Mateo Cabeza, el sevillano que se asoma a los Goya con "escenas fuertes y crudas que llegan al alma"

El cineasta sevillano, Mateo Cabeza, cuenta a lavozdelsur.es el proceso de creación de 'Paraíso', uno de los dos cortos andaluces nominados a Mejor Cortometraje Documental en los Premios Goya 2021

Mateo Cabeza en una imagen de su perfil en 'Instagram'. Foto: Rubén Seca
Mateo Cabeza en una imagen de su perfil en 'Instagram'. Foto: Rubén Seca

“Estaba desayunando y abrí el correo”, justo en ese momento al realizador sevillano Mateo Cabeza le cambió la expresión del rostro. A sus 34 años, y con una larga trayectoria a sus espaldas, “empecé hace ya unos cuantos de años”, se encuentra entre los diez candidatos a Mejor Cortometraje Documental en los Premios Goya, que celebrará su 35 edición el próximo 6 de marzo en Málaga.

Con Paraíso logra ser el único sevillano en la categoría de cortometrajes en todos sus registros, animación, ficción y no ficción, y también es uno de los dos creadores que optan al galardón a nivel andaluz. Mateo se había decantado por la odisea de presentar su obra a la Academia de Cine. “No solamente llegas y presentas si no que tienes que darte de alta en el ICAA, necesitas que te den una calificación por edades para poder presentar el proyecto en los cines, también tienes que haberlo proyectado en algunos festivales que ellos califican”, explica el cineasta repasando todo lo que conlleva optar a este reconocimiento.

El sevillano ya se olía algo, “la cosa estaba ahí ahí”, dice. El corto ya había sido premiado unas cuantas veces, se hizo con el Premio Julio Diamante al Mejor Corto Documental en Alcances (Cádiz); Mención Especial en el Mediteran Film Festival (Bosnia y Herzegovina), Mención Especial en el Select Respect Film Festival (Grecia), Premio Mejor Cortometraje SHORT-IN-DOC del Festival Internacional de Cine Inclusivo de Vigo; Venus de Badalona a la Mejor Producción de España en Filmets (Badalona Film Festival) y Premio Mejor Documental en Festival Enkarzine (País Vasco). Además, su estreno mundial fue en el DOCAVIV, Festival internacional de cine de Tel Aviv (Israel), que le da puntos para poder entrar en los Oscar.

“Son difíciles llegar a ellos porque hay muchísimas, cientos de películas que intentan entrar”, comenta Mateo, que desde la productora Hábitat Films, “estoy metido en todas las facetas, me apasionan todos los puntos de la creación tanto desde la producción en sí como estar en el lugar, filmarlos, la dirección de fotografía, la edición y la distribución”.

Pero esta pasión por el mundo audiovisual ya nació en el realizador cuando era adolescente, una inquietud que le llevaba a “filmar a mi familia, intentaba editarlo con lo que hubiera porque no existía las plataformas que tenemos hoy”. Echa la vista atrás y recuerda cuando estudió cine en Madrid y estuvo trabajando en varias productoras, así como en publicidad.

Hace ocho años, volvió a la capital hispalense y se dedicó a hacer “obras más personales” como Paraíso, que, a través de un padre y su hijo, Ahmed y Taha, refleja la cotidianiedad y la tensión que viven en una habitación de hospital. Ambos se trasladan a España para salvar la vida de Taha, de 10 años, y se sumergen en este proyecto que se grabó durante unos dos meses en 2019, dándose por finalizado a principios de este año.

Un fotograma del cortometraje 'Paraíso'.
Un fotograma del cortometraje 'Paraíso'. 

“Yo quería filmar en el hospital infantil Virgen del Rocío, y para ello necesitaba pasar mucho tiempo allí, entonces estuve un año de voluntario, porque es la única forma de estar sin que alguien me llamara la atención”, explica Mateo, que durante su estancia conoció el caso de los dos marroquíes.

El director estuvo meses donde nadie quiere estar. “Eso cuesta, porque cuando tú vas llegando ya vas viendo a los familiares afuera con las lágrimas en los ojos. Estuve mucho tiempo también con casos de oncología, de pediatría. El ámbito de los hospitales es difícil, la verdad es que hay que ser muy fuerte para estar allí, sobre todo emocionalmente”, dice el que lo fue normalizando y consiguió ganarse la confianza de los protagonistas. “El tiempo que no se graba también está dentro de la película, porque ellos se comportan delante de la cámara según esa relación que tienen conmigo, la cámara soy yo”, añade.

“El tiempo que no se graba también está dentro de la película, porque ellos se comportan delante de la cámara según esa relación que tienen conmigo, la cámara soy yo”

Durante ese periodo, el creador no solo desempeñó un trabajo profesional, sino que también estuvo “animando, me metía en las habitaciones, jugaba con los chavales, acompañaba a sus familiares, eso para mí fue una experiencia brutal”.

Cuando le propuso a Ahmed su intención de grabar, mediante una carta escrita en francés, “lo leyó y estaba conmigo 100 %, adelante, haz lo que tengas que hacer que no se ni lo que es, él confiaba mucho en mí”, comenta a través del auricular. Para él, los meses de interacción y contacto con ellos fue fundamental, “pude comprobar que filmarles no les iba a acarrear ningún problema a la enfermedad del niño”.

Paraíso se consolida como una historia cuanto menos profunda, llena de dolor, no es un documental al uso al estilo entrevistas, sino que va más allá, “son escenas muy fuertes, muy crudas, que conmueven muchísimo al espectador, estoy dándoles unas imágenes que llegan directamente al alma y a su subconsciente a veces”. Él veía potencial en la conexión entre el padre y el hijo y lo captó con el objetivo, desde su mirada, sin dejarse llevar por estímulos externos.

“A cada uno le llegará de una forma, yo no estoy pensando en que quiero provocar eso. Yo pienso en mí, yo ya soy el espectador en sí, lo que me provoca es lo que yo quiero transmitir”, reflexiona el que está convencido de que el cortometraje “no va a dejar a nadie indiferente”.

"Yo ya soy el espectador en sí, lo que me provoca es lo que yo quiero transmitir”

Por otra parte, El ICAA concedió a la obra nominada la distinción de película especialmente recomendada para el fomento de la igualdad de género por la aparición de “un padre diferente”. Según Mateo, “es muy diferente al ideario de hombre que existe, sobre todo con la religión islámica, que ha sido un plus de dificultad para poder filmarlos en momentos tan íntimos”.

Mateo se adentra en este proyecto personal, se expresa desde lo que siente y saca a la luz su investigación en agosto, en el Festival de cine de Málaga. Con la pandemia todo se retrasó. Al sevillano expresa sus sensaciones en estos tiempos difíciles. “Los festivales, aunque se han tenido que adaptar para proyectar en plataformas online, quieras o no, no es lo mismo, para un creador que de repente se encuentra con algo así, no va a ser igual, hay mucho trabajo detrás para que las obras se proyecten en los cines, a nivel de imagen y sonido, eso no te lo va a dar un móvil o un ordenador” lamenta el que ve como la crisis ha sido “un golpetazo para los presupuestos y la economía de la cultura”.

El cineasta se muestra optimista y no puede evitar hacer un paralelismo entre el encierro de Amhed y Taha en la habitación del hospital y a lo que ha obligado la pandemia. “Nos está pasando, pero no hay que llevarse las manos a la cabeza, esa gente lo sufre en silencio no como todos ahora que estamos quejándonos cada dos por tres”.

De momento, con ilusión, Mateo aguardará al resultado del certamen y espera “salir ileso de toda esta locura”.

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