Bob Dylan, quizá el hombre más misterioso que ha pisado este mundo, tiene una canción misteriosísima llamada 'I'm not there'.

Bob Dylan, quizá el hombre más misterioso que ha pisado este mundo, tiene una canción misteriosísima llamada I'm not there. Forma parte de aquella promoción de canciones clandestinas que grabaría con The Band en su época de retiro en los bosques de New York cando decidió decirle al mundo que acababa de sufrir un accidente de motocicletas.

En 1967, Dylan estaba en la cresta de la ola. Su popularidad crecía hasta codearse con The Beatles. Era su momento. Atraía tanto a los antiguos fanáticos que veían en él al portavoz de toda una generación y aún arrastraba ciertos vástagos de su primera etapa folk. Ahora, además, era un fenómeno adolescente. La estrella rock definitiva. The Beatles y The Rolling Stones trataban de imitarlo en todo. Estéticamente querían lucir como el arlequín de Duluth. Lennon había modificado su forma de componer. Canciones como In my life, Nowhere Man o Help! así lo atestiguan. Sin embargo, nuestro hombre decidió retirarse y tener hijos. Modificó sus costumbres y transformó su método de trabajo. Sus trabajos posteriores se alejarían de sus discos más celebres. Renunciaría al estilo Dylan y rescataría sencillas narraciones, cuentos y moralinas, baladas románticas donde se celebra la vida austera, la monogamia y el encanto del amor conyugal. Y, sí, la veta bíblica eterna de su cancionero aquí se mostraría con pasajes evidentes.

Paradójicamente, de toda esa hornada, la canción I'm not there permanecería inédita hasta la película homónima de 2007 donde una serie de actores (Kris Kristofferson, Richard Gere, Christian Bale, Cate Blanchett, Marcus Carl Franklin o Heath Ledger) dan vida a todos los dylans posibles que conocemos. O, quizá, los más icónicos. Obviando la etapa inmediatamente posterior a los años de mercurio. Digamos que el director de la película asume que finalmente Dylan se quedó en aquella cuneta donde tuvo el accidente de moto. Pero no, esto no es así. Y lo sabemos. Y Dylan volvió para contárnoslo.

Sobre el trabajo de Todd Haynes, el crítico de cine del ABC Otis Rodríguez Marchante comentó: "El resultado es una película o un lienzo tan extraño como genial, tan abstracto como concreto, tan disperso como elocuente, tan entretenido como a veces incomprensible y soporífero". Volvamos a I'm not there. En la Revista Rolling Stones se escribió sobre ella: "La abertura cortada de la pista se afeita los primeros segundos para dar la impresión de caminar en un momento privado. Los versos aumentan ese sentido al parecer describir un abandono en términos que sólo tienen sentido para el propio cantante. Con la voz desesperada de Dylan y el trabajo de órgano increíble de Garth Hudson, I'm Not There es la única canción de las sesiones de Basement Tapes con el delgado, salvaje mercurio de Blonde on Blonde. Los resultados son absolutamente inquietantes".

Elocuente. Un Dylan alejado de las catecolaminas era capaz de pulsar la misma tecla. Años después llegaría Blood on the tracks. Y un año antes, en una canción de su exitoso Planet Waves, Dirge, la sombra del compositor barroco total llamaba a nuestra puerta. Luego, los años bíblicos, los irregulares 80 y el renacimiento de los 90. El nuevo siglo sorprendería a Bob Dylan seguro de su arte y llevando a los lugares más insospechados sus canciones en esa gira eterna en la que el bardo de Minnesota parece destinado a acabar sus días.

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