Las procesiones en Cataluña resurgen en la última década del siglo XX.

Podemos decir que las procesiones de Semana Santa en Cataluña han resurgido con fuerza, gracias a los andaluces, en la última década del siglo XX y en los primeros años del XXI, en aquellas localidades en las que se había perdido esa tradición como Barcelona, Manresa, Santa Coloma de Gramanet, Hospitalet o el Prat, y las procesiones impulsadas por andaluces conviven con las tradicionales de Cataluña en ciudades como Mataró, Tarragona o Badalona.

En muchas de estas procesiones llama la atención que la simbología, la estética y la puesta en escena –si no lo propios nombres de las cofradías- son andaluzas. Como en Andalucía, los costaleros mecen los pasos dándoles ese aire humano al sufrimiento del Cristo y dan ternura al dolor de su madre. Las “levantás”, como la del Nazareno de la procesión del Viernes Santo de Mataró, hacen que los esfuerzos de quienes van bajo las “trabajaeras” nos recuerdan el esfuerzo diario de la vida. “La salía” a rodillas de la Virgen de la Angustias por la puerta de la Iglesia de San Jaime de Barcelona, nos recuerda las estrecheces de la vida. Las saetas que lanzan al Cristo o la Virgen en la puerta de la Casa de Andalucía del Prat, las marchas procesionales de la banda de la Asociación Cultural Andaluza 15+1 de Hospitalet, el redoble de la banda de tambores del Centro Cultural Andaluz de Mollet del Vallés que acompañan al “Gran Poder” hasta la catedral de Barcelona..., son expresiones de un pueblo que se estremece al son de marchas interpretadas por unas bandas de música que son elemento esencial del clima sonoro, y que rompe en olés cuando desde una acera o un balcón, fluye por martinetes una saeta que se oye en el más absoluto silencio. El barroquismo de los tronos, la profusión floral, la exuberancia de los mantos de la Virgen, las expresiones de su cara, hacen que la imagen de la Madre de Dios avance majestuosa entre la muchedumbre. Con El y con Ella, van sobre los costaleros la forma de entender la vida y la muerte de los andaluces.

Ello es debido a que los impulsores de estas cofradías son “andaluces”. Y citamos lo de andaluces entrecomillado, porque no sólo nos referimos a personas nacidas en Andalucía, sino también a otras que –sin serlo- viven y sienten la Pasión al estilo de Andalucía. Esa es la percepción de la sociedad catalana reflejada en la prensa: “la mayoría de las procesiones de Cataluña tienen su origen en la añoranza de inmigrantes andaluces que no se han resignado a prescindir de una tradición tan arraigada y sentida en su lugar de origen”. (El País, 09/04-98)

Son variadas las circunstancias en las que se han desarrollado estas cofradías. Las hay que han nacido directamente de una asociación andaluza donde una parte de sus miembros han sentido la necesidad de expresar su fe “a su manera”. Es decir, como dicen los antropólogos, los miembros de una comunidad emigrante sienten la necesidad de reproducir sus símbolos identitarios dentro de la sociedad de acogida. En este caso podemos poner como ejemplo –entre otros- las Cofradías nacidas en la Casa de Andalucía del Prat, de Manresa, de LLeida o de la Colonia Egabrense de Santa Coloma. En otros casos, ha sido un grupo de andaluces los que se han asociado y han creado directamente una cofradía, bien extrapolando una advocación de su ciudad o pueblo, o bien creando nuevas advocaciones. En el primer caso podemos encuadrar la Cofradía de la “Virgen Macarena y Cristo del Gran Poder”, de Barcelona, y en el segundo la Cofradía 15 más una de Hospitalet de Llobregat.En general, las procesiones andaluzas en Cataluña han nacido por la necesidad de muchos andaluces por revivir fuera lo que ellos han vivido en sus lugares de origen, aunque al ser los promotores de zonas diferentes de Andalucía esta extrapolación sólo se ha quedado en una Semana Santa “a la andaluza”, donde se mezclan características peculiares de diferentes zonas o bien se improvisan nuevas, en consonancia con los recursos con que cuentan las Cofradías.

Todas han nacido del voluntarismo de un grupo de amigos o de una asociación andaluza ya constituida para otros fines pero que ha sentido la necesidad de incluir entre sus actividades culturales una de las más importantes manifestaciones identitarias del pueblo andaluz, como es la Semana Santa. Las procesiones, además de los aspectos puramente religiosos, conllevan otros que reflejan la idiosincrasia del pueblo andaluz.

El componente cultural-étnico que se pone de relieve en las manifestaciones religiosas de Andalucía y que se hace más patente en las procesiones andaluzas que se desarrollan en Cataluña, es una de las causas –aunque no la única- del rechazo explícito e implícito de una parte de la iglesia catalana hacia este tipo de celebraciones. De hecho, la mayoría de ellas se han consolidado por la fuerza de los hechos. Es decir, que en muchas ocasiones se han realizado las procesiones al margen de la iglesia y la autorización ha llegado cuando ya se habían consolidado. Incluso hay casos en que después de muchos años se siguen haciendo procesiones sin que la Iglesia tenga nada que ver, como ocurre con las que organiza la Cofradía 15, más una de Hospitalet.

Aunque aún hay ejemplos, atrás van quedando las reticencias de la Iglesia de Cataluña hacia estas manifestaciones de fe tan distintas a las tradicionales de esa tierra. Eran otros tiempos cuando se hacía callar a un espontáneo que se lanzaba a cantar una saeta al paso de un Cristo. Ya va cambiando la actitud de algunos párrocos que se negaban a abrir las puertas de la parroquia a los pasos procesionales por considerarlos ajenos al verdadero sentimiento religioso. Se va “normalizando” la relación hermandades-iglesia y parte de las mismas Cofradías, que en principio nacen como “laicas”, van siendo reconocidas por la Iglesia. A ello también ha contribuido la dignificación –sobre todo por el aumento de los medios económicos de las Cofradías- de los desfiles procesionales. Todavía queda latente, al igual que en Andalucía, esa lucha soterrada entre la Iglesia y las Cofradías por el control de las imágenes. Esa pugna es la que lleva a muchas Hermandades a tener sus propias sedes en las que guardan y rinden culto a sus titulares.

Francisco García Duarte, investigador de la Historia de Andalucía y miembro del CEHA.

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