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Carlos Iglesias, actor y director, inaugura el curso lectivo de la Escuela de Cine de Puerto Real el próximo 25 de enero.

Es un ídolo de la infancia para la generación de los 90. El personaje de Benito Lopera Perrote en la serie Manos a la Obra cautivó a millones de espectadores en aquellas noches de Antena 3 Televisión en la que las andanzas junto a Manolo hacían reír a carcajadas a todo el país. “La coplilla que cantaba Benito surgió sin obligación ninguna, cuando estás haciendo un papel te surgen muchas ideas, si se piensa firmemente en algo no surge, es mejor que emerja de manera inesperada”.

Su infancia estuvo marcada por la inmigración de sus padres a Suiza, una familia que por aquella época como muchos españoles tuvieron que partir a otro lugar para salir hacia delante. De aquella vivencia surgió Un franco,14 pesetas, su primera película que le otorgó numerosos premios y satisfacciones además de su secuela, Dos francos, 40 pesetas.

Carlos Iglesias (Madrid, 1955) es un tipo sencillo. Una persona que cuando descuelga el teléfono denota la simpatía que le caracteriza con un simple saludo y se despide con el famoso lalilolalolelo de Benito. Cuando era tan solo un crío, emocionó a una tía suya relacionada con el cine italiano al verle jugando a indios y vaqueros mientras se metía en la piel de todos los personajes. “Ella les comentó a mis padres que le gustaba la idea de meterme en una escuela de actores en Italia. Aquello se quedó allí pero cuando crecí me atreví a dar el paso de meterme en la Escuela de Arte Dramático de Madrid donde me metí de lleno en esta profesión”, asegura Iglesias.

Su primera aparición sobre un escenario tuvo lugar al sustituir a un compañero enfermo durante la representación de una obra de un grupo de teatro independiente. Pepelu, personaje entrañable en el programa Esta noche Cruzamos el Mississippi de Pepe Navarro ya dio muestras de su vis cómica, una faceta que le ha dado grandes satisfacciones.

El próximo 25 de enero, el actor y director visita Puerto Real con motivo del taller que se imparte en la Escuela de Cine de Puerto Real. El director frente al trabajo del actor es el módulo que impartirá Carlos Iglesias, un proyecto dirigido a las personas que sientan interés en profundizar en los conocimientos del mundo cinematográfico, además de a todo tipo de profesionales del sector que quieran incorporar a su formación conocimientos prácticos sobre el mundo de la dirección o la interpretación del guión. “A los asistentes les podré transmitir mi propia experiencia de dirigir a actores. Como actor y director estoy más predispuesto para que la dirección sea un trabajo serio y responsable”.

¿Impone la idea de dar un curso de esta índole?

He podido impartir varias veces cursos para actores. Este caso es especial porque los chavales que asisten van a ser directores de cine. Le propuse a Bruto Pomeroy que les puedo transmitir a los asistentes mi experiencia de cara a la dirección de actores. Creo que al ser yo mismo actor siempre uno está más predispuesto que la dirección de actores sea responsable y seria. Me he encontrado con directores que no dirigían a actores porque no sabían o no les apetecía. Quiero transmitir la dificultad que tiene el actor a la hora de trabajar en la nada, únicamente con las ideas que le transmite el director. Es importante que los chavales entiendan esa dificultad que tienen para luego poder comunicársela al compañero con el que trabajen.

¿Es complicado dirigir?

En mi caso, de las tres veces que he dirigido yo era uno de los actores de la película. Siempre es más complicado hacer dos trabajos que uno solo. La gran ventaja es que te entiendes muy bien contigo mismo. Con mis películas teníamos todos los integrantes las mismas ideas y eso no ocurre cuando el director o el actor son distintos.

¿Qué ocurre cuando eso no sucede?

El responsable para llegar al contacto es el director. Esta figura se tiene que buscar las formas para explicar al actor lo que quiere de él dentro de sus posibilidades. Hay un gran abanico de ellas y se tiene que esforzar en transmitir una idea o pensamiento. Yo siempre digo que un guión es como la huella de un crimen. A veces, hay que montar todo lo ocurrido en la cabeza y eso siempre es más complejo. Se tiene que leer entre líneas, el alma del creador es siempre el responsable de la película.

¿Qué les pide a sus actores cuando hace una película?

Ante todo, que sean generosos a la hora de mostrarme sus ideas. El director es el responsable del cien por cien de la película. Tiene mucho más trabajo que hacer, por lo tanto, un actor generoso al cabo de un tiempo debe traer propuestas personales. Eso sería lo lógico, porque de esa manera se puede mejorar lo que está escrito o lo que piensa el director.

¿Tenía pensado dedicarse a la dirección?

No me lo había planteado nunca, pero con Un franco, 14 pesetas, después de mover el proyecto, el productor me dijo que solo le interesaba si yo era el director porque de lo contrario iba a ser la mosca cojonera de otro director que él escogiera. Me pidió que lo pensara y al final llegué a la conclusión de salir de aquel bache en el que estaba con el proyecto y dirigí el filme. A partir de ahí ves el trabajo del director desde otra perspectiva, además de que también siendo guionista observas que es la obra soñada. Cuando eres actor solo trabajas para la ensoñación de otro, pero cuando eres director o guionista curras para las ideas que quieres contar.

¿Por qué decidió dedicarse a la interpretación?

Al parecer, cuando era pequeño, mucha gente se daba cuenta de que podría ser actor. Hablo de una edad de nueve o diez años en la que vivía en Suiza. Mi tía tenía relación con el cine italiano y en uno de esos viajes me pilló jugando a indios y vaqueros mientras hacía todos los papeles a la vez. Le comentó a mi padre que cuando tuviera más edad me quería llevar a una escuela de actores. Aquello se quedó en una idea, pero cuando tuve más edad me atreví a dar el paso a meterme en la Escuela de Arte Dramático de Madrid y acabé metido de lleno en esto. Esta profesión me ha conquistado porque son muchos años y afortunadamente las cosas se han dado bien porque he podido sacar hacia delante a una familia, en una profesión en la que más del 80% de profesionales está en paro.

Es de risa lo de este país.

Culturalmente hablando es más de risa que en otras facetas.

¿Cómo surge la idea de 'Un franco, 14 pesetas'?

Esas películas estaba obligado a contarla. Cuando este país empezó a acoger inmigrantes, cuando nos iba tan bien y nos creíamos el ombligo del mundo, observaba el trato que nosotros, que habíamos sido emigrantes, dábamos a los nuevos inmigrantes. Me parecía muy injusto, porque siempre he pensado que tendríamos una visión más noble, entre comillas, que los países del norte que siempre han sido países ricos, que nunca han tenido que emigrar o lo hicieron en épocas anteriores. Me di cuenta que no solo éramos iguales, sino que posiblemente éramos peores. Me pareció que era muy higiénico para una generación que en absoluto lo recordaba y creía que habíamos sido nuevos ricos toda la vida. Habla de la inmigración de mis padres en Suiza, entonces empecé a recopilar historias de personas que habían vivido lo mismo que mis padres. Cada verano me iba a Suiza y con su memoria está hecha esa película. La secuela tiene mucha más aportación mía porque tenía más conciencia que cuando era niño.

'Un franco, 14 pesetas': "Empecé a recopilar historias de personas que habían vivido lo mismo que mis padres. Cada verano me iba a Suiza y con su memoria está hecha esa película"

Benito Lopera Perrote, un personaje que cautivó a millones de espectadores.

Lo de Benito viene también de Suiza. Mi padre era electricista y le ayudaba en sus labores. Al ser hijo único me llevaba a las pequeñas chapuzas, yo conocí infinidad de otros oficios. En aquella época había muchos Benitos, y en la mentalidad de aquel chaval se quedó grabado que gente que no tenían ni oficio ni beneficio hacían cualquier cosa para salir hacia delante. Esa idea llevada a la exageración es el resultado de Benito.

¿No tiene miedo de que Hacienda le reclame los derechos de autor del gotelé?

(Risas) Benito fue el introductor del gotelé en este país. Eso, fíjate, nació en una improvisación durante un capítulo al iniciarse la serie. Hubo un pique con el personaje de Manolo, tenía que improvisar y no se me ocurrió otra cosa que soltar aquello. Todo el equipo se descojonó de risa y al ver el resultado pues cuajó la idea. Lo mismo pasó con la historia del padre de Benito que murió en aquella plaza de toros de Zaragoza en la que trabajaba de acomodador y el cabrón del toro saltó.

¿Le sigue doliendo lo suyo a Carlos Iglesias?

(Risas) Estoy bastante mejor de lo mío, la verdad. Eso vino por mi padre. Siempre estaba obsesionado con que tenía una enfermedad muy grave. Siempre que se dice que tenemos algo grave es cáncer. Mi padre se ponía muy pesado y por miedo a decir que tenía aquello siempre decía que estaba de lo suyo. Nunca tuvo cáncer ni nada malo por más pruebas que le hacíamos. Era en la zona del estómago y para que viera lo absurdo que era la situación quise ver si se veía reflejado en la caricatura del personaje.

¿Qué proyectos tiene para el futuro Carlos Iglesias?

Pues me gusta apoyar ideas o iniciativas de este tipo donde la gente quiere aportar cosas. No me dedico a la docencia en absoluto, pero me gustan estas ideas. Sigo haciendo teatro, he escrito mi primera obra teatral llamada La Suite Nupcial, que la estamos representando en el NH Collection Eurobulding de Madrid. En aquella habitación de 3.000 metros ocurren cosas muy divertidas. Aparte de eso, estoy intentando sacar un próximo proyecto cinematográfico, pero tengo que tener paciencia porque como está la cosa…

¿Tan mal está el panorama?

El cine está muy mal a no ser que la productora sea Antena 3 o Telecinco. Estas dos cadenas tienen una gran facultad de poder publicitario para sus proyectos. Eso es algo que le falta al cine español, ellos lo tienen infinitamente más fácil y a no ser que no les tengas como aliados, levantar un proyecto en este país es muy difícil. Francia dedica a su cine a través de su Ministerio de Cultura, 657 millones de euros, España 36 millones el año pasado. Te das cuenta que echarle un pulso al resto de Europa es un esfuerzo sobrehumano.

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