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Estos dos barrios jerezanos han mantenido entre sus gitanerías y en el ámbito flamenco una rivalidad inexplicable a lo largo del tiempo. Con sus peculiaridades históricas, son cuna de muchos de los artistas más distinguidos del arte flamenco.

Compara el profesor y flamencólogo francés Pierre Lefranc la creación de los arrabales de San Miguel y de Santiago en Jerez con los de Triana en Sevilla y de Santa María en Cádiz. Surgidos todos ellos -asegura el autor- en un momento próximo al fin de la Conquista de Granada, son estos mismos barrios varios siglos más tarde los lugares donde se concentran los centros más importantes de cultura y población gitana de Andalucía.

Pero el singular caso que reseñamos en Crónicas con Solera es el de la rivalidad existente entre las gitanerías de Santiago y de San Miguel, conocida popularmente como La Plazuela. Estos arrabales –luego parroquias- jerezanos, no sólo llegaron a albergar algunos de los nombres más reconocidos del arte flamenco sino que presentan un carácter y una singularidad propias, así como una curiosa rivalidad entre ellos.

Las dos gitanerías más populosas de Jerez presentan, por ejemplo, diferencias en torno a los tipos y formas de cante. Para Lefranc, en Santiago “la pena profunda es simultáneamente expresada y controlada, y la disciplina sustituye la exacerbación”, mientras que en San Miguel se es “más apasionado” y también “individualista”, en contraposición al carácter “familiar y colectivista” que se marca en Santiago. De esta forma el autor francés habla de dinastías colectivas en Santiago, representadas por figuras clásicas como Antonio Frijones, Juanichi el Manijero, El Gloria, Borrico, Terremoto, Sernita o Los Pableras y los Sorderas que se suman al legado dejado por  grandes como Paco la Luz y José de Paula. En San Miguel, señala Lefranc, el gran logro “se inclina hacia la expresión poderosa de la pena más profunda y desnuda con toques frecuentes de rebeldía u ocasionales de altivez; el cante como una invitación a la exacerbación”.

Entre ellos destacan las históricas figuras de Loco Mateo, de Merced de la Serneta, de Agujetas, de Antonio Chacón, de Manuel Molina, de Marruro, de Manuel Torre, de Rubichi o de el Tío Juane. De las diferencias entre todos ellos, Lefranc es claro y remarca la individualidad y creación propia de los artistas de La Plazuela frente al clasicismo y el sentimiento “más controlado” de los de Santiago.

Juan de la Plata señala, por su parte, en la obra Los gitanos de Jerez que los gitanos de Santiago tienen fama de ser fiesteros y “más elegantes y trabajadores” que los de San Miguel, que en contraposición “presumen de ser más puros y más flamencos que los otros”. Este punto es para Lefranc esencial: en Santiago reina la bulería más festiva, el jaleo propiamente dicho, en contraposición a la preferencia de la bulería por soleá, algo más austera, en San Miguel.

De lo que no cabe ninguna duda es que los oficios son una parte fundamental de las características de las gitanerías de cada barrio. De esta forma, en Santiago predominaron las tareas agrícolas y en San Miguel los trabajos de fragua y de venta ambulante. A este respecto, el flamencólogo jerezano recalca la compenetración de los gitanos de Santiago con los no gitanos o gachés, que es más antigua y más evidente, señala, que la de los de San Miguel.

Pero, ¿qué hay de realidad y de mito en torno a la rivalidad entre los barrios y gitanerías de San Miguel y Santiago? Juan de la Plata expone varias vivencias personales con amigos y conocidos de uno y de otro barrio a causa de la celebración de bautizos y de bodas. En estas fiestas asegura que era frecuente que los gitanos de La Plazuela no acudieran pese a ser familia o invitados a la celebración de Santiago, y viceversa. Algo que permanece en el imaginario colectivo,  siendo muy frecuente a lo largo de la historia y que para De La Plata “existe aunque no haya motivo alguno que lo justifique”. Si bien en la actualidad, debido a los tiempos que corren y al notable cambio urbanístico y social de Jerez, esta rivalidad no es visible, “los que conocen bien el mundo gitano de Jerez saben que dicha realidad aunque soterrada existe”. Para el flamencólogo, la rivalidad llega a su punto crítico en el plano artístico, siendo habitual que los gitanos de un barrio tampoco aparecieran en las actuaciones de los del otro, y viceversa.

Sobre las causas de este fenómeno parece que nadie ha encontrado una explicación clara pero se cree que las características de cada barrio, su forma de cante, los oficios y su vinculación con el resto de la ciudad fueron recurrentes en este proceso. Aún así Juan de la Plata sostiene que “es un antagonismo inexplicable del que nadie ha sabido nunca darnos razón”. En ‘Las polaridades del Jerez gitano: Santiago y San Miguel’, Pierre Lefranc parece estar de acuerdo con él. Santiago y San Miguel han mantenido una pugna histórica como centros gitanos y flamencos.

Bibliografía

De la Plata, Juan. (2001). Los gitanos de Jerez. Jerez: Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces.

Lefranc, Pierre. (2004). Las polaridades del Jerez gitano: Santiago y San Miguel. Consultado en https://www.deflamenco.com/revista/mas-flamenco/las-polaridades-del-jerez-gitano-santiago-y-san-miguel-1.html [26/03/2017].

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