualidades y características de un gran maestro referente ya indiscutible de la poesía española, y no es en ningún modo exagerada esta aseveración como se puede ver en la breve biografía literaria que se expone a continuación:
Licenciado en Filología francesa, ha ejercido como profesor de Enseñanza Secundaria hasta su jubilación. Ha traducido del francés a Mallarmé y a Molière, del italiano a Eugenio Montale y del latín a Catulo y Horacio, entre otros. Publicó un ensayo sobre Gonzalo Torrente Ballester y tiene artículos en innumerables revistas. Su amplia obra poética aparece reflejada en diversas editoriales: dieciséis libros en Hiperión. Diez libros en Alhulia, Cuatro en IF ediciones, Uno en Point de Lunettes. Uno en la Fundación Jorge Guillén. Su último libro hasta la fecha, el que nos ocupa en estas páginas, está editado en Pre-textos.
Comienza, precisamente, el texto de este último poemario con un poema que es una invitación, un ofrecimiento a los privilegiados, a aquellos para los que nunca es sordo el mar. Porque el poeta sabe a quién van dirigidos sus poemas: a los amantes de la belleza y de la verdad, o mejor, a la belleza que dimana de la verdad, de la verdad de la palabra, e incluso se enfada el poeta en sus propios versos cuando la realidad no se reúne con la belleza.
En esa búsqueda de la verdad en el poema tiene el poeta la necesidad de dar lo mejor de sí mismo en cada palabra, en cada verso, porque es en ese arte de ventura donde se construye su forma de ser poeta, o simplemente de ser. Francisco Castaño es su propio lector y escribe entre el azar (presente siempre en su vida y obra) y la necesidad de la escritura como emoliente. De ese seguro azar de cada día ofrece al lector un conocimiento nuevo desde una realidad no manifiesta, que nos abre a la posibilidad de reconocernos a través del propio poema, al igual que el poeta se reconoce desde la dificultad de dar respuesta a sus dudas y certezas en la página desnuda.
Dice Francisco Castaño que sin Gracián no hubiese sido el poeta que es hoy, mas sin la escritura de Francisco Castaño seguro que muchos de los amantes de la poesía tampoco serían lo que son, ni estarían seguros del azar de cada día.


