El último cine en celuloide de España está en Granada: “Somos como 'Cinema Paradiso', pero en la vida real”

La sala granadina, un emblema en la ciudad de La Alhambra, proyecta exclusivamente en formato de 35 milímetros. Su supervivencia después de más de 60 años es un milagro o, como relata su dueño, “una muestra de amor al séptimo arte”

Juan Torres, propietario del cine Madrigal en Granada.
Juan Torres, propietario del cine Madrigal en Granada. CONSTANTINO RUIZ

El emblemático cine Madrigal de Granada abrió sus puertas un 24 de septiembre de 1960, en la céntrica Carrera de la Virgen. “Lo fundó mi padre, Juan Torres Molina, que, como mi abuelo, era un amante empedernido de la fotografía”, explica Juan Torres hijo, gerente actual del cine, a lavozdelsur.es.

“La primera película que se proyectó fue la hispano-alemana Un trono para Cristy, porque la americana con la que querían inaugurar no llegó a tiempo”, apunta, con la mirada perdida entre los retazos de su memoria.

Durante más de 60 años, este cine ha resistido los mil y un envites a los que lo ha expuesto el avance de los tiempos, como la llegada de la tele en color, las transformaciones digitales, el auge de las multisalas o la reciente proliferación de las plataformas en streaming. Los más viejos del lugar recuerdan que, en otra época, Granada llegó a tener decenas de salas abiertas, muchas de ellas en pleno centro. Todas echaron el cierre con el tiempo, menos una: el Madrigal, convertido así en el cine más longevo de la ciudad y el único de España que aguanta la exhibición en celuloide, en formato 35 milímetros.

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Espectadores en la entrada del Cine Madrigal.   CONSTANTINO RUIZ

“Fue un sentimiento horrible imaginar que tantos años de historia y de amor por el cine podían llegar a desaparecer sin dejar rastro”

“Hubo un momento en que llegué a ver cerrado El Madrigal. Tuvimos una época en la que no venía nadie, teníamos que suspender sesiones porque nos encontrábamos con la sala vacía”, recuerda muy afectado Juan. “Fue un sentimiento horrible imaginar que tantos años de historia y de amor por el cine podían llegar a desaparecer sin dejar rastro”, asegura. “Entonces, tuvimos que tomar una decisión: o invertir en alta tecnología —cosa que no nos podíamos permitir—, o mantener lo que teníamos a toda costa, y eso fue lo que determinamos hacer para diferenciarnos del resto”.

La sala única de El Madrigal.
La sala única de El Madrigal.   CONSTANTINO RUIZ

Así fue como el cine Madrigal se convirtió en el único en España que proyecta exclusivamente en celuloide, conservando, además, el formato de sala única. Sin embargo, pese a su originalidad, su resistencia sigue siendo todo un logro. “Esto es una lucha constante por sobrevivir, algo que no hacemos por dinero, sino que más bien es una muestra de amor por el séptimo arte. Ten en cuenta que yo, para sufragar gastos, necesito ganar mínimo unos 6.000 o 7.000 euros al mes. Como cualquiera puede imaginar, los beneficios son muy escasos”, reconoce su gerente.

“Aquí se respira amor por el séptimo arte y mucha magia. La gente viene y se queda fascinada, porque somos como Cinema Paradiso, pero en la vida real”

Aunque como negocio no es lo más rentable, el valor sentimental y cultural de El Madrigal es reconocido por todos los cinéfilos de España. “Aquí se respira amor por el séptimo arte y mucha magia. La gente viene y se queda fascinada, porque somos como Cinema Paradiso —la mítica película de Tornatore—, pero en la vida real”, cuenta entusiasmado.

“En contra de lo que pueda parecer, nos ha afectado más la pandemia que el auge de las plataformas en streaming, porque nuestro público es un público muy especial, que sabe apreciar la magia de ver una película sentado en la butaca de una sala de cine y la calidad del formato en el que nosotros la proyectamos”, confiesa.

Proyector Galaxi 140 del cine Madrigal
Proyector Galaxi 140 para películas en celuloíde.   CONSTANTINO RUIZ

La realidad es que el cine en celuloide muestra una calidad superior que el cine digital proyectado en 2K, pero también es mucho más caro. “No es lo mismo hacer una copia en digital, que una copia en 35 milímetros. El rollo de una película de celuloide puede medir perfectamente 3.000 metros y, hacer una sola copia, puede costar 2.000 euros, mientras que la copia en digital cuesta 15 o 20 euros”, explica Torres. “Sin embargo, el encanto del cine en 35 milímetros no lo tiene el digital, porque en el celuloide uno, por ejemplo, puede ver los fotogramas de la película en el negativo y es mucho más bonito de proyectar”, cuenta orgulloso.

Inicio de película celuloide en formato analógico de 35mm.
Inicio de película celuloide en formato analógico de 35mm.   CONSTANTINO RUIZ

“El criterio es que la película sea verdaderamente buena, no importa de dónde venga, ni quién la haya hecho, pero sí que haya sido reconocida en festivales o que traiga buenas críticas”

El Madrigal, además de ser legendario por seguir utilizando el celuloide, es reconocido por los verdaderos amantes del cine porque en él se proyectan películas de autor e independientes, procedentes de muchísimos países diferentes que normalmente no existen o cuentan con una presencia minoritaria en las carteleras convencionales, como Marruecos, Tanzania, Argelia, Nueva Zelanda, Perú, Corea o Japón, entre otros muchos. “El criterio es que la película sea verdaderamente buena, no importa de dónde venga, ni quién la haya hecho, pero sí que haya sido reconocida en festivales o que traiga buenas críticas”, apunta Juan.  

Juan Torres con el director de cine Manuel Martin Cuenca, director de la película la Hija
Juan Torres con el director de cine Manuel Martin Cuenca, antes de un encuentro.   CONSTANTINO RUIZ

El cine Madrigal, convertido ya en un punto histórico de la capital granadina, contribuye además a avivar la agenda cultural de la ciudad. En él se celebran habitualmente encuentros con directores y actores reconocidos, como Manuel Martín Cuenca (El autor, La hija), David Trueba (Vivir es fácil con los ojos cerrados), Celia Rico (Viaje al cuarto de una madre) o Pilar Palomero (Las niñas), entre otros muchos. Su supervivencia, un milagro en estos tiempos de consumo audiovisual acelerado, es responsabilidad de todos los amantes del séptimo arte, y ya de paso, de las administraciones públicas, que también deberían velar por este tesoro de Andalucía.

Sobre el autor:

Marta Sánchez Gento

Titulada en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III de Madrid y máster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Granada. Empecé escribiendo en varias revistas de flamenco y en suplementos culturales, y fui becaria en el Instituto Cervantes de Madrid y de Toulouse. Recibí una beca Iberoamérica para estudiar durante un semestre en la Universidad de Buenos Aires y allí conocí otras formas de hacer periodismo. He formado parte del equipo de Contenidos de Bodeboca y de su Magazine Vignerons, y también he puesto voz al programa 'Entre tu orilla y la mía' de Radio Corazón Tropical.

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