'Maro', más de 30.000 viñetas de una vida dedicada al humor que su familia quiere 'resucitar'

La viuda del humorista gráfico, María del Carmen Ramírez, está recopilando su obra para exponerla en su vivienda y que se siga "recordando" su figura

'Maro', en un autorretrato que hay colgado en su casa. FOTO: MANU GARCÍA
'Maro', en un autorretrato que hay colgado en su casa. FOTO: MANU GARCÍA

Su despacho se mantiene intacto. Una gran mesa lo preside. En ella, lápices, carpetas y un folio con viñetas de su célebre personaje Paco el parao, como si estuvieran recién dibujadas. Las estanterías que la rodea están llenas de libros y, en una de ellas, hay en torno a 60 carpetas con sus viñetas ordenadas por meses. Unas 300 por trimestre. Un cálculo rápido dan como resultado unos 18.000 dibujos, a los que hay que sumar los que aun quedan por catalogar, que están guardados en un armario situado en una esquina de la estancia. Unos 30.000 en total, según sus allegados. Y es que la carrera del humorista gráfico Manuel Rodríguez Romero, Maro (Jerez, 1934-2009), fue muy prolífica. “Estuvo dibujando hasta el día de su muerte”, cuenta su viuda, María del Carmen Ramírez, que abre las puertas de su casa a lavozdelsur.es.

“Lo estoy organizando todo, para eso soy muy especial, muy jartible”, comenta María del Carmen, Mami para su círculo más íntimo, quien cuenta que pretende recopilar su obra y organizar una exposición en el patio de su propia casa, en la plaza Rafael Rivero de Jerez. “Quiero llenarlo todo de obras suyas y abrir la puerta para el que quiera verlo”, sostiene. La última muestra con viñetas de Maro tuvo lugar en 2013 en la Escuela de Arte, cuatro años después de su fallecimiento, poco después de la publicación de un libro con 135 viñetas de Paco el parao publicado por la editorial Tierra de Nadie.

La viuda ejerce de anfitriona durante la visita de lavozdelsur.es a la casa donde Maro dio rienda suelta a su imaginación. Las paredes de las habitaciones de la que fuera su vivienda y lugar de trabajo están impregnadas de su arte. Además de viñetas, también pintaba cuadros, a los que aportaba su toque particular. Una Gioconda envejecida, llena de arrugas y con canas; La familia de Carlos IV (Goya) como si fueran personajes de cómics; La rendición de Breda (Velázquez) con más colorido y caras de guasa; o El nacimiento de Venus de Botticelli, tanto en tinta china como en acuarela; adornan diversas estancias de la casa en la que María del Carmen vive y sigue disfrutando del arte de su marido con solo mirar a su alrededor.

María del Carmen Ramírez, viuda de 'Maro', abriendo un armario donde conserva muchas de sus viñetas. FOTO: MANU GARCÍA

Hasta una viñeta de Mingote hay enmarcada en el despacho de Maro. Antonio Mingote ejerció de padrino del humorista gráfico jerezano —al que llegó a entregar un premio de 10.000 pesetas tras ganar un concurso de Radio Madrid—, que también fue discípulo de José Escobar, el creador del TBO y Zipi y Zape, ya que estudió en su escuela humorística. Maro estaba “obsesionado” con dibujar. Lo hacía a todas horas y en cualquier lugar. Lo normal es que sus viñetas nacieran en su despacho, donde pasaba la mayor parte del día, pero también sentado en una terraza, en la playa o estando de viaje. “A todos lados se llevaba los bártulos y si se le ocurría algo me decía que me diera una vuelta para ver si en un rato lo tenía terminado. Era obsesivo”, recuerda María del Carmen, quien dice muy segura que “si viviera seguiría dibujando”. Ahora tendría 85 años.

"Era una cosa innata en él, se sentaba y empezabas a ver dibujos. Y ya seleccionaba para qué periódico era cada uno. No le costaba trabajo”, dice Ramírez, quien lo acompañó durante 50 años de su vida. Ella lo recuerda enfrascado en sus viñetas, dándole vueltas una y otra vez a los chistes, hasta que los sacaba. “¿Molesto?”, preguntaba María del Carmen al entrar en su despacho. “Ya me ha salido el chiste”, decía él casi al instante. Solo salía de su casa para verse con unos pocos amigos, con los que se reunía en una bodeguita cercana a la calle Bizcocheros. “Lo pasaban bomba, pero él nunca bebía”, cuenta su viuda. “Estaba toda la tarde pero se venía pronto para hacer los chistes que tenía que mandar al periódico”, añade.

Las paredes de su antiguo despacho están llenas de premios y reconocimientos que fue acumulando durante su extensa trayectoria, otorgados por periodistas andaluces, por los militares de la base aérea de La Parra —a los que dedicó un buen número de viñetas— o conseguido en un certamen internacional de humoristas gráficos celebrado en Corea del Sur. Hay de todo. “Pero él no le daba importancia a los premios”, cuenta Mami, “era tímido, solo quería trabajar”. Como lo define ella, “era corto de genio”.

María del Carmen Ramírez, 'Mami', en el despacho de 'Maro'. FOTO: MANU GARCÍA

De pequeño dibujaba "hasta las tantas"

Sus primeras viñetas, siendo adolescente, las publicó en la revista del colegio El Eco de la Salle y, poco más tarde, en la revista Vida y luz de las Escuelas de La Salle, cuando se hacía llamar Maroro. Pero dibujaba desde que tenía uso de razón. "Su tía, que fue quien lo crió, siempre contaba que llegaba del colegio y creías que estaba haciendo los deberes, pero se ponía a dibujar hasta las tantas”, rememora su viuda, que señala que era “buen estudiante” y “muy inteligente”. Dos de sus nietos, un chico y una chica, han heredado las dotes para el dibujo de su abuelo. “Dibujan de escándalo”, define Ramírez, pero está por ver que hereden también su profesión.

Maro ha sido el portavoz y el termómetro de la insatisfacción ciudadana. Sus tiras, hechas sin imposiciones o consignas, han alcanzado el respaldo mayoritario por su dibujo sencillo y su lenguaje popular que las hacen asequibles a todos; La tira de Maro ha sido uno de los mayores éxitos de la última etapa de La Voz del Sur —periódico del Movimiento—. Solo me falta esperar que tras el cierre del periodico, Maro pueda seguir deleitando a todos desde otro medio de comunicación escrito de Jerez”, escribía Benigno Cid Harguindey, director de la publicación, en su último número, editado en 1984. Ese fue el final de su segunda etapa en el periódico. La primera la terminó Maro cansado de la censura que sufría, pero diez años después le levantó el castigo y volvió a publicar en sus páginas.

En sus últimos años de vida lo hizo en periódicos del grupo Publicaciones del Sur, donde publicaba viñetas diariamente en las cabeceras de Jerez, Cádiz, El Puerto, San Fernando y Algeciras. Antes lo hizo en el periódico Diario Ayer de Jerez, La Voz del Sur —en dos etapas— y El Periódico del Guadalete, a nivel local; pero también en la revista Mauritania y el Diario España, de Marruecos; El embotellador de Nueva York, la Agencia Kopan o en cabeceras como La Codorniz, Hermano Lobo, Dígame, Siete fechas o Interviú; y en periódicos como Pueblo o El Correo de Andalucía.

Pacheco, su ‘víctima’ favorita

El humorista gráfico jerezano publicó varios libros durante su trayectoria. Uno de enseñanza, titulado Sea usted caricaturista, y otros dos de humor, El jerez en el humor y Jerez visto por Maro, en los que caricaturizaba como nadie los problemas cotidianos de los ciudadanos de Jerez, desde las multas por aparcar en zona azul, el aumento del desempleo, los atascos o las deficientes infraestructuras —“Despasito despasito no se notan los bachesitos; es un consejo del Ayuntamiento”, reza en una de sus tiras—.

El exalcalde Pedro Pacheco era una de sus víctimas favoritas. “Tío, más disimulo con los nombramientos a deos, ¡que se notan!”, se lee en una de sus tiras, en la que se ve a un supuesto trabajador del departamento de “contratación de personá” del Ayuntamiento metiendo el dedo en el ojo a un hombre. “Esto no se hase, esto no se dise, ea, yo me marcho del Ayuntamiento”, dice un caricaturizado Pacheco mientras lee La Voz del Sur.

Viñetas de 'Maro' en La Voz del Sur, publicadas en 1984.

Sus numerosas críticas, incluso, le costaron a Maro la expropiación forzosa de una casa de su propiedad colindante a la que habitaba. “A Pacheco lo ponía a parir y nos quitaron esa casa por la cara”, cuenta su viuda, quien señala que tenía pensado destinarla a acoger a personas que vivían solas, costeando ella su mantenimiento, “pero cuando vieron que era nuestra no nos dieron los permisos y nos la expropiaron”. Una supuesta represalia tomada por sus mordaces críticas al Ayuntamiento, que entendió que estaba abandonada y debía ser expropiada.

En otra ocasión, Maro hasta estuvo a punto de pisar la cárcel tras caricaturizar a Álvaro Domecq, alcalde de Jerez en época franquista, al que criticó por la cantidad que se pedía a familias con pocos recursos para adjudicarles viviendas en la barriada de La Constancia. Siempre fue un fiel defensor de la libertad de expresión, y por ese motivo dejó La Voz del Sur, ya que no publicaban sus viñetas o eran modificados sus textos.

Maro, maestro del humor de origen jerezano e incansable viñetista, falleció a los 74 años con un lápiz en la mano. Hasta el último día estuvo enviando sus tiras cómicas a distintos periódicos del grupo Publicaciones del Sur, donde finalizó su trayectoria tras más de 50 años caricaturizando y contando desde su particular visión los entresijos de la actualidad local, pero también nacional, gracias a sus múltiples colaboraciones con periódicos y revistas de todo el país y del extranjero. “A él le gustaba llevar a Jerez a todos lados, promocionaba mucho la ciudad”, cuenta María del Carmen Ramírez. ¿Se le ha reconocido esa labor? “No, pero él disfrutaba”, contesta su viuda.

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