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Reseña de 'Techo y comida': La tecnología 3D en el cine simula la visión humana real. Ya lo habrán probado alguna vez: ese efecto tridimensional que provoca una sensación similar a la de estar sumergido en la gran pantalla. Con Techo y comida sucede algo parecido aunque de otra forma. Todo es hiperreal, familiar, archiconocido.

La tecnología 3D en el cine simula la visión humana real. Ya lo habrán probado alguna vez: ese efecto tridimensional que provoca una sensación similar a la de estar sumergido en la gran pantalla. Con Techo y comida sucede algo parecido aunque de otra forma. Todo es hiperreal, familiar, archiconocido, visto en las noticias, que te puede tocar de cerca o sufrirse en las carnes. Los bloques de pisos en colmena, los acentos y los dejes, las calles concurridas del centro, los carteles de Compro Oro, los bares repletos de nadie, las puertas del colegio, los parques y las alamedas… Como verdaderos y reconocibles son también los sentimientos: la frustración, la impotencia, la angustia, la soledad, el vacío. No es necesario especificar al principio que la película se basa en hechos reales. 13 millones de españoles viven en el precipicio, al borde o directamente en exclusión social y la cinta se fija en solo una de esas pequeñas grandes tragedias de nuestro tiempo marcadas por el hambre y la desnutrición infantil. Esas que creíamos que jamás nos podían tocar.

Ese pan nuestro de cada día en los últimos años es trasvasado con sutileza y sin lágrima fácil al cine en un largometraje de denuncia social que podría haber firmado León de Aranoa (Barrio y Los lunes al sol), o incluso más recientemente Jaime Rosales con su también necesaria Hermosa juventud, que retrata de forma opresiva la situación desesperada a la que miles de jóvenes se enfrentan ante un país desolado y sin oportunidades de futuro. De hecho, el debú en la dirección del jerezano Juan Miguel del Castillo está muy próximo al cine del barcelonés –sonido diegético, gusto por el fuera de campo, prolongados silencios, cámara al hombro…–, sin efectismos ni recursos gratuitos, casi en modo documental, lo que a veces puede devolver al espectador cierta sensación de frialdad y desapego. Toda la capacidad de condensación de Rosario, el aclamado corto que rodó con Asunción Balaguer, está ahora presente en su primer largo: hora y media que pasa volando. 

El gran éxito de Techo y comida, en todo caso, es haber asaltado las salas comerciales con un relato incómodo y que, no por previsible, se antoja menos imprescindible en estos tiempos (electorales) que corren. En condiciones normales, si esta cinta la hubiesen rodado los hermanos Dardenne o el mismísimo Ken Loach habría pasado desapercibida para el gran público y sería impensable que el único multicine de la gran ciudad con más paro de España hubiese adquirido los derechos para su proyección. No ha ocurrido así y solo por eso ya merece un aplauso el equipo que ha hecho posible este proyecto. Producción, por otra parte, que solo se debe a sí misma, rodada gracias al micromecenazgo y al buen ojo de la productora catalana Diversa. Mientras los cines ofertan hasta dos salas para vender basura nacional con apellidos, es un milagro que al menos una se reserve a hacer más visible lo que nadie querría ver en este país.

Hay un momento decisivo en el descenso a los infiernos que padecen Rocío (memorable Natalia de Molina) e indirectamente su hijo. Desolada ante la notificación judicial del lanzamiento de su piso, en su camiseta puede leerse Rescue me. Ese ¿a ti quién te rescata? es la base argumental de un guión sobrio y lineal que, en el contexto de un auxilio a los bancos de 100.000 millones a costa de españoles como Rocío, relata la pesadilla que sufre la madre soltera protagonista. La pesadilla de otros miles de españoles: angustiada por hallar cuanto antes un trabajo digno y, al mismo tiempo, avergonzada por recurrir a la caridad, a rebuscar en la basura, y a la ayuda de una vecina para sobrevivir.

La cercanía y el naturalismo con que se cuenta todo, ese toque naïf de algunas secuencias –el abrazo de la madre y su hijo mientras el resto celebra al fondo una victoria de la selección española–, la intención con la que Del Castillo mece la cámara en su ópera prima... Todo ello hace de esta película dura y nada convencional un comprometido e imprescindible ejercicio cinematográfico en el cada vez más industrializado –sin alma– cine español. Porque Techo y comida podía haberse rodado en algún suburbio multiracial de Francia o Bélgica, o incluso en alguna ciudad posindustrial de Inglaterra; pero resulta que no, que se ambientó en 2012 en Jerez de la Frontera. Una ciudad española maravillosa con una tasa de paro idéntica a la de la franja de Gaza. ¿Quién nos rescata? 

Ficha Técnica: Dirección: Juan Miguel del Castillo. Intérpretes: Natalia de Molina, Mariana Cordero, Mercedes Hoyos, Jaime López, Gaspar Campuzano. Drama. España, 2015. Duración: 90 minutos.

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