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La visita (The Visit) EEUU. 2015. Dirección y guión: M. Night Shyamalan. Fotografía: Maryse Alberti. Reparto:  Olivia DeJonge, Ed Oxenbould, Deanna Dunagan, Peter McRobbie, Kathryn Hahn.

La visita (The Visit) EEUU. 2015. Dirección y guión: M. Night Shyamalan. Fotografía: Maryse Alberti. Reparto:  Olivia DeJonge, Ed Oxenbould, Deanna Dunagan, Peter McRobbie, Kathryn Hahn.

El lugar que secularmente ha ocupado el bosque en el relato tradicional folk y en las mitologías más estructuradas parece ocuparlo en la narrativa popular audiovisual el hogar familiar, la casa. La senda del crecimiento, de la superación de terrores infantiles surge del armario, pasa por los pies de la cama, se desliza escaleras abajo y se hunde en el sótano, ese inframundo donde todos los horrores acechan en lo oscuro.

La visita narra la estancia de una semana de Becca y Tyler en casa de sus abuelos maternos en un lugar apartado de Pennsylvania. Parecen estorbar a su madre, que intenta rehacer su vida sentimental con un nuevo compañero después de que su marido la abandonara a ella y a sus hijos. Siente cargo de conciencia por anteponer su relación amorosa a la atención de sus hijos, e igualmente se siente culpable de haber cortado los lazos con sus propios padres. Los niños, hipersensibles e inteligentes, son los protagonistas de la historia. Nunca son víctimas indefensas aunque sí aparecen confusos ante el caos sentimental y afectivo de los adultos. Becca se aferra a su cámara y su lenguaje de sabelotodo como escudo de su inseguridad  y su hermano recurre a modos y lenguaje rapero para disimular su inmadurez. 

La referencia al relato infantil de iniciación, Hansel y Gretel, es evidente. Aparece en otros thrillers de terror, en los últimos años de manera obvia en El proyecto de la bruja de Blair y genéricamente en innumerables secuelas de adolescentes pérdidos en el bosque. Sin embargo, un tratamiento ligeramente paródico lleva a la última película de M. Night Shyamalan a un terreno ambiguo. El humor evita la autocomplacencia habitual del género. El sótano está ahí, así como las galletas de la bruja, el ogro, la noche con rechinar de cadenas al otro lado de la pared o el espectro sonámbulo, pero son solo guiños que quizá no convenzan al público joven asiduo al sobresalto y al histrionismo del género pero que sirven de distanciamiento.

Los dos jóvenes actores, Olivia DeJonge y Ex Oxenbould, están sorprendentemente naturales y los tres intérpretes adultos, no demasiado conocidos, también son sobresalientes.

El uso de la cámara inestable (la webcam del ordenador de los chicos, la cámara de vídeo de Becca) recupera el sabor a cine independiente de La Bruja de Blair y abunda en el lenguaje audiovisual de los usuarios de Internet, la película casera.

Shyamalan construye un guión delicado, puntillista en algunos diálogos y que, como en otras películas suyas, descansa en un sorprendente giro final –El Sexto Sentido (1999) era paradigmático al respecto–. Su desarrollo es un desvelamiento progresivo de los temores que rondan a los dos chicos y de la personalidad de sus abuelos.

Lo que hace a La visita diferente es el deseo de su director de salirse de los clichés del género, de buscar una expresión propia. El Incidente (2001) era un magnífico intento de cine de catástrofe natural con inquietudes medioambientales. En Señales (2002) la invasión alienígena hacía saltar las costuras de la familia rural americana. El Bosque (2004) unía poesía y suspense para presenter una fábula sobre el miedo al otro, a los avances tecnológicos, a salir a la intemperie. El Protegido (2001) era un relectura del imaginario del cómic de superheroes, sin efectos especiales, pero con profundidad psicológica.

La visita habla de la desafección entre hijos y padres, la responsabilidad de la paternidad y el abismo generacional: la niñez observa a la vejez con extrañeza, desconfianza y repulsión a partes iguales y por otro lado el anciano teme la arrogancia de la adolescencia y su poder de regeneración.

Es un producto de género, de serie B incluso, pero con intención de autoría por la relectura de las convenciones del cine de terror, por la creación de personajes, por el uso de la cámara, su ángulos y técnica cercana al vídeo casero y sobre todo por la reflexión sobre las inquietantes relaciones familiares. Divertida y muy recomendable.

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