"Una de mis obsesiones es contemplar la realidad como un todo"

El escritor y musicólogo José Ramón Ripoll presenta 'La sombra del nombrar (Antología poética 1984-2019)' en la Fundación Caballero Bonald, publicada por la editorial Renacimiento

Carlos Manuel López presenta al poeta. FOTO: MANU GARCÍA
Carlos Manuel López presenta al poeta. FOTO: MANU GARCÍA
Esta semana acudió a la Fundación Caballero Bonald el escritor y musicólogo José Ramón Ripoll, que según Josefa Parra es “una de las voces más originales de la poesía actual, en un mundo donde abunda la repetición”. Su faceta de músico se refleja en su estilo, en la armonía, el ritmo, los silencios… Esta originalidad le ha proporcionado un gran número de lectores y premios. Ha sido galardonado con el Guernica en 1979, el Villa de Rota (1980), el Premio de Poesía Juan Carlos I en 1983, el Tiflos (1999) o el Loewe de Poesía (2016). En 2018 obtuvo el Premio Corda de Ensayo, otorgado por la Fundación Corda de New York, por su trabajo Poesía y música en David Rosenmann-Taub. En 2019 ingresó en la Real Academia Provincial de Bellas Artes de Cádiz. Carlos Manuel López Ramos, escritor, profesor y miembro del Consejo Asesor de la FCB, dialogó con el autor sobre su nuevo libro. El título de esta antología hace referencia a un poema que José Ramón dedicó a su hijo, “uno de los poemas más bellos que ha escrito”, afirmó Carlos Manuel. La selección ha sido realizada por el propio poeta. “El humo de los barcos (1984) marcó un cambio sustancial en la poética de José Ramón”. Supuso la consolidación de esa lengua poética buscada a lo largo de una década. De ahí que la antología comience con esa obra, aclaró Carlos Manuel. Esta lengua poética se extiende a los dos libros siguientes, Las sílabas ocultas (1991) y Niebla y confín (2000), “con una voz propia y reconocible”. El poeta logra producir una obra “unitaria, muy coherente en sus contenidos e ideas, y con una gran fuerza de cohesión en sus formas”. De hecho, estos tres últimos títulos se reunieron, con alguna modificación, en un solo volumen, bajo el título de Hoy es niebla (2002). Según Carlos Manuel, lo mismo ha ocurrido con la antología La sombra del nombrar, que incluye dos libros más, Piedra rota (2013) y La lengua de los otros (2017), además de diez poemas nuevos, inéditos hasta ahora. Aunque hay creaciones de cinco libros, se trata de una obra coherente, con unidad, es decir, un solo libro, “algo que el lector va a notar inmediatamente”. Y va a encontrar una poesía de ideas, muy profunda. Un momento de la presentación. FOTO: MANU GARCÍA En los agradecimientos, José Ramón Ripoll nos recordó que Carlos Manuel ha realizado en Utopías comparadas (2011) el mejor estudio hasta el momento de su poesía. Y que se siente fiel discípulo de José Manuel Caballero Bonald precisamente desde el libro El humo de los barcos. Con esta obra rompió con lo que había hecho en los libros anteriores (barroquismo, realismo social…) y se decantó por la búsqueda de un lenguaje que fuese un bisturí, “una lámpara que ilumine mi interior, para iniciar un camino de introspección”. Sin embargo, no se considera, como algunos le han calificado, un poeta metafísico, sino alguien que escribe desde la experiencia personal. Le interesa la palabra, pero no desde un punto de vista metapoético, sino como una herramienta para explicarse a sí mismo en el mundo. “Una de mis obsesiones es contemplar la realidad como un todo.” La palabra le sirve para hablar no solo de lo que se ve a simple vista, que siempre es un fragmento, sino de lo que hay por debajo y da sentido a todo. En este poeta del pensamiento es muy importante la música, resaltó Carlos Manuel. Para Ripoll es esencial el valor musical de la poesía, no solo por su dimensión acústica o formal, sino por esa música interior de la ideas. “Hay una música del pensamiento”, afirmó Carlos. “Un anhelo por descifrar el mundo desde una perspectiva musical”, ha dicho el mismo Ripoll en una entrevista, algo en lo que coincide con María Zambrano cuando la filósofa dice que la poesía está más cerca de la música que de la literatura. José Ramón Ripoll reconoció que escribe poesía porque es un músico frustrado. Nos contó que tuvo relación con la música desde muy pequeño. Su abuela era muy amiga de la secretaria y de la portera del conservatorio de música de Cádiz. Así que le llevaba casi todos los días con ella. Al final lo matricularon en solfeo. Continuó y llegó a componer sus propias obras… Pero se dedicó a la palabra: “Concibo la poesía como un hecho sonoro… Nace como una célula sonora, rítmica, armónica, melódica, que poco a poco, conforme van uniéndose las palabras en su musicalidad interior, engendra un pensamiento”. También coincide con Heidegger cuando vincula la poesía con el ser, el lenguaje como casa del ser. “Es el filósofo que ha analizado la poesía desde el punto de vista más humano.” Todo lo que no es poético es banal. “Estamos viendo un invasión de la vulgaridad dentro de la poesía… Hay que reivindicar lo poético como un espacio de libertad”.

LA LENGUA DE LOS OTROS

Quiera la noche que este idioma de herrumbres y murmullos cárdenos, que en duermevela me musita la canción de la noche, no me abandone nunca, ni me ofrezca desnudo a la otra lengua bajo el pretexto de la vida.

Quiera el oscuro mar que guarde en el acuoso intento de mi respiración el arcaico compás de la tormenta donde aún naufragan las palabras que nunca se dirán.

Quiera el errante viento no otorgarles la forma de otro cuerpo, ni otra voz que me enuncie, ni que me represente más allá de la gruta donde habito sin nombre, sin causa y sin materia

Quiera el verbo del mundo ser el eco de un eterno silencio que amalgame el azar y el destino, la reverberación de un filamento que vibra en el olvido igual que en la memoria, punzada monocorde de un laúd que acompaña la canción de la noche con la que me resisto a la otra lengua: la lengua de los otros.

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