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El escenario del Teatro Villamarta acogió este fin de semana la representación del Réquiem de Fauré a cargo del Coro del Villamarta acompañado por la Orquesta Álvarez Beigbeder. La obra de Gabriel Fauré fue puesta en escena de una manera sublime además de respetada por parte del público. Solo los aplausos del final rompieron el silencio espiritual que cada integrante demostró sobre el escenario.

Previo paso a la actuación del Coro, la Orquesta de Jerez ofreció un hermoso concierto sobre el escenario el cual constaba de dos partes. La primera tuvo como protagonista a Vivaldi donde los músicos tocaron parte del concierto en mi menor RV484 para fagot, cuerda y bajo continuo en compañía de la solita Begoña Roche. Posteriormente, la joven agrupación musical interpretó la Sinfonía nº25 en sol menor KV 183 de Wolfgang Amadeus Mozart.

Una vez finalizada la primera parte de la tarde, el Coro del Teatro Villamarta pisaba el escenario para deleitar el público con un Réquiem constituido por siete piezas musicales las cuales fueron interpretadas con una exquisita armonía y afinación por parte de todos los miembros. El excelente trabajo realizado durante los ensayos por su director Joan Cabero, dio sus frutos al terminar la actuación y ser recompensada con los aplausos de los asistentes quienes incluyeron las famosas palmas por bulerías.

La actuación del coro fue creciendo a medida que avanzaban las piezas. El Introit et Kyrie abría las puertas celestiales del respeto a una misa musical que continuó con el Offertoire y el Sanctus. Las cuerdas del Coro resonaban con armonía y calidad en una actuación que encontró su momento cumbre después del Pie Jesu. Fue con el Agnus Dei et Lux Aeterna y el Libera Me cuando las voces permitieron abrir una puerta final al In Paradisum y poner punto final a una noche de música y respeto en el Teatro Villamarta.

Sobre el Réquiem de Fauré

La pieza musical de Fauré se considera un clásico además de la partitura más célebre de su autor y una de las más  objetivamente bellas de toda la historia de la música, dotada de una intangible magia interna y espiritual. El propio Fauré, al terminar de escribir su Réquiem, llegó a comentar que “se ha dicho que mi Réquiem no expresa el miedo a la muerte y ha habido, incluso, quien lo ha designado como un arrullo de la muerte. Pues bien, así es como veo yo la muerte: una feliz liberación, un anhelo a una felicidad superior, antes que una penosa experiencia. La música de Gounod ha sido criticada por su excesiva inclinación hacia la ternura humana. Pero su naturaleza le predispone a sentirlo de esa manera: la emoción religiosa toma esa forma en su fuero interno. ¿No es necesario aceptar la naturaleza del artista? En cuanto a mi Réquiem, quizás también he querido escapar del pensamiento más habitual ¡después de tantos años acompañando al órgano servicios fúnebres! Me lo sé todo de memoria. Yo quise escribir algo diferente."

Sobre el autor:

Borja García Tejero

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