Hubo un tiempo en que para explicar el poder bastaba —o eso creíamos— con desplegar un mapa. Fronteras, ejércitos, rutas comerciales, recursos naturales y áreas de influencia componían una geografía relativamente reconocible. El siglo XXI ha complicado bastante el dibujo. Ahora existen territorios que caben dentro de un microchip y países que, después de ocupar durante décadas un discreto segundo plano en nuestra mirada occidental, reclaman un espacio propio en el tablero mundial.
Sobre esas dos realidades giran las nuevas entregas de Geopolítica Ilustrada, la colección de Ediciones Península que ya ha recorrido previamente Estados Unidos e Israel y que mantiene una propuesta tan sencilla como ambiciosa: ofrecer las coordenadas necesarias para comprender asuntos enormes sin convertirlos en tratados para especialistas. Inteligencia artificial. Cartografía de una revolución, de Carlos del Castillo, e India. La nueva potencia global, de Eva Borreguero, comparten formato, vocación divulgativa y una pregunta que atraviesa, de distinta manera, ambos libros: dónde reside hoy el poder y quién está en condiciones de ejercerlo.
La IA también bebe agua
Carlos del Castillo comienza desmontando una paradoja. Hablamos de inteligencia artificial como si habitara en una especie de universo inmaterial, cuando su existencia depende de una infraestructura tremendamente física. Para fabricar chips hace falta agua ultrapura; para desarrollar y entrenar modelos se necesitan centros de datos, energía e inversiones extraordinarias. Detrás de los algoritmos existen minerales, fábricas, trabajadores y una cadena de suministro que atraviesa el planeta.
El ejemplo de Taiwán que aparece desde las primeras páginas resulta esclarecedor. La isla ocupa una posición esencial en la fabricación de los semiconductores más avanzados y, por tanto, algo aparentemente tan intangible como la inteligencia artificial termina conduciéndonos otra vez hacia la geografía, las fronteras, los intereses económicos y la política. La revolución digital podrá presumir de vivir en la nube, pero mantiene los pies firmemente plantados sobre la tierra.
El libro se articula en seis grandes bloques y cincuenta preguntas. Del Castillo parte de la distancia entre las expectativas creadas alrededor de la IA y su realidad para adentrarse después en La tecnología sedienta, Los amos del código, La batalla por el control y la verdad, Prosperidad, desigualdad o estallido y, finalmente, El dios de las dos caras. Los propios títulos anticipan una obra que rehúye presentar esta transformación como una simple sucesión de prodigios tecnológicos.
Ahí reside uno de sus principales atractivos. Del Castillo observa la inteligencia artificial como una cuestión de poder: quién dispone de los recursos para desarrollarla, quién controla sus infraestructuras, cuánto dinero público está alimentando esta carrera, qué papel desempeñan los Estados y las grandes compañías y qué consecuencias puede tener semejante concentración tecnológica.
En sus páginas aparecen Silicon Valley, China y Europa, pero el foco se amplía hacia las implicaciones económicas, políticas, militares, sociales y ambientales. El verdadero mérito consiste en mostrar que detrás de palabras como microchips, datos o algoritmos existe algo bastante más complejo que esa aplicación que escribe un correo electrónico, genera una fotografía imposible o responde en segundos a nuestras preguntas.
Porque la IA promete avances en medicina, nuevas herramientas frente al cambio climático y transformaciones cuyo alcance todavía resulta difícil dimensionar. Pero también abre interrogantes sobre vigilancia masiva, desigualdad, empleo, desinformación y concentración empresarial. Entre quienes anuncian poco menos que la llegada del paraíso tecnológico y quienes parecen esperar que las máquinas nos desalojen mañana de nuestras casas, Del Castillo escoge un camino bastante más provechoso: intentar comprender qué está ocurriendo.
Un gigante imposible de resumir
Eva Borreguero se enfrenta a otro desafío considerable: explicar India en poco más de ciento cincuenta páginas. La propia introducción reconoce la dificultad. Estamos ante una civilización milenaria y, al mismo tiempo, un Estado relativamente joven; una democracia gigantesca atravesada por una extraordinaria pluralidad política, lingüística y religiosa; una potencia emergente en la que conviven crecimiento económico, enormes diferencias sociales y profundas tensiones identitarias.
Para ordenar semejante universo, India. La nueva potencia global construye su recorrido alrededor de seis fechas: 1600, 1858, 1947, 1960, 1989 y 2008. No son simples marcas cronológicas. Funcionan como puertas de entrada a distintas etapas de una historia que comienza con un territorio codiciado, continúa con el dominio británico, atraviesa la independencia y la traumática partición, aborda el no alineamiento y las disputas territoriales y desemboca en la India que busca hacerse un hueco propio entre las grandes potencias.
La fórmula funciona porque evita uno de los riesgos habituales cuando se habla del país: reducirlo a unas cuantas cifras espectaculares. India es demasiado grande y demasiado diversa para caber cómodamente en una estadística. Borreguero dirige la mirada hacia la historia, las fronteras, la religión, las identidades y las decisiones políticas que ayudan a explicar cómo ha llegado hasta aquí.
De ahí que la pregunta estampada en la cubierta —¿Potencia del futuro o gigante con pies de barro?— atraviese buena parte de la lectura. El volumen ofrece elementos para comprender las tensiones que acompañan al ascenso indio sin despacharlas con una respuesta fácil. El aumento de su influencia internacional convive con fracturas históricas y problemas internos que el crecimiento económico, por sí solo, no hace desaparecer. La independencia y la partición, la relación con Pakistán, la competencia con China, las disputas territoriales, el pluralismo religioso y lingüístico o las cuestiones identitarias aparecen así como piezas de un mismo puzle. India quiere ocupar una posición acorde con su dimensión, pero para entender sus aspiraciones presentes resulta imprescindible conocer el largo camino recorrido hasta ellas.
Entender antes de opinar
Los dos volúmenes confirman la principal virtud de Geopolítica Ilustrada: simplificar el acceso sin simplificar el mundo. Mapas, gráficos, cronologías, ilustraciones y preguntas breves permiten entrar en cuestiones complejas sin convertirlas en una sucesión de titulares o eslóganes. Son libros concebidos para avanzar página a página, pero también para regresar a ellos cuando la actualidad vuelve a poner alguna de sus preguntas sobre la mesa.
Del Castillo mira hacia una revolución tecnológica capaz de alterar estructuras tradicionales del poder; Borreguero, hacia una India cuyo creciente peso obliga a ensanchar nuestra mirada sobre el mundo. Uno habla de chips, agua, datos y algoritmos; la otra, de imperios, fronteras, identidades y ambiciones. A primera vista parecen historias diferentes. En realidad, ambas responden a una misma transformación.
Después de Estados Unidos e Israel, estas dos nuevas paradas amplían una cartografía que empieza a explicar el siglo XXI desde algunas de sus principales zonas de tensión. Y dejan, además, una enseñanza bastante pertinente para una época acostumbrada a tener una opinión preparada antes incluso de conocer la pregunta: antes de intentar adivinar dónde estará mañana el poder, quizá convenga comprender dónde habita hoy.
Hubo un tiempo en que para explicar el poder bastaba —o eso creíamos— con desplegar un mapa. Fronteras, ejércitos, rutas comerciales, recursos naturales y áreas de influencia componían una geografía relativamente reconocible. El siglo XXI ha complicado bastante el dibujo. Ahora existen territorios que caben dentro de un microchip y países que, después de ocupar durante décadas un discreto segundo plano en nuestra mirada occidental, reclaman un espacio propio en el tablero mundial.
Sobre esas dos realidades giran las nuevas entregas de Geopolítica Ilustrada, la colección de Ediciones Península que ya ha recorrido previamente Estados Unidos e Israel y que mantiene una propuesta tan sencilla como ambiciosa: ofrecer las coordenadas necesarias para comprender asuntos enormes sin convertirlos en tratados para especialistas. Inteligencia artificial. Cartografía de una revolución, de Carlos del Castillo, e India. La nueva potencia global, de Eva Borreguero, comparten formato, vocación divulgativa y una pregunta que atraviesa, de distinta manera, ambos libros: dónde reside hoy el poder y quién está en condiciones de ejercerlo.
La IA también bebe agua
Carlos del Castillo comienza desmontando una paradoja. Hablamos de inteligencia artificial como si habitara en una especie de universo inmaterial, cuando su existencia depende de una infraestructura tremendamente física. Para fabricar chips hace falta agua ultrapura; para desarrollar y entrenar modelos se necesitan centros de datos, energía e inversiones extraordinarias. Detrás de los algoritmos existen minerales, fábricas, trabajadores y una cadena de suministro que atraviesa el planeta.
El ejemplo de Taiwán que aparece desde las primeras páginas resulta esclarecedor. La isla ocupa una posición esencial en la fabricación de los semiconductores más avanzados y, por tanto, algo aparentemente tan intangible como la inteligencia artificial termina conduciéndonos otra vez hacia la geografía, las fronteras, los intereses económicos y la política. La revolución digital podrá presumir de vivir en la nube, pero mantiene los pies firmemente plantados sobre la tierra.
El libro se articula en seis grandes bloques y cincuenta preguntas. Del Castillo parte de la distancia entre las expectativas creadas alrededor de la IA y su realidad para adentrarse después en La tecnología sedienta, Los amos del código, La batalla por el control y la verdad, Prosperidad, desigualdad o estallido y, finalmente, El dios de las dos caras. Los propios títulos anticipan una obra que rehúye presentar esta transformación como una simple sucesión de prodigios tecnológicos.
Ahí reside uno de sus principales atractivos. Del Castillo observa la inteligencia artificial como una cuestión de poder: quién dispone de los recursos para desarrollarla, quién controla sus infraestructuras, cuánto dinero público está alimentando esta carrera, qué papel desempeñan los Estados y las grandes compañías y qué consecuencias puede tener semejante concentración tecnológica.
En sus páginas aparecen Silicon Valley, China y Europa, pero el foco se amplía hacia las implicaciones económicas, políticas, militares, sociales y ambientales. El verdadero mérito consiste en mostrar que detrás de palabras como microchips, datos o algoritmos existe algo bastante más complejo que esa aplicación que escribe un correo electrónico, genera una fotografía imposible o responde en segundos a nuestras preguntas.
Porque la IA promete avances en medicina, nuevas herramientas frente al cambio climático y transformaciones cuyo alcance todavía resulta difícil dimensionar. Pero también abre interrogantes sobre vigilancia masiva, desigualdad, empleo, desinformación y concentración empresarial. Entre quienes anuncian poco menos que la llegada del paraíso tecnológico y quienes parecen esperar que las máquinas nos desalojen mañana de nuestras casas, Del Castillo escoge un camino bastante más provechoso: intentar comprender qué está ocurriendo.
Un gigante imposible de resumir
Eva Borreguero se enfrenta a otro desafío considerable: explicar India en poco más de ciento cincuenta páginas. La propia introducción reconoce la dificultad. Estamos ante una civilización milenaria y, al mismo tiempo, un Estado relativamente joven; una democracia gigantesca atravesada por una extraordinaria pluralidad política, lingüística y religiosa; una potencia emergente en la que conviven crecimiento económico, enormes diferencias sociales y profundas tensiones identitarias.
Para ordenar semejante universo, India. La nueva potencia global construye su recorrido alrededor de seis fechas: 1600, 1858, 1947, 1960, 1989 y 2008. No son simples marcas cronológicas. Funcionan como puertas de entrada a distintas etapas de una historia que comienza con un territorio codiciado, continúa con el dominio británico, atraviesa la independencia y la traumática partición, aborda el no alineamiento y las disputas territoriales y desemboca en la India que busca hacerse un hueco propio entre las grandes potencias.
La fórmula funciona porque evita uno de los riesgos habituales cuando se habla del país: reducirlo a unas cuantas cifras espectaculares. India es demasiado grande y demasiado diversa para caber cómodamente en una estadística. Borreguero dirige la mirada hacia la historia, las fronteras, la religión, las identidades y las decisiones políticas que ayudan a explicar cómo ha llegado hasta aquí.
De ahí que la pregunta estampada en la cubierta —¿Potencia del futuro o gigante con pies de barro?— atraviese buena parte de la lectura. El volumen ofrece elementos para comprender las tensiones que acompañan al ascenso indio sin despacharlas con una respuesta fácil. El aumento de su influencia internacional convive con fracturas históricas y problemas internos que el crecimiento económico, por sí solo, no hace desaparecer. La independencia y la partición, la relación con Pakistán, la competencia con China, las disputas territoriales, el pluralismo religioso y lingüístico o las cuestiones identitarias aparecen así como piezas de un mismo puzle. India quiere ocupar una posición acorde con su dimensión, pero para entender sus aspiraciones presentes resulta imprescindible conocer el largo camino recorrido hasta ellas.
Entender antes de opinar
Los dos volúmenes confirman la principal virtud de Geopolítica Ilustrada: simplificar el acceso sin simplificar el mundo. Mapas, gráficos, cronologías, ilustraciones y preguntas breves permiten entrar en cuestiones complejas sin convertirlas en una sucesión de titulares o eslóganes. Son libros concebidos para avanzar página a página, pero también para regresar a ellos cuando la actualidad vuelve a poner alguna de sus preguntas sobre la mesa.
Del Castillo mira hacia una revolución tecnológica capaz de alterar estructuras tradicionales del poder; Borreguero, hacia una India cuyo creciente peso obliga a ensanchar nuestra mirada sobre el mundo. Uno habla de chips, agua, datos y algoritmos; la otra, de imperios, fronteras, identidades y ambiciones. A primera vista parecen historias diferentes. En realidad, ambas responden a una misma transformación.
Después de Estados Unidos e Israel, estas dos nuevas paradas amplían una cartografía que empieza a explicar el siglo XXI desde algunas de sus principales zonas de tensión. Y dejan, además, una enseñanza bastante pertinente para una época acostumbrada a tener una opinión preparada antes incluso de conocer la pregunta: antes de intentar adivinar dónde estará mañana el poder, quizá convenga comprender dónde habita hoy.
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